domingo, septiembre 23, 2018

Carta de Dominguito

Una de las últimas cartas de Domingo Fidel Sarmiento a su madre.

Avanzada de Curuzú, setiembre 20 de 1866

Querida vieja:

Recibí hoy, con mucho gusto, tu carta del 16, y siento que la distancia, más que todo, les esté haciendo pasar horas de mortales angustias, por peligros que nos anticipan. No tengas locos temores, que me asustan sobremanera. Tengo en la conciencia que no me sucederá nada, como hasta ahora no me ha sucedido. Pronto tendremos un ataque a Curupayty, en que nos toca un papel glorioso. El peligro es igual, lo mismo a una vara de los cañones que a diez cuadras, lo mismo adelante que atrás. ¿Debo renunciar a ilustrar mi nombre y hacerme digno de ti, por necios temores? No. Dios ha puesto sobre cada hombre el sello de su destino. No sucumbiré en la guerra, no lo temas. El peligro, ¿qué es? ¿Cuándo no lo hay? Si no fuera por lo que tú sufres y por mi profesión, y por mi camino, yo sería soldado, pero soldado por el combate; por la emoción, por la muerte que destila. ¡Es una gran sensación! Es un placer tremendo; como tal, sus dosis mayores, matan.

Mi batallón será el primero que escale la trinchera. El 17, que íbamos a tomarla, llegamos a dos cuadras, en medio de una serie de tiros que nos hacían y entre las granadas que reventaban en medio de nosotros; sin embargo, no perdimos un solo hombre. Es que tenemos buena estrella. Suerte. El 24, a nosotros se nos vinieron encima cerca de 200. ¿Y qué sucedió? ¡Que los matamos como se matan las hormigas, con el pie! El 12 de línea está adelante, pero no le sucederá lo que al San Juan y al Córdoba.

Ten fe en mí y no te anticipes a nada. Pero tú eres incorregible desde que llegué a la Concordia; en año y medio, no haces más que llorarme; tengo la convicción de que hemos de pasar muy buenos días juntos, y nos hemos de reír de todas estas miserias de la vida.

Desde el 13 hemos pasado unas hambrunas jefes. Espero con ansia la encomienda del jamón y la del quepí. Que vengan la ropa y el calzado, sobre todo.

Esta carta te la escribo trepado a un enorme árbol, mirando hacia el enemigo, que tiene sus reales tras unas líneas de monte, no muy lejano. Deseo los combates, los asaltos, que solo después de ellos me tendrán a tu lado. Mil cariños a todos. Tuyo.

Dominguito

Copiado de La increíble historia del otro Fidel Castro, hijo de Domingo Faustino Sarmiento.

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