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domingo, septiembre 23, 2018

Curupaytí, 22 de septiembre de 1866

Se cumple un nuevo aniversario de la Batalla de Curupaytí, 22 de Septiembre de 1866, Guerra del Paraguay. Allí cayó el bravo Capitán Domingo Fidel Sarmiento, el mismo día en que escribiera a su madre una carta en la que decía que morir por la Patria es vivir por siempre.

Te invito a pasar hoy por el cementerio de la Recoleta y dejar dos flores, una en la tumba del Capitán Sarmiento y la otra en el Panteón de los Guerreros del Paraguay. Lo que te propongo no es un homenaje público, un acto, discursos. Nada de eso.

Los hombres de la generación del 80 fueron los jóvenes que combatieron en la Guerra del Paraguay, soldados profesionales como Julio Argentino Roca y soldados voluntarios como Leandro Alem, unidos por la misma convicción patriótica.

Un alma sintetizada por el bravo Martín Viñales que, tras ser herido en Curupaytí, dijo al saber que le amputarían un brazo: “Poca cosa, la Patria merece más”. Hicieron un gran país; y las odiosas comparaciones me ahorran largos párrafos.

De Ariel Corbat
@plumaderecha

Carta de Dominguito

Una de las últimas cartas de Domingo Fidel Sarmiento a su madre.

Avanzada de Curuzú, setiembre 20 de 1866

Querida vieja:

Recibí hoy, con mucho gusto, tu carta del 16, y siento que la distancia, más que todo, les esté haciendo pasar horas de mortales angustias, por peligros que nos anticipan. No tengas locos temores, que me asustan sobremanera. Tengo en la conciencia que no me sucederá nada, como hasta ahora no me ha sucedido. Pronto tendremos un ataque a Curupayty, en que nos toca un papel glorioso. El peligro es igual, lo mismo a una vara de los cañones que a diez cuadras, lo mismo adelante que atrás. ¿Debo renunciar a ilustrar mi nombre y hacerme digno de ti, por necios temores? No. Dios ha puesto sobre cada hombre el sello de su destino. No sucumbiré en la guerra, no lo temas. El peligro, ¿qué es? ¿Cuándo no lo hay? Si no fuera por lo que tú sufres y por mi profesión, y por mi camino, yo sería soldado, pero soldado por el combate; por la emoción, por la muerte que destila. ¡Es una gran sensación! Es un placer tremendo; como tal, sus dosis mayores, matan.

Mi batallón será el primero que escale la trinchera. El 17, que íbamos a tomarla, llegamos a dos cuadras, en medio de una serie de tiros que nos hacían y entre las granadas que reventaban en medio de nosotros; sin embargo, no perdimos un solo hombre. Es que tenemos buena estrella. Suerte. El 24, a nosotros se nos vinieron encima cerca de 200. ¿Y qué sucedió? ¡Que los matamos como se matan las hormigas, con el pie! El 12 de línea está adelante, pero no le sucederá lo que al San Juan y al Córdoba.

Ten fe en mí y no te anticipes a nada. Pero tú eres incorregible desde que llegué a la Concordia; en año y medio, no haces más que llorarme; tengo la convicción de que hemos de pasar muy buenos días juntos, y nos hemos de reír de todas estas miserias de la vida.

Desde el 13 hemos pasado unas hambrunas jefes. Espero con ansia la encomienda del jamón y la del quepí. Que vengan la ropa y el calzado, sobre todo.

Esta carta te la escribo trepado a un enorme árbol, mirando hacia el enemigo, que tiene sus reales tras unas líneas de monte, no muy lejano. Deseo los combates, los asaltos, que solo después de ellos me tendrán a tu lado. Mil cariños a todos. Tuyo.

Dominguito

Copiado de La increíble historia del otro Fidel Castro, hijo de Domingo Faustino Sarmiento.

sábado, enero 13, 2018

El mariscal sanguinario

El 13 de abril de 1865 Paraguay inició la guerra contra nuestro país. Al grito de "¡Viva López! ¡Mueran los porteños!" asesinaron a casi toda la tripulación de dos barcos argentinos en Corrientes.

Posteriormente ocuparon la zona y Mitre comunicó al país la declaración de guerra de Francisco Solano López, presidente del vecino país (en la imagen). Nuestro primer mandatario estaba al tanto de la misma con antelación, pero aparentemente lo ocultó buscando indignar a los argentinos ante una agresión inesperada y recibir así apoyo interno.

Las pérdidas que este enfrentamiento ocasionó al país guaraní fueron atroces y esperables: López se lanzó a la guerra sin preparación ni recursos o armamentos suficientes.

Basta decir que del grado de sargento para abajo todos estaban descalzos. Numerosos relatos contemporáneos dejaron bosquejos de su presumible demencia. Fue un dictador cruel, cuyos deseos se respetaban a riesgo de muerte.

Obligó al Congreso a nombrarlo presidente, a aumentar su sueldo al triple y a aprobar las declaraciones de guerra. Los paraguayos debían festejar las victorias y las derrotas, asistiendo a bailes populares, incluso quienes habían perdido a algún familiar.

Las madres paraguayas no podían manifestar su angustia, lo tenían prohibido: "En diferentes ocasiones asistí al embarque de tropas, al igual que el Presidente -escribe el cónsul francés en Paraguay a su canciller-, y allí pude ver despedidas emocionantes; pero siempre estaba presente el mismo sentimiento de opresión, y las mujeres escondían el rostro con sus mantos para que los numerosos espías que estaban esparcidos entre la multitud no las viesen manifestar un sentimiento que era reprobado por el Gobierno ¡cuyo órgano oficial de prensa comparaba a las mujeres paraguayas con las espartanas, las cuales entregaban sus hijos para la defensa de la Patria sin derramar lágrimas! Además de prohibirse las manifestaciones de dolor, se ordenó alegrarse…"

Si bien las condiciones para todos eran paupérrimas, las tropas paraguayas la pasaban peor que el resto. Carecían incluso de alimentos. Pero López vivía con total tranquilidad, lejos del frente, cumpliendo una rutina diaria que incluía levantarse a las once de la mañana y dar algún paseo a caballo junto a madame Elisa Lynch, su esposa.

Durante la última etapa del enfrentamiento, la violencia del mariscal alcanzó niveles monstruosos. Cualquiera que estuviera bajo sospecha era pasado por armas. Para este tipo de acciones montó una estructura judicial particular, llamada popularmente "tribunales de sangre".

Ante el avance aliado, López escapó. Llevó consigo a miles, aun contrariando voluntades. Lejos de ser la heroica epopeya que describen los autores revisionistas, constituyó un éxodo deletéreo y macabro. En el trayecto sus hermanas sufrieron agresiones, hizo lancear a muchas mujeres de sociedad, entre ellas a un antiguo amor no correspondido, mientras otros morían de hambre. Su hermano mayor fue fusilado por la espalda, e incluso, sintiéndose traicionado por su madre, mandó azotar a la anciana. Aquellos que le aconsejaron no hacerlo recibieron todo tipo de insultos.

En este contexto, algunos oficiales paraguayos escapaban y se sumaban a las tropas aliadas para darle caza al tirano.

López terminó acorralado en Cerro Corá. Escapó del campamento mientras los aliados llevaban a cabo una masacre espantosa, donde perdió la vida su hijo adolescente (Panchito) y el anciano vicepresidente Domingo Sánchez. Su final distó mucho de ser épico. Silvestre Aveiro -quien lo acompañaba- cuenta que a poco de salir del cuartel general se cruzaron con la madre y las hermanas del mariscal, "diciendo la primera: '¡Socorro, Pancho!'. A la que éste contestó lacónicamente: 'Fíese, señora, de su sexo', y pasamos". Poco después resbaló y quedó sumergido en un arroyo, allí recibió un tiro por la espalda que le dio muerte inmediata. Como afirma Isidoro Ruiz Moreno -miembro de la Academia Nacional de la Historia-, el fin heroico del presidente que lo muestra luchando espada en mano y anunciando que "moría con su Patria", no figura en ningún registro inmediato al hecho.

Durante las últimas horas observamos que para algunos habitantes del Paraguay aún no cierra esta herida; quizás comenzar a ver su pasado en función de la realidad, ayude mucho.

El mariscal sanguinario, por Luciana Sabina.

lunes, enero 08, 2018

El mito del genocidio paraguayo

Epidemias de viruela y sarampión, entre otros males, diezmaron al ejército guaraní.

Las causas de la Guerra de la Triple Alianza fueron complejas y conjugan intereses encontrados de Paraguay y Brasil primordialmente. Los guaraníes buscaban detener la hegemonía expansionista brasileña. Desde 1855 el Imperio los presionaba exigiendo acuerdos de navegación y límites.

Nuevos conflictos internos de Uruguay dieron una gran excusa a Francisco Solano López -presidente de Paraguay- para iniciar acciones bélicas, declarando la guerra a Brasil en noviembre de 1864.

Inmediatamente invadió el Mato Grosso, una zona disputada por ambas naciones. El mariscal presidente López solicitó a nuestro país, aún al margen, ingresar por Corrientes con sus ejércitos para poder acceder a territorio uruguayo a principios de 1865.

Nuestro presidente era por entonces Bartolomé Mitre, quien tenía compromisos con Brasil y su respuesta fue negativa. En respuesta, Paraguay declaró la guerra también a la Argentina y en abril sus tropas invadieron el territorio correntino. Para enfrentarlo se conformó la Triple Alianza, el 1 de mayo de aquel año.

Hasta ese momento la neutralidad de Mitre fue bastante extraña: mientras negaba el paso a los paraguayos permitía el uso de los ríos argentinos a Brasil y les dio la isla Martín García para que utilizaran como base.

Pero también hay que decir que casi simultáneamente el presidente argentino permitió a los paraguayos recibir -durante meses- armamentos provenientes de Europa prestándoles el puerto de Buenos Aires.

Si la guerra hubiera sido fruto de presiones inglesas para destruir la independencia económica paraguaya -como vociferan ciertos historiadores de fama- Mitre no hubiera permitido a Paraguay equiparse bélicamente.

Otra falacia que cae a pedazos, tan sólo observando documentación de la época, es que diezmamos al pueblo paraguayo. Si bien éste fue arrasado no fue obra de los aliados sino, principalmente, de enfermedades.

Asegurar lo contrario es manipular tendenciosamente la verdad. Muchos testimonios originados en el mismo Paraguay lo convalidan. Como los del ingeniero principal del ejército de López, el inglés George Thompson, el también británico George Masterman o el coronel Juan Centurión.

"En Paraguay -escribió Thompson- habían muerto desde el principio del reclutamiento unos 30.000 hombres, haciendo un total de 40.000 hombres muertos y 10.000 rendidos cuando la guerra recién empezaba. Los que morían eran generalmente los reclutas, pues los veteranos resistían mejor. Desde el principio del reclutamiento la diarrea y la disentería no habían cesado de hacer grandes estragos. Estas enfermedades eran causadas principalmente por el cambio total de alimentos, y reinaron durante toda la contienda con mayor o menor intensidad. Hubo también epidemias de viruela y sarampión, tanto en Paraguay como en Corrientes, que arrebataron millares de hombres, dejando a otros tantos en estado completo de extenuación".

Mientras que el cirujano del ejército paraguayo -George Masterman- especificó: "Los enfermos eran mandados a Cerro León, donde morían casi todos (...) Hice presente esto a López, pero me contestó sardónicamente: 'Si como médico no puede ofrecerme otra idea que ésta, no venga a verme más'. Había también terribles epidemias de sarampión, neumonías, viruelas y cólera asiática. La lista de mortalidad espantaba; antes que hubiera tenido lugar ninguna batalla seria en tierra, ¡los paraguayos habían perdido 50.000 hombres en los hospitales!".

Como vemos, cientos de manipulaciones se entretejen para dar forma ficticia a lo que fuimos. Descubrirlas es empezar a ver nuestro pasado sin la ceguera de ideologías vetustas.

El mito del genocidio paraguayo, de Luciana Sabina.

viernes, marzo 07, 2014

La Madama Lynch 2

París, 1855. En un baile de las Tullerías, el joven general paraguayo Francisco Solano López, hijo del dictador Carlos Alberto López y futuro presidente de su país, conoce a una joven irlandesa de sorprendente belleza llamada Eliza Alice Lynch, se enamora de ella y se la lleva a Asunción.
(...)
Pero su destino se tuerce cuando, a la muerte de su padre, médico, Eliza se ve obligada a aceptar la propuesta matrimonial del médico militar francés Xavier de Quatrefages. Ella tiene quince años y él, cuarenta. Se casan en Inglaterra, pero el marido nunca declara la unión ante las autoridades militares francesas. Esa trampa legal la convierte en una mujer ni casada ni soltera. Tras unos años en Argel, la pareja se disuelve y una Eliza apenas salida de la adolescencia se ve obligada a vivir, en la París del Segundo Imperio, la existencia de una cortesana de lujo.
Para las damas paraguayas, la llegada de esta pelirroja llamativa, vestida a la última moda parisiense, suena como el peor de los insultos. Despreciada por "prostituta" y envidiada por elegante, Eliza reacciona ganándose el cariño de las "peinetas de oro", mujeres del pueblo que se permiten dar muestras de una gran libertad, y exhibiendo como un desafío su cultura, su dominio de varios idiomas, su intuición política.
(...)
Al promediar los cuatro años de guerra pelean por su patria los ancianos, los niños y las mujeres, estas últimas al mando de Eliza Lynch, a la que el Mariscal López le ha otorgado el grado de Mariscala, tan a dedo como su propio padre le otorgó el de coronel cuando él sólo tenía quince años.
Éste es para Eliza el punto de inflexión. La joven cortesana que ha sido, la acaparadora de bienes y poder que sigue siendo se convierte en guerrera. Habría podido huir a Europa con sus hijos, tal como el propio Francisco se lo propone. Su decisión de quedarse para compartir hasta sus últimas consecuencias el destino de los paraguayos da la medida de su verdadera personalidad, o al menos de una de ellas, y de su relación con un hombre que ya no le sirve, pero al que ella resuelve permanecer fiel.
Al final de la historia, una caravana de esqueletos se arrastra hacia el Chaco. Comen polvo de huesos mezclado con jugo de naranjas amargas. Francisco ha enloquecido, desconfía de todos, salvo de Eliza, ha mandado a torturar a su madre y sus hermanas y asesinar a sus hermanos, porque los sospecha, o los sabe, traidores. Pero el pueblo, o lo que de él subsiste, no lo abandona. Los paraguayos que aún pueden hacerlo, excepto los de las clases altas que anhelan destituirlo, lo siguen a través de la selva. Los brasileños alcanzan a los fugitivos en un lugar desolado llamado Cerro Corá. Francisco y el hijo mayor, Panchito, caen muertos, Eliza se pone un arrugado vestido de baile que ha encontrado en un cofre para enterrarlos con sus manos arañando la tierra.

La Madama Lynch

En el artículo sobre Eliza Lynch aparecido en adn del viernes pasado, Alicia Dujovne Ortiz expone la tesis sobre la guerra del Paraguay de los defensores de López, según la cual la Argentina, Brasil y Uruguay habrían sido manipulados por Inglaterra. En el caso de la Argentina, que se había declarado neutral, su participación se debió a que fue invadida por Paraguay; varias damas correntinas fueron llevadas de rehenes y muy pocas volvieron después de la guerra, pues muchas murieron debido a las penurias sufridas. En la República Oriental gobernaban los blancos. Después de una revolución colorada, que fracasó, un alto funcionario, Brito del Pino, fue a Asunción e hizo una alianza con López. El Partido Colorado, sostenido por Brasil, emprendió otra revolución y fue auxiliado por este país. López cumplió con el pacto y declaró la guerra a Brasil.
En cuanto a los bancos ingleses, no podían ejercer mucha influencia sobre Brasil, pues el principal cliente de éste era Estados Unidos y no Inglaterra. La destrucción de Paraguay se debió a la contumacia para no reconocer la derrota. Los traidores eran aquellos que querían la rendición y así, López, mandó fusilar a su hermano, al obispo de asunción y al general Robles, héroe de la guerra.
Finalmente, cuando la Madama Lynch llegó a Buenos Aires para embarcarse rumbo a Europa, la esperaba en el puerto una multitud hostil. Entonces Mitre subió al barco en que había venido, bajó con ella del brazo y evitó que sufriera algún ataque.
Juan Carlos Bruzzi Costas en Carta de Lectores de La Nación.

domingo, junio 09, 2013

Whigham y nuestra Guerra de Secesión

Acaba de publicarse el tercer y último tomo de La guerra de la Triple Alianza, del citado Thomas Whigham (Ed. Taurus, Asunción, 2012) y éste constituye, a nuestro juicio, un aporte fundamental para el verdadero conocimiento histórico, que no puede reducir a esquemas simples una realidad tan compleja como era la de nuestra región en aquellos años.
(...)
Whigham considera que la guerra de Paraguay fue a la América del Sur lo que la Guerra de Secesión a los Estados Unidos, o sea, un conflicto que envolvió a todos los actores regionales y terminó de consolidar estructuras políticas nacionales hasta entonces tambaleantes.
(...)
Whigham -al igual que Francisco Doriatoto en su Maldita Guerra (Companhia das Letras, San Pablo, 2002)- encuentra elementos probatorios de que la influencia británica no está presente en el origen del conflicto, considerando que su "mejor explicación descansa en el pequeño ámbito de las ambiciones políticas y cómo esas ambiciones se expresaron en la construcción de nuevas naciones". Los ingleses, imperio comercial por excelencia, querían paz y navegación libre, no pueblos empobrecidos sin capacidad de consumo. El abandono del mariscal López de la prudente política de sus antecesores y su deseo de jugar un rol en los equilibrios del Plata lo llevaron a concebir un plan que inicialmente no parecía descabellado, pero que se transformó luego en una orgía de sangre, que él llevó hasta el delirio cuando se negó a reconocer su derrota. Así sacrificó a un pueblo que le siguió hasta el trágico final.
Nuestra guerra de secesión, por Julio María Sanguinetti.

lunes, enero 07, 2013

Cándido y el otro López


Interesante artículo sobre la guerra sin fin... En The Economist se sugiere que la Guerra de la Triple Alianza parece extenderse a nuestros días, y que se entromete en la política de los 4 países involucrados en aquella devastadora guerra para el Paraguay.

Sin embargo, lo que más me interesó es la aclaración del autor ante los reiterados comentarios que recibió su artículo referidos a que el mismo no menciona que Inglaterra promovió la guerra que y se estaba interesada en frenar la industrialización del Paraguay. El autor dice que no menciona eso en su artículo, simplemente por que no existe evidencia para afirmar tal cosa. Al contrario, existe evidencia para negar dicha idea.
I neglected to mention this argument not because I hadn’t come across it, or because I was writing for a British publication eager to obscure the country’s rapacious imperialist past. Instead, I omitted it because unlike so many criticisms of the old colonial empires, this one happens to be completely ahistorical. During my reporting in the field and conversations with numerous leading academic experts on the war, I did not come across a shred of evidence that the British government or British businesses intervened in any way, at any point, to encourage or prolong the fighting.

To be sure, the Brazilian government borrowed some money from British banks and bought some British guns (among other sources) in the late 1860s. However, countless other countries that had nothing do with the war did so as well, in far greater quantities. The Argentine military effort was largely financed domestically. Similarly, although Paraguay certainly maintained protectionist-mercantilist economic policies before the war, Mr Galeano’s assertion that those restrictions kept out British traders is fiction: British merchants were extremely active in prewar Paraguay, and one of their biggest clients was the government of Carlos Antonio and Francisco Solano López itself. In fact, Paraguay would probably have been vanquished far sooner than it was were it not for the yeoman work of George Thompson, a British engineer who enlisted in its army and organised the construction of its trenches and fortifications. Those structures were essential in the country’s ability to hold out for years despite inferior troops and equipment. Thompson later wrote a book about his experience that has become one of the leading primary sources about the conflict.
Y finaliza con elegancia, diciendo que lo mejor es dejar la Historia a los historiadores y no a delirantes de la izquierda que escriben sobre fantásticas teorías de la dependencia, por ejemplo Galeano o Pómer.
It is, of course, entirely possible that contemporary researchers have overlooked something. If any of the commenters who allege that the British government or British companies somehow fomented the war can point me to any original documents from the time to support this thesis, I will be more than happy to revise my position. Barring that, however, I think it’s best if we leave history to the historians, not the dependency theorists.
Para leer más sobre las ficciones de la teoría de la dependencia, vean esta entrada donde Terragno lista algunos mitos que Francisco Doratioto derriba en su libro Maldita Guerra.

Es de remarcar el excelente resumen que contiene el video que está en el primer artículo. Allí se habla en 2 palabras de la Guerra, pero en especial se menciona el trabajo de Cándido López, un soldado argentino que dibujo la guerra y es la única información gráfica que existe de la Guerra de la Triple Alianza. Cándido López perdió su mano derecha y fue enviado a Buenos Aires, donde aprendió a pintar con su mano izquierda, gracias a lo cual pudo pintar los cuadros que se pueden ver en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Fuentes:
The never-ending war En este artículo está el video.
Britain and Paraguay: Puppeteers or bystanders? Aclaración del autor sobre la fantasía animada de la teoría de la dependencia.

sábado, diciembre 08, 2012

Desde el campo de batalla

"1866 (10 Oct) FL from a military camp to Buenos Aires, with oval "Sin Campo" handstamp, contents mention "Los Paraguayaos" and other military references, fine. The War of the Triple Alliance was a military conflict in South America fought from 1864 to 1870 between Paraguay and the Triple Alliance of Argentina, Brazil, and Uruguay. It caused more deaths proportionally than any other war in modern history, and particularly devastated Paraguay, killing most of its male population"
Lindo sobre, ¿no? Sale a la venta a u$s 1800 de base. En la descripción creo que hay un error. Debería decir "Sin Cargo" en lugar de "Sin Campo" ¿?

jueves, agosto 16, 2012

Roca en la guerra del Paraguay

El general Julio Argentino Roca (1843-1914) luchó heroicamente, en su juventud, en la guerra del Paraguay. Diez años más tarde, en 1875, el tucumano se refirió a esa contienda, en carta a Domingo Faustino Sarmiento.

"Cuando he leído la batalla de Sedán, el golpe de gracia dado al ejército francés, con los planos a la vista, he creído asistir a ella", decía. "¡Qué diferencia con nosotros! ¡En qué apuros no se verá el que quiera escribir la historia de la guerra del Paraguay! ¡Cuánto trabajo le costará dar con la organización del ejército argentino y describir las batallas y los campamentos, de los cuales no tengo noticias de que se haya levantado un solo croquis!".

Esa guerra, "que pudo ser una buena escuela para nuestros oficiales por sus proporciones y por el tiempo que duró, se hizo como todas nuestras cosas, a la ventura, dejando al acaso lo que debió ser el resultado de la previsión y del cálculo, a semejanza de aquel pintor que pintaba 'lo que saliere'. El general Chenaut, que había servido a las órdenes de Paz, decía con mucha gracia y verdad que el ejército argentino era 'una montonera con música'".

Agregaba que, leyendo la historia de grandes guerras modernas, como la franco prusiana y la de secesión en Estados Unidos, "fatalmente va mi recuerdo a la del Paraguay y se confirma más mi opinión de que esta duró tanto, porque ni en nuestros generales, ni en los brasileños, ni el campo paraguayo, hubo la chispa militar necesaria. De una y otra parte, la estrategia ha consistido en amontonar gente: el primero a quien se le agotaba tenía que sucumbir. Así fue. Los paraguayos se agotaron primero. Nosotros triunfamos".
Copiado de La Gaceta

miércoles, noviembre 30, 2011

Sarmiento recordado en Los 7 locos


En el Programa de la TV pública se emitió un programa en memoria de Domingo Faustino Sarmiento. Los invitados fueron cuatro escritores e historiadores quienes contaron anécdotas y reflexiones sobre el sanjuanino. Algunas las transcribo, no de forma literal y sólo ordenadas por quien cuenta la anécdota.

Noé Jitrik (Escritor):
Sarmiento nos perturba. El Facundo es un libro que nos conmueve. A mi no me dejó dormir.
La Argentina como es sale de la cabeza de él.
Durante la guerra del Paraguay pronunció una de esas frases condenatorias: "El mejor paraguayo es el paraguayo muerto", pero después de su Presidencia y demás está enfermo y no puede respirar, no está bien decide ir a Asunción. Los paraguayos lo reciben así (extiende la mano con la palma hacia arriba, simulando una bandeja), olvidan esa frase y lo reciben así. Y en los meses de vida que le quedan, planta árboles, hace cosas...
La idea de la educación que el tenía era integral. No sólo sobre la currícula.
Me parece políticamente absurdo que se piense en seguir denigrando a Sarmiento y excluyéndolo del santoral. En la Casa de Gobierno hay retratos de latinoamericanos ilustres, no hay de Sarmiento.

Javier Trímboli (Historiador):
Sarmiento es una contradicción.
Alberdi en una carta a Sarmiento le dice: "Yo no vendo entusiasmo. Ud vende entusiasmo".
Lo problemático de Sarmiento es que en el está todo.
Hasta el acepta que era loco. Para ligar con el poder hay que tener locura. Sin un grado importante de locura es imposible gobernar un país como este. Y a la hora de gobernar, gobernó muy bien.
Cuando llega Sarmiento a la Presidencia en 1868 apenas hay 30.000 niños estudiando en la escuela primaria y cuando termina su mandato son 100.000 niños estudiantes.

Federico Jeanmaire (Escritor):
Sarmiento era civilización y barbarie. Y era loco.
Cuando conoce a la sesentona Mariquita, tiene una erección y la quiere violar. Mariquita era el ícono de la clase alta porteña, que es lo que el quería violar.
Cuando él está yendo a morir en Asunción el Vapor para en San Pedro. Se entera que hay una colonia de suizos y entonces quiere conocerla. Cuando llega ve una escuela preciosa con todos los elementos y bien pintada, entonces pregunta ¿cómo es esto? Entonces le muestran que todo alrededor de la escuela tienen sembrado papas, y que con eso mantienen la escuela. Sarmiento no se queda ahí. Manda cartas a todo el mundo diciendo "en todas las escuelas hay que sembrar papas". Eso es Sarmiento.


Aracelli Bellota (Historiadora) :
Sarmiento podía contradecir sus propias ideas. Cuando se va a construir la ciudad de La Plata despotrica, ninguna ciudad tiene razón de ser, etc. Cuando a los 2 años se inaugura La Plata, y la va a ver y no puede creer lo que ve. Entonces escribe un artículo recordando sus críticas, pero también dice que cree que quiere morir en La Plata.
En Argirópolis, libro de 1851, cuando aún no había País el sugiere que Chile, Paraguay, Uruguay y Argentina se deberían unir por que si no Brasil los iba a tragar. Y antes de su muerte, pide que su féretro sea envuelto con las banderas de Chile, Paraguay, Uruguay, y La Argentina. y así fue.
La idea de Democracia que tenía Sarmiento era que todos estudiaran lo mismo para que todos tuvieran las mismas oportunidades.

sábado, noviembre 12, 2011

Agravio al Ejército Argentino


 Isidoro J. Ruiz Moreno, Historiador y Abogado, califica de "agravio" al Ejército Argentino el haber impuesto el nombre del dictador paraguayo Solano López a un Regimiento del Ejército Argentino.

En su libro Campañas militares argentinas: la política y la guerra (tomo 4), Ruiz Moreno escribe en una nota al pie en la página 345, lo siguiente:
El 14 de setiembre de 2007, por resolución del Jefe de Estado Mayor General del Ejército, teniente general Roberto Bendini, se impuso el nombre de "Mariscal Francisco Solano López" al Grupo de Artillería Blindado 2 con asiento en Rosario del Tala (Entre Ríos), "como justo homenaje a una de las grandes figuras sudamericanas". Dicha disposición indicó "que es política del ejercito argentino honrar a los héroes máximos de los países hermanos", y luego de mencionar la trayectoria pública de López, se fundamentó en los siguientes considerandos:
"Que sostuvo con firmeza y coraje la defensa de la soberanía de su Patria hasta sus últimas consecuencias. Que siendo hombre de armas dejó un legado de honor a su ejército, combatiendo al frente de su pueblo, renunciando a su propia vida antes que aceptar la rendición. Que el Mariscal López representa las más altas cualidades del soldado paraguayo y constituye una de las personalidades más preclaras de la estirpe militar sudamericana."
Según consta en el encabezamiento de la resolución, esta medida fue propuesta por el Secretario General del Ejército y el Subjefe Mayor del Ejército, con el asesoramiento de Asuntos Históricos del Ejército, contando con la opinión del Presidente del Consejo Superior del Arma de Artillería.
Es de esperar que se modifique el nombre de aquella unidad, basado en falsedades históricas, que resultan un agravio para el grave desempeño del Ejercito Argentino que combatió a ese Tirano, en una Guerra donde López sometió a sus integrantes que cayeron prisioneros, a tortura y ejecuciones arbitrarias.
En el libro de Ruiz Moreno hay varios testimonios de los propios actores paraguayos sobre la tiranía de Solano López. En el comienzo mismo del libro, y refiriéndose a la reunión del Congreso Extraordinario llamado por Solano López el 5 de marzo de 1865 (en el cuál declara la guerra a Brasil y Argentina), Ruiz Moreno cita a algunos participantes de ese Congreso Extraordinario y que años después demostraron su pensamiento real en aquellos días. Uno es José Falcón que en 1875, 5 años luego de terminada la Guerra y de la muerte de Solano López, dijo:
"Se le aprobó (en el Congreso Extraordinario de marzo de 1865), como era natural, porque los Congreso en que figura y dirige un tirano ne es más que como como un conjunto de máquinas aglomeradas en un arsenal, que con la dirección del ingeniero ponen en movimiento las máquinas arregladas a las instrucciones que reciben; de suerte que en este Congreso se le autorizó para todo cuanto pedía; por la sencilla razón de que el que hablase en contras, ni tendría apoyo ni escaparía de ser víctima, pues la tiranía estaba entronizada. Así es que los Diputados discurrían qué ofertas hacerle a López para captarse su voluntad."
En ese congreso además de declarar la guerra, también se aprobó lo siguiente: permitir la toma de créditos en Europa, emitir papel moneda y conceder grados militares en el Ejército, promover a Solano López a Mariscal y aumentar su sueldo de $12.000 a $16.000 anuales. Además se le indicó no exponer su vida en batalla y se le dió la potestad de hacer la paz "cuando lo juzgue necesario."

Otro de los Diputados fue Isidro Ayala que declaró en 1868, según cuenta Ruiz Moreno que:
"aparentemente y por temor servía bien a la causa de López, más su conciencia repelía por sus crueldades"; y que si bien en 1865 había adhesión en algunos, otros "no tenían coraje para declarar su opinión contra López, porque hasta en el Congreso no se podía hablar contra él sin peligro de muerte".
En el libro de Ruiz Moreno hay varios testimonios sobre las torturas tanto a militares como civiles argentinos.

Es una pena que Ruiz Moreno no indique la fuente de cada cita, aunque al final de cada capítulo si  lista la bibliografía.

Fuentes:  
Campañas militares argentinas: la política y la guerra (tomo 4) de Isidoro Ruiz Moreno. 
Sobre el nombre del Regimiento Rosario del Tala (sitio Ministerio de Defensa, ver último párrafo).
Bautizan unidad militar argentina en honor al prócer paraguayo Mariscal Francisco Solano López en la Revista Soldados.

sábado, enero 01, 2011

Solano López "huye hacia adelante"

Click para agrandar
Francisco Solano López, quien había sucedido a su padre, Carlos Antonio, en la presidencia del Paraguay, asumió una actitud agresiva como forma de superar la asfixia provocada por sus inmensos vecinos, Brasil y Argentina. Por ejemplo, erigiendo la fortaleza de Humaitá, que amenazaba con controlar la libre navegación del Paraná. En diciembre de 1864 y enero de 1865, tropas paraguayas tomaron posesión de varias fortalezas y poblaciones del Mato Grosso brasileño y, en abril de 1865, ocuparon la ciudad de Corrientes. Las acciones bélicas fueron iniciadas por López. Tanto fue así, que el secreto Tratado de la Triple Alianza se firmó recién el 1º de mayo de 1865.

La situación política interior de Paraguay fue, y eso no aparece justamente valorado en los principales estudios sobre el conflicto, una de las principales causas de la guerra, pues López intentó, al mejor estilo de toda dictadura, una "huida hacia adelante" cuando se sintió presionado por una creciente opinión pública que reclamaba una organización constitucional, lo que hubiera significado renunciar a porciones importantes de su poder omnímodo.
Artículo de Pacho O´Donnell en La Nación
La guerra del Paraguay: precisar la historia
La ilustración es de aquí.

viernes, marzo 27, 2009

Revisionismo impermeable


El historiador Tulio Halperín Donghi presentó así el libro Maldita Guerra, Nueva historia de la Guerra del Paraguay de Francisco Doratioto en la Feria del Libro:
El revisionismo es impermeable a estos aportes. Si el autor hubiera intentado escribirlo aquí, este libro lo hubiera llevado a la locura. En Brasil este libro lleva la sexta edición: acá no se va a leer. Porque es serio.
Fuentes:
La Guerra del Paraguay sigue sangrando en Buenos Aires, Clarín.

jueves, marzo 26, 2009

Triple Alianza: volteando mitos

A Terragno también le gustó el libro Maldita Guerra, Nueva historia de la Guerra del Paraguay. Y enumeró lo que el historiador Francisco Doratioto desmitifica en su libro.
Mito N° 1 “Solano López quería saciar su sed de riquezas y de sangre”.

Solano López fue ambicioso y feroz; pero no sólo eso. Con su país aprisionado entre dos gigantes, procuraba un “espacio vital” (Mato Grosso, Misiones, el Gran Chaco) y un puerto marítimo (Montevideo). Cuando invadió el Mato Grosso y Corrientes, hizo dos apuestas: 1) Conflictos internos e intereses nacionales contrapuestos impedirían la alianza brasileño-argentina, facilitando así la expansión paraguaya. 2) Caudillos argentinos, resentidos con Buenos Aires y Río, ayudarían al ejército paraguayo a tomar Uruguay, ocupado entonces por Brasil. Solano López repondría entonces a los blancos en el poder, y lograría acceso permanente al puerto montevideano.
Mito N° 2. “Paraguay fue el agredido”.

Solano López comenzó a preparar una fuerza ofensiva cuando era Ministro de Guerra de su padre, Carlos Antonio López. Hacia 1860, Paraguay tenían 77.000 efectivos militares, contra 18.000 de Brasil, 6.000 de la Argentina y 3.000 de Uruguay.
Mito N° 3. “La Triple Alianza fue un mero instrumento de Inglaterra”.

La Corona y los comerciantes británicos apoyaban todo cuanto favoreciera sus intereses. Sin embargo, algunas alegaciones revisionistas carecen de fundamento:

* “Inglaterra quería el algodón del Chaco porque la Guerra de Secesión norteamericana había dejado a su industria textil sin materia prima”. Cuando se formó la Triple Alianza, la Guerra de Secesión ya había terminado. Además, los molinos ingleses ya habían sustituido el algodón norteamericano por el egipcio.
* “Inglatera necesitaba el mercado paraguayo para colocar manufacturas”. Solano López cerró, en vida de su padre, un duradero trato con la Blyth & Co. de Londres, que proveyó armas, entrenó a jóvenes paraguayos y mandó 250 técnicos a Asunción; entre ellos, William K. Whytehead, ingeniero jefe del país; y Thompson, ingeniero jefe del ejército. Las obras públicas las hacían los ingleses, convertidos, a la vez, en grandes proveedores: antes de la Guerra, 65% de las importaciones paraguayas eran manufacturas británicas.
* “Los aliados eran títeres de los ingleses”. Brasil había roto, en 1863, relaciones con el Reino Unido. Fue a raíz del bloqueo británico de la bahía de Guanabara y la captura de cinco naves brasileñas.
* “Inglaterra impulsó la guerra”. Los británicos querían evitar la guerra, perjudicial para el comercio. En 1867, el Secretario de la embajada en Buenos Aires, G.F. Gould, llegó a un acuerdo con Solano López: se sellaría la paz y las disputas (Mato Grosso, Misiones, Chaco) se someterían a arbitraje. Los aliados dijeron “no”.
* “Solano López luchó solo, contra la Triple Alianza y las grandes potencias mundiales”. Estados Unidos simpatizaba con Solano López. En 1866, el Departamento de Estado propuso a los aliados, sin éxito, un armisticio o el arbitraje del Presidente Andrew Johnson. El embajador estadounidense M.M. MacMahon trabó amistad con Solano López y lo acompañó en parte de la guerra. Cuando el paraguayo murió, MacMahon alabó en el New York Times a aquél “verdadero caballero”, “académico” y “valiente”.
Mito N° 4. “El gobierno argentino fue el más belicoso e intransigente”.

Pedro II sospechaba del Presidente Bartolomé Mitre, a quien juzgaba demasiado conciliador.
Durante la guerra, Mitre mantuvo, en Yataytí-Corá, una conferencia de cinco horas con Solano López. Quedó —según confió a su vicepresidente— “bien impresionado” por aquél hombre, que defendía sus posiciones en forma “digna y conveniente”. Tras el encuentro, Pedro II dijo: “Tengo mucho miedo a la diplomacia de Mitre”.
Mito N° 5. “La Guerra del Paraguay fue una aventura unitaria, resistida por los federales”.

Juan Manuel de Rosas nunca reconoció al Paraguay (independiente desde 1842), e hizo falta el advenimiento de Justo José de Urquiza para que se firmara el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación: un acuerdo que dejó en suspenso, por seis años, las disputas limítrofes.
Es cierto que algunos federales —partidarios de la fragmentación del país—procuraban el cobijo de Solano López. Éste, sin embargo, tenía más claridad que algunos caudillos: “La integridad territorial de la Argentina es una condición para el equilibrio regional; sin ella, Brasil se tornaría hegemónico”.
En cuanto al unitario Sarmiento, fue crítico implacable de la Triple Alianza, y aguardaba la intervención de los Estados Unidos, con la esperanza de que —al llegar la paz— Brasil no se quedara “con todo”.
Fuentes:
Maldita Guerra en el sitio de Terragno.

Maldita Guerra

En noviembre de 2007, la Presidente de la República Argentina se refirió a la Guerra de la Triple Alianza como triple traición.
recién lo escuchaba atentamente a Nicanor, yo le comentaba, cuando pasaba entre los lanceros, que no sabía eran los lanceros del mariscal Francisco Solano López, ese gran patriota latinoamericano, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres.
Francisco Doratioto es brasileño, historiador y experto en la Guerra de la Triple Alianza. Es autor del Libro Maldita Guerra, nueva Historia de la Guerra del Paraguay, editado en 2002 en portugués y publicado en español en el 2004. El libro dice exactamente lo contrario a lo expresado por la Presidente.

Doratioto fue entrevistado por medios argentinos. A continuación, algunos párrafos de dichas entrevistas. Algunos se refieren a los dichos de la Presidente, otros no.
"Es una declaración espantosa. Habría que definir qué es patriota, pero cualquier historiador que haya investigado sobre Paraguay -y en la Argentina hay varios- o sobre la supuesta influencia británica en la Guerra del Paraguay, incluso cualquier estudiante de historia sabe que no hubo ninguna triple traición. Es una interpretación muy equivocada. En un principio fue equivocada pero honesta. Hace 30 o 40 años tenían documentación parcial. Hoy el que sostiene estas cosas o está muy mal informado o tiene segundas intenciones, que no es lo que pretende el conocimiento histórico".
No fuimos víctimas del imperialismo internacional.
En Brasil la historia es historia, no como en la cuenca del Plata donde todavía se utiliza la historia para el combate político presente.
Nunca existió esa edad de oro del Paraguay. Los historiadores argentinos ya lo estudiaron y hay varios libros publicados. En los medios especializados y el mundo académico ya no se insiste con esto, en todo caso lo dicen periodistas que no están bien informados y algún que otro político.
En próximas entradas agregaré cosas sobre este libro.

Fuentes:
Entrevista en La Nación.
Discurso de la Presidente del 27 de noviembre de 2007.

El mapa que ilustra esta entrada es un croquis de la Batalla de Tuyutí