lunes, septiembre 01, 2014

Delicias de la democracia

¿Qué cuestiones de la actualidad lo hacen ser optimista?
Las delicias de la democracia, que aquí se manifiestan mostrando precios en dólares de los activos reales (campos, departamentos, casas, Bolsa) bastante sostenidos, y aun los bonos han caído menos de lo esperado. Ello ocurre por la certeza de que la política y la política económica cambiarán para bien a partir de diciembre de 2015 y que todos los presidenciables tienen pensamientos mucho más sensatos y racionales que el Gobierno de hoy. Llevar las buenas ideas a la práctica no será nada fácil y requerirá acuerdos. Pero a la Argentina se le presentará una nueva chance.
Entrevista a Juan José Llach, sobre su libro 
El país de las desmesuras en coautoría con Martín Lagos.

El País de las desmesuras

Es increíble que incurra en conductas defaulteadoras un país cuya deuda con acreedores privados es el 15% del PBI, la de jurisdicción extranjera es bastante menos del 10% y la acreencia holdout (incluida en aquel 15%) es apenas del 3% del PBI. No se trata de un asesinato, sino de un suicidio.
Entrevista a Juan José Llach, sobre su libro 
El país de las desmesuras en coautoría con Martín Lagos.

domingo, agosto 31, 2014

¿Sr Wayne? ¿Sr Wayne?


Cultura del trabajo

No hay una solución mágica: si mañana un nuevo gobierno lograra que lleguen inversiones gigantescas y gracias a Vaca Muerta nos convirtiéramos en una potencia petrolera, sin tener un mínimo respeto por el complejo proceso de generación de valor –que sólo la educación y el conocimiento pueden dar–, correríamos el riesgo de volver a empobrecernos. Ya mostramos que podemos “fumarnos” en una década lo cobrado por la privatización de nuestras principales empresas públicas, o en otra década el boom de la soja. Mañana podría ser el shale gas, o lo que fuera. El poder está en nuestras mentes, lo que simplificadamente se podría llamar: cultura del trabajo.
Copiado de Por qué volvemos a chocar en todas las décadas, Jorge Fontevecchia.

Mientras tanto, en el otro lado del mundo están los noruegos...

Mientras tanto, del otro lado del planeta están los noruegos. Según publicó la BBC, los tipos decidieron hacer una vaquita entre todos, vivir lo más austeramente posible y ahorrar cada año unos manguitos con su excedente de petróleo. Imagínese que con el tornillo que hace en Oslo, mucho petróleo no les debe sobrar. Sin embargo, fueron confiando en sus gobiernos (obviamente porque son confiables) y poniendo corona sobre corona (allá cuando les dicen “el que depositó coronas recibirá coronas” es en serio). Y así, de a poquito, armaron un fondo de inversión y ya juntaron… un millón de millones de dólares!!! Cuarenta veces más que nuestras reservas del Banco Central. Se compraron el 1% de todas las acciones de todas las empresas del planeta!!! Pequeño dato final: Noruega sólo tiene 5.000.000 de habitantes. Mucho frío. Fiordos. Vikingos. Nieve. Meses sin sol. Y una base en la Antártida que, en cualquier momento, la Casa Rosada descubrirá que conspira contra nosotros.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.

Una mirada progresista de la vida

La Presidenta sale por cadena nacional, como hace unos días atrás, arengando a la población al grito de “¡Gasten! ¡Consuman! ¡No compren dólares! ¡No guarden la plata en el colchón!!” ¿Y qué hacen los hijos de puta? Van y compran más dólares! “Che, hoy vale 13. Dame. Che hoy vale 13,50. Dame igual. Che hoy vale 14! Dameeee!!!!!” Acá vale una observación. En todos los cursos acelerados de progresismo lo primero que te enseñan es a cuestionar la sociedad de consumo. Una mirada progresista de la vida dice que, si a usted le sobra un sope a fin de mes, lo ideal es que lo ahorre en lugar de gastarlo en cambiar el celular o comprar una juguera. Lo importante es la capacidad de ahorro puesta en los bancos para que a su vez estos otorguen muchos créditos para que todo el mundo se haga su casita o agrande el boliche, etc, etc. Pero con el 35% de inflación, encima negada por el Gobierno, sólo cabe la juguera. En fin, si es verdad que a la izquierda de esto sólo hay una pared, entonces al arquitecto del kirchnerismo hay que sacarle la matrícula.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.

Un ejemplo simple

A menos que usted sea un barbudo roñoso que anda con el pelo hasta los hombros, se supone que cada tanto va a la peluquería, se acomoda en el sillón y se entrega ciegamente a un tipo que viene con tijeras, navajas, maquinitas y todo lo necesario para degollarlo en un segundo. Sin embargo, con todo el riesgo que esto significa, seguimos yendo al peluquero. Generalmente vamos al mismo porque, habiendo verificado que el tipo es inofensivo, para qué arriesgarse con uno nuevo. Confiás en él. Te sentás, te corta, le garpás, te vas hecho una belleza y de ese modo el tipo labura, mantiene a su familia y cierra el círculo virtuoso de esta convención entre peluquero y cliente. Si la gente no confiara en él, no existirían las peluquerías y seríamos todos una manga de barbudos roñosos con el pelo hasta los hombros. Lo mismo pasa con la economía. Todo se basa en la confianza. Si no, ¿por qué otra razón usted depositaría la guita en un banco, o invertiría en un proyecto o le compraría un bono al Estado Nacional o a YPF, por ejemplo? Sin embargo, de tanto pelear y de tanto perder batallas, el Gobierno ha entrado en una etapa dramática: hagan lo que hagan y digan lo que digan, ya no le cree nadie. Ni siquiera cuando tiene razón. Habernos engrupido durante años sobre tantas cosas, incluidos los datos básicos de inflación y pobreza, no es gratis.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.

En guerra contra todo

¿Qué diferencia hay entre un buitre, un Noruego y un Majul? Ninguna. Para el gobierno son todos enemigos en potencia. La mejor prueba se esconde tras la frase que la Compañera Jefa dijo hace unos días: “a mi izquierda sólo está la pared” . Ahá.
(...) 
Siguiendo el razonamiento, como todo el mundo sabe, la mayoría de los males vienen desde la derecha (aunque a veces también desde la izquierda). Y como al pobre Gobierno le ha quedado todo a su derecha, se ve obligado a estar en guerra contra todo. Es por eso que se ha embarcado en cuanta batalla ande suelta por ahí. Desde el Campo hasta Moyano, desde Binner hasta TN, desde Lanata hasta el Poder Judicial, desde el PJ hasta Techint, desde el Cardenal Bergoglio hasta Uruguay, desde Darín hasta Campagnoli, desde Fibertel hasta las consultoras que miden la inflación, desde Scioli hasta el predio de La Rural… etc, etc. Lo curioso del asunto es que… las perdió todas! ¿Y qué pasa cuando las perdés todas? Bueno, preguntale a Bianchi.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.