domingo, marzo 01, 2015

Los argentinos no queremos libre mercado

Los argentinos despreciamos la única economía que funciona: el libre mercado.

Una encuesta muestra eso: la opinión pública argentina es la más adversa del mundo a la economía de mercado (ver gráfico). Los últimos 80 años demuestran que estamos equivocados... Hace falta una revolución que nos haga ver que abrirse al mundo es lo que realmente funciona. De eso trata el programa "La hora de Maquiavelo" que apunta a los empresarios ya que para ellos "será un enorme desafío cambiar ese estado de opinión, porque nadie lo va a hacer por ellos."


Lo que vendrá...

"Mauricio lo que siempre nos dice es que el tipo de cambio tiene que mantener su competitividad", señala Federico Sturzenegger, uno de los economistas de cabecera de Macri. ¿Un tipo de cambio como el de hoy, más alto, más bajo?, fue la pregunta. "Es difícil saberlo, estamos más preocupados porque la Argentina no repita la experiencias del pasado de que el ingreso de capitales de corto plazo te dicten el tipo de cambio y te hagan perder competitividad". ¿Más cerca del oficial o del blue?, fue la siguiente pregunta. "Nadie lo sabe, pero creemos que el tipo de cambio unificado estará entre el oficial y el blue".

Sólo por defender su inexplicable fortuna

Padecerá necesariamente la soledad de los rupturistas. Fracturó la sociedad, la dividió con trazos de fanatismo y de odio, sólo para defender una fortuna que ella no puede explicar.
Joaquín Morales Solá en Refugio en el golpismo.

sábado, febrero 28, 2015

QEPD Julio Strassera


Ser K


"Ser kirchnerista es creer que las marchas por razones políticas están mal, y los matrimonios por razones políticas están bien". 
 Fernando Iglesias
(sobre el matrimonio fraudulento de Alex Freyre)

Guerra contra la pobreza en EEUU

Ahora sabemos mucho acerca de cómo el comportamiento afecta a la pobreza. De hecho, si usted hace estas cuatro cosas, es casi imposible que permanezca pobre: 
1. Termina la escuela secundaria, 
2. Consigue un trabajo, 
3. Se casa, y 
4. No tiene hijos hasta estar casado. 
(...) 
Así que he aquí un importante interrogante en materia de políticas públicas: Si está bien establecido que la autosuficiencia está estrechamente relacionada con el hecho de trabajar y estar casado ¿por qué estamos “luchando contra la pobreza” haciendo cosas que los científicos sociales han sabido durante décadas que conducen a que se trabaje menos y haya menos matrimonios? Y aquí un interrogante relacionado con el discurso público: ¿por qué están los columnistas del New York Times Paul Krugman y Nicholas Kristof declarando que la Guerra contra la Pobreza es un éxito cuando es tan obviamente un fracaso? Ambos cronistas afirman que si contamos los bienes en especie (cupones de alimentos, vivienda, Medicaid, etc.), la tasa de pobreza real sería inferior en un tercio. Por supuesto, si le damos a la gente suficientes cosas y contamos eso como ingreso, podríamos declarar la victoria y afirmar que no existe más pobreza. 
(...)
El objetivo es que las personas ganen y ahorren lo suficiente como para mantenerse a sí mismos por encima de un nivel de ingresos de pobreza sin ninguna ayuda del gobierno. 
De modo que conforme esta manera de medir, no ha habido ningún progreso en absoluto a pesar del esfuerzo de un gasto de 1 billón de dólares al año.

Globales

La película premiada, "Birdman", refleja claramente de qué se trata la globalización: director mexicano, guionistas argentinos, actores norteamericanos y, seguramente, cientos de personas que trabajaron en el filme provenientes de muchos rincones del planeta. Los dos argentinos que crearon el guión no son extraterrestres o "iluminados", si bien deben ser muy talentosos. Son argentinos de carne y hueso que trabajan para un gran mercado mundial, donde las reglas de juego son mayoritariamente respetuosas de aquellas tres condiciones necesarias para incrementar las probabilidades de éxito: libertad, competencia y derechos de propiedad. Si Bo y Giacobone, los dos guionistas argentinos en cuestión, hubieran aplicado la estrategia de sustitución de importaciones que siguió nuestro país por décadas, hoy estarían trabajando para un "pequeño" mercado de 40 millones de personas y no de casi 8.000 millones, con productos de peor calidad y relativamente costosos. Hoy Bo y Giacobone nos muestran el camino que nuestro país debe seguir para salir del proceso decadente de las últimas ocho décadas.

Eramos otro País

La Argentina de hace 100 años se ubicaba entre los diez primeros países en términos de ingresos per cápita, superada sólo por Bélgica, Suiza, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos. Las exportaciones e importaciones de mercancías argentinas, entre 1865 y 1914, se habían multiplicado por catorce y once, respectivamente. En el mismo lapso la llegada de millones de inmigrantes provocó que la población argentina creciera cuatro veces, de 1,75 a 7,2 millones de habitantes; para 1914 la población extranjera alcanzaba casi la tercera parte del total del país. Las inversiones extranjeras financiaban diversas actividades, como la obra pública, ferrocarriles, viviendas, sector financiero, frigoríficos, puertos, telégrafos, tranvías, teléfonos, red de agua y electricidad y el comercio. Las inversiones extranjeras provenían mayoritariamente de Inglaterra (principal potencia económica del planeta), seguidas de las francesas, alemanas y norteamericanas. Así, el 50% del stock de capital invertido se había logrado gracias a las inversiones del exterior.
(...)
Desde 1930 y hasta la actualidad prácticamente la economía argentina se ha caracterizado (con excepciones parciales y temporales) por una estrategia de sustitución de importaciones. Esto es: cerrar el mercado interno a la competencia del exterior con el objetivo de impulsar la producción local regalándoles a los empresarios autóctonos el mercado interno. El resultado es contundente: el ingreso per cápita argentino se ubica 75º en el mundo, con niveles de pobreza que rondan el 30%, una inflación récord para estándares internacionales que nos hacen merecedores del segundo o tercer lugar a nivel mundial, una economía que sólo participa con menos del 0,3% de las exportaciones e importaciones mundiales (en 1910 eran del 3%), para mencionar algunos números. La estrategia de crecimiento económico de la Argentina de las últimas ocho décadas ha sido un rotundo fracaso nacional.