jueves, mayo 23, 2013

La marcha peronista en Alemán

Por Alfredo Casero.

Casa tomada

Casa tomada 
de Julio Cortázar 

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí. -Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar.

Se puede vivir sin pensar. (Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo. 

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

Hombre feliz

“Feliz es el hombre cuya esposa le dice lo que tiene que hacer, y cuya secretaria se lo hace”. 
Lord Mancroft

200 años. ¡Nunca un momento aburrido!


Un libro más para la lista de lectura. Promete "nunca un momento aburrido".

Esto que sigue lo copie de la librería online Temátika. Supongo que es copiado de la contratapa o de la solapa del libro.
200 AÑOS DE ECONOMIA ARGENTINA: La ocasión de celebrar el Bicentenario permite una valiosa perspectiva para analizar la evolución económica de nuestro país durante el primer par de siglos de su existencia. La mirada aguda, irónica, rigurosa y experimentada de Juan Carlos de Pablo es la mejor opción para desentrañar mitos y misterios al respecto. El 25 de mayo de 2010 se cumplirán 200 años de la Revolución de Mayo. El Virreinato del Río de la Plata era de lo más pobre que había entre los dominios españoles, y ya en 1925 Alejandro Bunge comparaba los indicadores económicos y sociales de la Argentina con respecto a la suma de los de América Latina (y ahora miramos con envidia lo que ocurre en países cuyos habitantes hasta hace pocas décadas nos visitaban en busca de inspiración, debido a nuestros logros materiales y culturales). Ese es nuestro punto de partida y la actual crisis económica el cierre del periplo. "Esta obra, gestada bajo las dramáticas circunstancias políticas y económicas vividas en 2009, aspira a convertirse en un "vademecum" de estos primeros 200 años de economía argentina. El nuestro nunca fue un país tranquilo o previsible, no obstante lo cual no resultó sencillo "levantar la puntería" en medio de la tensión política que rodeó la elección legislativa de medio período, que tuviera lugar el 28 de junio de 2009, así como la recesión económica que se desató a partir del último trimestre de 2008" , expresa el autor. Ningún tema, ningún nombre, ningún episodio nacional quedó fuera de este registro: impacto inmigratorio, PBI, devaluaciones varias, desocupación, inflación, cambios de unidad monetaria, momentos de estabilidad, Banco Central en perspectiva histórica y en la actualidad, ministros de economía, teoría del desarrollo, la Argentina y el mundo, la Argentina y los países de la región, teorías del crecimiento económico, distribución, el período 2003-2010. ¡Nunca un momento aburrido!

domingo, mayo 19, 2013

Curso Sensores Remotos aplicados a exploración minera


Curso de Postgrado
ESPECTROSCOPIA DE REFLECTANCIA APLICADA A LA EXPLORACIÓN MINERA
(Universidad Nacional de Río Cuarto)
Dictado por: Dr. Diego Fernando Ducart (Geólogo Consultor, Mendoza, Argentina)
Profesionales a los que está orientado: Geólogos de universidades, Institutos de investigación, geólogos profesionales y de empresas, alumnos de postgrado.
Fecha: Lunes 27 al jueves 30 de Mayo de 2013
Elementos necesarios por persona: Laptop
Duración: 40 horas presenciales y 10 horas no presenciales.
Por mayor información dirigirse a:   Dr Coniglio Jorge
(jconiglio@exa.unrc.edu.ar); Tel.: 0358-4676198
OBJETIVOS: Proveer el conocimiento de técnicas avanzadas en el estudio de yacimientos minerales y mapeo de asociaciones de minerales de alteración, mediante la espectroscopia de reflectancia en la región espectral del visible (VNIR) e infrarrojo de ondas cortas (SWIR); instruir al geólogo en la aplicación e interpretación de resultados de la espectroscopia de reflectancia, como herramienta de apoyo para actividades de exploración minera.
PROGRAMA:
Día 1:
1. Resumen de la teoría de la espectroscopia de reflectancia
2. Espectros de referencia
2.1. Espectros de reflectancia de minerales puros
2.2. Espectros de reflectancia de mezclas minerales
3. Procedimientos de trabajo: muestreo, preparación de muestras, medición con Terraspec y organización de datos
4. Interpretación de curvas espectrales
Día 2:
5. Alteración hidrotermal y espectros de reflectancia
6. Ejemplos de aplicación de la espectroscopia de reflectancia
7. Práctica de interpretación con SIMIS Feature Search en muestras de sistema epitermal de baja sulfuración
Día 3:
8. Práctica de interpretación con TSG PRO sobre muestras de sistema epitermal de alta sulfuración y pórfiro de Cu.
9. Integración de datos espectrales con datos geológicos y geoquímicos
Día 4:
10. Análisis cuantitativo de datos espectrales
11. Interpretación geológica de secciones con datos espectrales
12. Relación entre la espectroscopía de reflectancia y la teledección remota
13. Presentación de problemas específicos para la evaluación del curso
Recibido por email.

Lawrence Morley 1920-2013

Lawrence Morley 1920-2013
R.I.P.
Morley was a pioneering geophysicist whose 92-year voyage helped put much of what we know about Canada on the map.
Perhaps his greatest professional accomplishment came on the international stage as the result of a snobbish intellectual brush-off.
In 1963, Morley submitted a paper, based on his earlier University of Toronto doctoral thesis, to Nature magazine and later The Journal of Geophysical Research. It postulated that magnetic imprinting of rocks (later called paleomagnetism) could be used to map out changes in the magnetic fields of ocean sea beds and show that the seabed floors are spreading as a result of continental drift.
The concept of continental drift had been rejected since it was first put forward in 1912 by German geophysicist Alfred Wegener. It was still considered quack science when Morley mailed off his paper in early 1963 for publication.
The journal’s rejection of his idea is documented in Bill Bryson’s popular book, A Short History of Nearly Everything:
“In what has become a famous snub, the editor of the Journal of Geophysical Research told (Morley): such speculations make interesting talk at cocktail parties, but it is not the sort of thing that should be published under serious scientific aegis.”
“One geologist later described it as, ‘probably the most significant paper in the earth sciences ever to be denied publication’.”
Eight months later, Nature published the same hypothesis by British geophysicists Fred Vine and Drummond Matthews. What is now known as the Morley-Vine-Drummond hypothesis became the first scientific test of the continental drift theory, which gave birth to the science of plate tectonics.
Texto copiado de Geophysicist made Canada a world leader in remote sensing

La alianza del Pacífico en un continente partido

ON MAY 23rd in the Colombian city of Cali the presidents of four Latin American countries—Chile, Colombia, Mexico and Peru—will sign an agreement removing tariffs on 90% of their merchandise trade. They will also agree on a timetable of no more than seven years for eliminating tariffs on the remaining 10%. They have already removed visa requirements for each other’s citizens and will proclaim their aspiration to move swiftly towards setting up a common market.

The Pacific Alliance, as the group calls itself, is “the most exciting thing going on in Latin America today”, according to Felipe Larraín, Chile’s finance minister. Some outsiders think so, too. Costa Rica and Panama want to join; Canada’s prime minister, Stephen Harper, and his Spanish counterpart, Mariano Rajoy, have said they will attend the Cali meeting as observers.
A continental divide, in The Economist.

Idiomas

En la barra al pie se muestran los idiomas más usados en INTERNET.