domingo, diciembre 10, 2017

Felicidad


Una cita sobre educación


Cuando no te conocía

Otro de Tute...

Investigación mata relato

Investigación mata relato: por qué el fallo de Bonadio prueba el pacto de impunidad entre Irán y Argentina
El juez obtuvo documentación que demuestra que el Memorándum de entendimiento fue elaborado por la república islámica como parte de su plan para salir del aislamiento financiero e internacional y no por interés local de resolver la causa AMIA.
(...) Bonadío demostró que hubo un pacto espurio y que "el objetivo perseguido por la diplomacia de la República Islámica de Irán con la suscripción del memorando de entendimiento no era otro que lograr que la República Argentina deje de responsabilizar internacionalmente a ese país se ambos atentados, tratándolo de estado terrorista o de favorecer organizaciones terroristas".
(...)
El proceso judicial demostrará si la responsabilidad de los detenidos en prisión preventiva domiciliaria o carcelaria, los procesados y los imputados, fue bien evaluada por Bonadio. Difícil es que se objete su investigación, con aportes definitivos para dilucidar un encubrimiento que no debería tener perdón en esta Tierra.

Silvia Mercado en Infobae: Investigación mata relato: por qué el fallo de Bonadio prueba el pacto de impunidad entre Irán y Argentina

Balance de dos años de gestión, por Martín Tetaz

Cristina nos llevaba a Venezuela en el tren bala; Macri a Mar del Plata en el lechero
Hoy se cumplen dos años del nuevo gobierno y desde el punto de vista del conjunto de problemas que enfrentaba al asumir la nueva gestión, 2017 es una analogía de 1959. Ese año le toco a Arturo Frondizi corregir un conjunto de distorsiones similares a las que desafiaron a Mauricio Macri: cepo con atraso cambiario, tarifas parcialmente congeladas, inflación inercial del orden del 25% anual, desabastecimiento energético, déficit fiscal y desinversión en infraestructura pública, con bajo nivel de formación de capital en el sector privado, sobre todo en el sector con capacidad de generar divisas, que había sufrido la regulación de precios que le impuso el IAPI.

La lectura de lo que le pasó a la economía cuando ese gobierno intento desarmar la bomba explica de hecho buena parte de la estrategia del actual equipo que lidera y comanda desde la Jefatura de Gabinete, el tridente Peña, Quintana, Lopetegui.

Las primeras medidas de Cambiemos, en ese contexto, no podrían haber sido más acertadas. La economía se había quedado sin dólares y si no se salía urgente del cepo no había manera de reactivar la producción, ni tampoco se podía frenar las expectativas de inflación que se habían desatado en noviembre de 2015 cuando el mercado trataba de adivinar si el dólar se estacionaría en los $15 que salía el Blue, o en torno a los $20 que pronosticaban algunos colegas.

Al mismo tiempo, como sobraban muchos pesos en la economía, que estaban atrapados en el corralito que implicaba en la practica el cepo, el Banco Central tuvo que inyectar un shock de LEBACS que, aunque salvaron al paciente de una inflación superior al 100%, constituyen hoy uno de los máximos desafíos de la autoridad monetaria.

El otro gran acierto del nuevo equipo fue la rápida resolución de la crisis con los fondos buitres y la vuelta a los mercados de crédito externo. Obviamente esta es al mismo tiempo una de las luces amarillas del modelo actual, porque todo el mundo entiende que la estrategia de financiar déficit con deuda, al igual que la de hacerlo emitiendo, tiene patas cortas. En el mediano plazo no hay salida posible si el déficit no cae de manera sostenida. Todas y cada una de las formas alternativas de financiarlo terminan tarde o temprano en una crisis

Pero lo notable de la eficiente gestión de Prat Gay es que si el Gobierno no hubiera conseguido colocar los 50.000 millones de deuda externa con los que se financió, se habría encontrado entre la espada de la hiperinflación y la pared del ajuste fiscal inexorable. Para muestra, basta recordar como termino el radicalismo en 1989 cuando, en un escenario de similar déficit, se encontró con los mercados externos cerrados y debió financiar el déficit sólo con emisión. Sin la posibilidad de endeudarse afuera, Macri habría sido Alfonsín.

En el lado del haber se cuenta también la recuperación de la obra pública que es record histórico y la vuelta del crédito hipotecario que le está permitiendo a la clase media el acceso a la vivienda.

Desde el 10 de diciembre de 2015 quedó claro que el gobierno, en materia fiscal, había elegido el camino del gradualismo. Primero lo explicó el Presidente, luego el entonces ministro de Economía; no iba a haber un ajuste fiscal ortodoxo. El plan era reducir el déficit sin tocar el gasto. Mantener las erogaciones creciendo al mismo ritmo que la inflación y aprovechar la recuperación de la economía para que el crecimiento licuara el déficit, por la vía del aumento de los recursos tributarios, asociados a un mayor nivel de actividad. El problema de ese camino es la matemática. Hay que cerrar un rojo de 5% del PBI y cada 4% que crece la economía, la recaudación se expande 1%. La regla de tres simple dicta que para alcanzar el equilibrio fiscal primario la economía necesita crecer 20%, algo que al ritmo del 3 o 3,5% anual, llevará seis años, de manera que habrá que tolerar un crecimiento de la deuda externa por lo menos hasta 2022.

En materia económica el gobierno anterior nos llevaba en el tren bala, pero a Venezuela. Este promete llevarnos a Mar del Plata, pero en un lechero que para en todos los pueblos. El rumbo es el correcto, pero el viaje es lento y el tren puede fundirse en el camino.

La raíz del problema es que el Ejecutivo tuvo enormes dificultades, desde el primer día, en transmitir un mensaje simple: cada uno tiene que pagar lo que consume, salvo que no pueda, en cuyo caso habrá una red de contención en la forma de una tarifa social según el grado de necesidad.

El gobierno, aun a pesar de haber pagado el costo político de cuatro tarifazos todavía financia el 40% de la luz y el gas que consumen las clases media y media alta.

Ese gradualismo hace que sea más difícil bajar la inflación y encima fuerza el error del gobierno que ahora busca juntar los fondos para seguir subsidiando a los que pueden pagar, del exiguo bolsillo de las jubilaciones y asignaciones que administra la Anses.

La lentitud en cerrar el déficit condena al país a tener un dólar barato mientras perdure el ingreso de dólares para tapar el agujero fiscal.

Balance de dos años de gestión, por Martín Tetaz. El resaltado en negrita es mío...

viernes, diciembre 08, 2017

¿Hambre?


Un socialista nunca encontraría el arma

Si no deseas que un progre sepa donde está tu arma, ya sabés: Economía básica, una guía de sentido común.

El éxito del fracaso

No hace mucho el mundo se dividía en winners (ganadores) y losers (perdedores). Los que encendían la admiración de todos, claro, eran los privilegiados del primer grupo: los que se quedaban con la chica/el chico más linda/lindo del baile hacían una carrera meteórica o resultaban beneficiados una y otra vez por la rueda de la fortuna.

Pero en este mundo cambiante, ahora se impone el discreto encanto del fracaso. Hace unas cuantas semanas, Astro Teller, director de X, la compañía fundada por Google para atacar los grandes desafíos del presente, sorprendió a un grupo de periodistas llegados de los cuatro puntos del globo afirmando que, en ese ámbito en el que se desarrollan desde autos autónomos hasta un sistema para llevar Internet por globo hasta los rincones más recónditos, lo celebran con fruición: "Queremos personas que no teman equivocarse. Cometiendo errores, progresamos -dijo Teller-. De ese modo, nuestras ideas se fortalecen más rápido o las descartamos y avanzamos hacia otras nuevas".

Lo de Teller ya no es una extravagancia. Hasta la comunidad científica está pidiendo que se publiquen no sólo los resultados positivos de los experimentos, sino también los negativos. El último número de la Smihtsonian Magazine, por ejemplo, comenta una muestra de inventos que fracasaron estrepitosamente. Entre ellos, My Friend Cayla, una muñeca dotada de reconocimiento del lenguaje y software de traducción automática, que puede entablar un diálogo en tiempo real. Fue puesta a la venta en 2015, ganó el premio a la innovación de la British Toy and Hobby Association, pero terminó siendo prohibida en Alemania bajo el cargo de ser un "objeto de espionaje" (por la falta de seguridad de su conexión Bluetooth).

La colección que actualmente se expone en Los Ángeles integra el Museo del Fracaso, iniciativa de un ex investigador de la Universidad de Lundt, Suecia, Samuel West, y reúne creaciones prometedoras que terminaron en el olvido. West justifica su emprendimiento diciendo que "cada fracaso es espectacularmente único, mientras que el éxito es repetitivo hasta la náusea". Entre los objetos que exhibe se encuentran el grabador de video Sony Betamax, la pantalla de mensajes Newton, de Apple (que algunos consideran la tatarabuela del iPhone) y el Google Glass, intento fallido de incluir la Web en un par de anteojos.

En su encantador Historias de fracasos y fracasados que cambiaron el mundo (Paidós, 2017), Demian Sterman recopila varios que asombran. Entre muchos otros, figura el del Parque Güell, el espacio abierto recreativo más importante de Barcelona y que todos los años atrae a decenas de miles de turistas, hoy declarado patrimonio de la humanidad. Pensado para ofrecer un espacio exclusivo a la alta burguesía de su ciudad y proyectado en 1900 sobre 17 hectáreas por el célebre arquitecto catalán Antoni Gaudí, fue el chasco inmobiliario más grande de su época. De las casi 70 mansiones proyectadas sólo llegaron a completarse tres: una sería ocupada por Eusebio Güell; otra, la "casa Trías", comprada por su abogado, y Gaudí se quedaría con la que se había levantado de muestra.

Seguramente el mayor "gurú" de las dimensiones positivas del fracaso debe ser Tomas Alva Edison, el inventor de la lamparita eléctrica, al que Sterman también le dedica un capítulo. A los tres meses de haber ingresado a la escuela, un maestro ya lo había calificado como "alumno improductivo y estéril".

Aunque fue autor de más de mil patentes, cada prueba que fallaba, según su visión, le daba más herramientas para avanzar y le indicaba un nuevo rumbo. Ya son un clásico las más de cien frases que Edison le dedicó a todo lo bueno de fallar. Una de las más inspiradoras y que cada vez suena más actual es: "No fracasé. Encontré diez mil maneras que no funcionan". Finalmente, llegó el éxito del fracaso.

El artículo es Nora Bär de La Nación.