"A la gran mayoría de las personas les cuesta entender que la propiedad privada es la mejor manera que tiene la sociedad y una economía para optimizar el uso de sus riquezas naturales"
— Hernán Büchi.
"A la gran mayoría de las personas les cuesta entender que la propiedad privada es la mejor manera que tiene la sociedad y una economía para optimizar el uso de sus riquezas naturales"
— Hernán Büchi.
“La riqueza de los países no depende de la fertilidad de su suelo, sino de la libertad de sus habitantes”
— Alexis de Tocqueville
“El problema del socialismo es que equivoca por completo los medios, pues es una pésima idea combatir la concentración de poder concentrando poder.
Para un liberal, la solución está en desconcentrar el poder estatal, reduciendo el rol del Estado de limitar la competencia y empujando políticas que eviten que aquellos que tienen llegada obtengan privilegios que los consumidores tienen que pagar de sus bolsillos. Para eso hay que abrir las importaciones, desregular las barreras que reducen la competencia, minimizar la discrecionalidad estatal permitiendo que los recursos se asignen por intercambios libres y no por intercambios digitados desde el poder estatal.
Los liberales exigen que las empresas ganen sus utilidades atrayendo las preferencias de los consumidores, mientras que los “mercas”, con la ayuda de los socialistas, obtienen sus utilidades deambulando por los pasadizos de los ministerios.
Los “mercas” no tienen ideología, pero la ideología socialista riega el terreno económico y lo vuelve fértil para hacer crecer y ampliar la frontera mercantilista.”
“Recordando a Sócrates, si el hombre no está formado como ciudadano, aunque el gobierno sea excelente, no puede funcionar la sociedad.”
— Jorge Luis Borges
“Si se quiere atraer el ahorro, no sólo hay que evitar que aquel que ahorra en Argentina pierda siempre, sino que además es necesario que sea rentable invertir en la economía real e impedir que el Estado intercepte estos ahorros para financiar el déficit fiscal.
Naturalmente, tampoco es bueno destruir la moneda con inflación, si es que se quiere operar con una moneda nacional. Por eso, como norma general, no es bueno tener déficit fiscal y menos aún en argentina donde tantos años de inflación y crisis financiera ha provocado una enorme exportación de ahorro.
Si dicho ahorro se hubiera cuidado e invertido localmente probablemente nuestra economía sería hoy más desarrollada. Pero no hemos sabido cuidar el ahorro de los argentinos y por lo tanto los argentinos hemos decidido ahorrar en otra parte donde el fruto de nuestro trabajo esté más protegido.”
Copiado de ¿Dónde está el ahorro de los argentinos?
“"Si abandonamos la mesa familiar, si comemos solos frente a las pantallas o caminando por las calles, volveremos a una etapa de la historia de los homínidos precivilizatoria: a un sistema de vida parecido al de hace dos o tres millones de años, de homínidos carroñeros que comían desesperadamente, sin pensar en las posibilidades de emplear la mesa para crear sociedad, fomentar afecto, y planear un futuro mejor", afirma el investigador en diálogo con LA NACION.”
Copiado de "Si comemos solos frente a las pantallas volveremos tres millones de años atrás"
Entendiendo que vivimos en un contexto incierto, y que es la incertidumbre lo que paraliza, les propongo en esta nota centrarnos en lo que sí sabemos para la toma de decisiones. Hay veces que no está claro qué hay que hacer, pero sí estamos seguros de lo que no hay que hacer. Para el desarrollo de esta nota me voy a basar en dos conceptos centrales: 1) Si estás sentado en una mesa de negociación y a los diez minutos todavía no te diste cuenta quién se lleva la peor parte, seguramente sos vos. 2) Cuando la decisión es buena, el paso del tiempo te potencia y enriquece a esa decisión. Cuando uno se basa en una mala decisión, el paso del tiempo potencia sus costos y perjuicios.
El futuro ya está aquí. El problema es que está tan mal distribuido que algunos no paran de innovar y otros, como nosotros, todavía están "combatiendo al capital". Piense por un instante que hace diez años no existía WhatsApp. Ni Twitter ni Facebook eran usados como sistemas de comunicación masivos. Instagram ni siquiera había sido pensada, Netflix era una curiosidad y ¿quién hubiese imaginado que una de las empresas de mejor desempeño en 2019 en el mundo iba a ser una cadena de hamburguesas veganas?
El economista catalán Xavier Sala Martin nos enseñó alguna vez a determinar el proceso de generación de valor agregado, detallando cómo se fabrica un celular. Si el dispositivo pesa 135 gramos, Apple o Samsung (o la marca que sea) necesitan: 30 gramos de litio, 27 gramos de plástico, 20 gramos de vidrio, 16 gramos de cobre, 15 de cromo y, en menor cantidad, también aluminio, platino y hasta 2 gramos de oro. La Argentina es proveedora de todo eso, pero se queda con la menor tajada de ese negocio. Si usted analiza el balance de Apple o Samsung, notará que todo el costo de esa materia prima necesaria para su fabricación es de US$3. Surge simplemente de multiplicar cada materia prima por su valor de mercado.
Ahora, si le sumo los salarios para ensamblarlo, publicitarlo, empaquetarlo y distribuirlo, más las correspondientes acciones de marketing y servicio postventa, el costo para la empresa es de US$100 más. Por lo tanto, el costo de fabricación total es de US$103 por celular. El valor promedio de mercado es de unos US$700. ¿Qué representa a los US$597 restantes? Conocimiento, investigación y desarrollo. Su hijo o nieto no es un genio por como maneja el celular o el iPad, el genio es el ingeniero de Apple que logra que sea tan fácil de utilizar para su hijo, nieto o abuelo.
¿Usted todavía cree que la Argentina es un país rico? Piense que solo representamos US$3 en esa escala de valor aportando las materias primas. Los empleados (por lo general del Sudeste Asiático, sin muchas protecciones sociales) otros US$5. Pero los que aportan el conocimiento se reparten los otros US$692. ¿Por qué? Porque si yo junto el litio más el plástico, más el cobre, el vidrio y el oro, no voy a poder mandar un WhatsApp, ni pasar esta nota a un amigo, ni usted podrá compartirla en Twitter o en otra red. Simplemente por eso vale más el conocimiento. La tierra no te convierte en rico. Rico es quien encuentra el método de producir algo rentable en ese lugar, algo que la gente necesite.
La tierra, la producción de soja, de maíz o de petróleo es limitada, es un recurso agotable. Las ideas y el conocimiento no. Para demostrarlo en valores de mercado, si hubiese invertido hace diez años US$10.000 divididos en Netflix, Facebook, Google, Nintendo y Amazon, hoy tendría cerca de unos US$600.000. Es más, si doce años atrás, cuando nacía bursátilmente Mercado Libre, invertía US$10.000 en sus acciones, hoy tendría US$150.000. Pero si ese día optaba por YPF (eso que todavía no tenía Vaca Muerta), hoy tendría US$5000.
Los futuros países ricos piensan en lo que no existe hoy y qué será necesario en 10 años. Los eternos países pobres pensamos que el resto del mundo conspira contra nosotros. Pero no quiero lamentarme por ello, sino analizar algunas alternativas de inversión pensando en el futuro.
Puede ser el momento, porque sabemos que, cuando sacuden el árbol, te dan la oportunidad de recolectar los frutos más fácilmente. Así se deberían pensar las inversiones. Como dice un amigo: "Comprar cuando esa inversión o trade duele". Son los momentos en los que se gana. Cuando las cosas ya son obvias y seguras, ya no tienen rentabilidad, precisamente porque tienen bajo riesgo.
Empecemos por lo que sabemos que no hay que hacer, dónde no invertir, siguiendo los consejos de mi bobe Ana.
1. Aprendimos que, de corto plazo, te pueden subsidiar la compra de autos, la energía, el transporte y la nafta. Es más, son medidas que incentivan la demanda, pero si no hay inversión a largo plazo para brindar ese servicio, para aumentar la oferta, ese subsidio se transforma en un sacrificio para los contribuyentes. Si necesita subsidio, no es negocio para nosotros, solo lo es para el que tiene un buen contacto con quien otorga ese subsidio. Ana, mi bobe, decía: "Ingale, antes de hacer un negocio, fíjese de no necesitar favores de un tercero para hacerlo, sino con el tiempo ese tercero es más relevante que usted". (Mi abuela me hablaba de usted e ingale representaba "querido" en idish).
2. Sabemos que no es negocio lo extremadamente regulado. También aprendimos que, de corto plazo, pueden poner precios máximos en el supermercado, a las tasas de interés o al valor del dólar, pero se elimina la competencia dejando solo en pie al que pueda soportarlo, al más fuerte. El supermercado se nutre de proveedores. El banco usa dinero de ahorristas. Por eso, al que están congelando es al productor o al proveedor o al ahorrista, por ende, lo están desalentando a producir o ahorrar más. Sin ahorristas no hay crédito; sin crédito solo crece el que ya tiene dinero, aumentando la desigualdad y, con ello, dejándonos sin movilidad social. Mi bobe decía: "Ingale, antes de hacer un negocio, fíjese que la mercadería que usted vende tiene que rotar más rápido que el plazo del crédito. Siempre el plazo de descuento de un cheque tiene que ser más largo que el plazo de cobranza de la venta, si no lo van a fundir los intereses".
3. Tampoco es negocio algo que se genera con demanda artificial. Una vez, para ejemplificarlo, me contaron un cuento: "La historia de un panel de vidrio roto en una panadería". Algunas personas opinan que romper la vidriera de una panadería es un beneficio social, porque la ventana rota proporcionará empleo para un vidriero. El vidriero, con lo que gana, lo gasta en el almacén, y el almacenero en el quiosco, el quiosquero en un jardinero y así se dinamiza la demanda.
Sin embargo, veamos ahora las cosas desde el punto de vista del panadero. Él tendrá que postergar consumo para reponer el vidrio roto. Tal vez él estaba planeando gastar en un traje nuevo. Por lo tanto, no tiene traje nuevo y solo tiene una ventana de reemplazo y el sastre se quedó sin trabajo y ya no contrata al jardinero. En ese acto de destrucción, la ganancia del negocio del vidriero es la pérdida del sastre: solo se produjo una transferencia de riqueza entre pobres. La dificultad es que el público verá la nueva ventana, pero nunca verá el nuevo traje, porque nunca se hará. Ana, mi bobe, decía: "Ingale, antes de emprender un negocio trate de no afectar a nadie, que su lucro no sea la ruina de otro. La vida es una calesita y usted nunca sabrá de qué lado va a estar".
Entonces, ¿qué rubro me queda, dónde invierto? Cierro la nota como la empecé, pensemos a diez años. Para mí, los ciudadanos del mundo pudiente van a gastar cada vez más dinero en educación (porque entienden que el conocimiento es la llave de la riqueza futura) y en entretenimiento (vale más una entrada a un recital o un gran show deportivo que un celular). Gastan más en encordados que en raquetas, en cartuchos que en impresoras, en nuevas apps que en aparatos; o sea, se gasta más en servicios que en productos. Me decían el otro día que el mayor competidor de Nike es Netflix o la PlayStation.
La tecnología ayuda a maximizar los tiempos, dejando más espacio para viajar, jugar y hacer deportes, actividades centrales para las nuevas generaciones. También se invierte más dinero en lucir más jóvenes y saludables, o sea, biotecnología. Ya sobre-comunicados, buscarán prolongar como puedan su estándar de bienestar. Las empresas que más se capitalizaron en el mundo los últimos años tienen que ver con el mundo vegano, redes de comunicación y redes de comercialización (Amazon, Mercado Libre). El mundo pasó de "mi hijo el doctor" a "mi hijo el programador o influencer". Aquí todavía creemos que la culpa de nuestro subdesarrollo es del que aporta capital, del que nos presta o del que arriesga su capital emprendiendo solo por buscar un mejor estándar de vida.
Copiado de Buenos y malos negocios para los próximos 10 años.
“Los gobiernos totalitarios de corte fascista o comunista se valen de teorias de conspiración. Estas consideran que todo lo que sucede en la sociedad como la pobreza, el desempleo, o la escasez es resultado intencionado directamente por individuos o grupos poderosos”
— Karl Popper
“La riqueza de los países no depende de la fertilidad de su suelo, sino de la libertad de sus habitantes”
— Alexis de Tocqueville
"La mejor manera de ayudar a los pobres es reducir los impuestos y permitir que el ahorro, la inversión y la creación de empleos continúen sin obstáculos"
— Murray Rothbard
La Argentina corporativa vive de la soja desde el gobierno de Duhalde. En realidad, más que ser una bendición, fue una desgracia. El aumento del precio de venta sólo quedó parcialmente en mano de los productores.La mayor parte pasó a manos del estado, esto es, de la casta política.
Ese aumento de ingresos abruptos para el estado permitió subir el costo estatal del 25% del PBI (valores reinantes durante los gobiernos de Menem, De la Rúa y Duhalde) a 44% a 46%.
Para poder extraer ese dinero de las arcas públicas los políticos aplicaron tres mecanismos: suministros públicos, obra pública y empleo público fraguado.
El problema se dio cuando el precio de la soja volvió a bajar. Porque quedó un “gasto público” acorde a una soja de U$S 400 la tonelada con un precio de mercado inferior.
Como los políticos se negaron a volver al nivel de gastos previo, entonces simplemente emitieron, aumentaron los impuestos y nos endeudaron.
Al punto actual en que Macri colapsó la economía con adelantos impositivos, cargas públicas (formularios) de AFIP y tasas de intereses que hacen que las grandes empresas se sienten sobre sus saldos bancarios, pedaleen a los proveedores (en su mayoría PyMes y profesionales autónomos) y, básicamente, hagan quebrar a decenas de miles de empresarios y cientos de miles de familias.
Copiado de Soja.
La Argentina necesita inversión. Lo escuchamos hasta el cansancio. Y existe una identidad entre inversión y ahorro. Para invertir, el dinero que no sale de ahorro interno viene de afuera: deuda. Y como el ahorro interno se cae una y otra vez, deuda.
Ese ahorro que no hacemos es, por ejemplo, ir armando "un canuto" para la jubilación. Cuando sobra un mango, ver en qué invertirlo y no salir a gastarlo porque mañana no vale nada. En una simplificación, ese ahorro que da algún interés en un banco, un título público, una acción, un fondo común, sirve para fondear alguna inversión. Del otro lado, es un préstamo para que algo funcione: una empresa que se crea o se amplia, un camino que se construye.
En los últimos años hubo, nuevamente, un intento por ampliar la educación financiera. Esta vez fue desde el Banco Central. En el sitio web del BCRA todavía están publicados los primeros documentos de esa iniciativa.
No es una idea nueva: en 1915, el entonces presidente Victorino de la Plaza promovió la Caja Nacional de Ahorro Postal. Fue un intento por educar a los chicos en el ahorro: juntaban estampillas que pegaban en una libreta y que sellaban por el valor equivalente como certificado de depósito, para retirarlo cuando fueran mayores. Devaluaciones mediante, a la mayoría no le quedó más que la libreta como un recuerdo.
Copiado de Adiós otra vez, educación financiera.
Me gusta mucho una reflexión del escritor Mario Vargas Llosa y creo que sirve para reflejar cómo puede estar el ánimo de un inversor en estos días: "La historia no es lo que pasó, sino lo que uno recuerda que pasó".
La expresión bien puede aplicarse al mundo de las finanzas. Para la mayoría de los argentinos, el período de 2001/ 2002 fue un drama, un tiempo en el que pasaban sus días golpeando la puerta de los bancos para reclamar que les devolvieran sus ahorros de toda la vida. Muchos también usaban parte de su tiempo para pedir que les pagaran los bonos en los que habían invertido dinero. Para algunos, sin embargo, esa crisis fue un momento de gloria, en el que les pesificaron sus deudas o les licuaron parte de sus pasivos; muchos otros, a su vez, compraron activos pagando valores increíblemente bajos, como metros cuadrados de propiedades o participaciones en empresas a valores de un alfajor. Es mentira que una crisis es una oportunidad. Una crisis es una crisis para la mayoría y una oportunidad para pocos.
Un inversor que compró un bono pagando el 100% de su valor se pone seguramente muy nervioso si le hablan de una quita. Sin embargo, si a quien adquirió el bono a solo el 40% de su valor le ofrecen una quita del 20% (o sea, le pagan el 80%), festeja y abraza al reestructurador.
Estos son tiempos de incertidumbre en nuestro país. Pero pase lo que pase en materia política, la mayoría de nosotros vamos a tener que buscar el camino, el negocio, la oportunidad que nos ponga competitivos para generar los recursos necesarios para mantenernos.
Intentaré, en esta nota, buscar la vuelta para analizar la gran incertidumbre y el miedo generados por lo que se vive en estos momentos.
Primer comentario: Zygmunt Bauman, en su libro Miedo líquido, expresaba que "nuestros miedos son cien veces mayores a los peligros que realmente corremos".
Los datos y los miedos
¿Cómo le explico, amable lector, que un país que tuvo doce meses consecutivos de superávit comercial sufre una corrida cambiaria? El motivo es simple: el miedo mata a la razón.
¿Cómo le explico, amable lector, que en un país que -como ninguno en el mundo- dispone de un 64% de los depósitos en moneda estadounidense garantizado con dólares cash (porque las reservas correspondientes a esos ahorros son de quienes los depositaron y no del Banco Central) y tiene el 36% restante prestado solamente a exportadores de primer nivel, tenga un nivel de retiro increíble de sus depósitos? Nuevamente, la razón es simple: el miedo mata a la razón.
Tampoco tiene otra explicación, amable lector, el hecho de que estemos hablando de "default" en un país que tiene una deuda de 310.000 millones de dólares, cuando la realidad indica que, según los acreedores, la composición de esos compromisos es la siguiente: un tercio está dentro del propio Estado (son activos financieros en poder de diferentes organismos que siempre renuevan sus tenencias), un 20% tiene como acreedor al Fondo Monetario Internacional (que siempre negocia sus vencimientos) y, finalmente, solo 150.000 millones de dólares corresponden a inversores privados (los bonistas). El valor de mercado de esa deuda es de 40% de su valor nominal; o sea que la deuda en manos de ahorristas particulares representa, por precio, menos de 60.000 millones de dólares. Sin embargo, en lugar de hablar de recomprarla, estamos hablando de "default". ¿Por qué? Simple: el miedo mata a la razón.
¿Cómo le explico, amable lector, que empresas como YPF, Telecom, Ternium, los principales bancos argentinos, Aluar, Molinos, en verdad casi todas las compañías que componen gran parte del producto bruto de la Argentina valen la mitad de lo que valían hace 20 años, estando 20 veces más capitalizadas y ganando dinero? Es como si castigáramos al inversor de largo plazo, que es el que proporciona estabilidad, y premiáramos al de corto plazo, que es el que provoca volatilidad.
Si vemos los comportamientos y lo que hoy está ocurriendo, parece que tenemos más exceso de pasado que visión de futuro. Tomamos las decisiones mirando para atrás y no para adelante. Volvemos a lo mismo. Y esto es, simplemente, porque el miedo mata a la razón.
Tim Hardford decía que si se quiere saber cómo está una ciudad, un barrio o un country en materia de seguridad, de higiene o de infraestructura, no hay que preguntarles a los vecinos, porque siempre van a exagerar en sus visiones. Para tener información, alcanza con preguntar los precios del metro cuadrado. Para saber cuál es la realidad de un club o de un barrio privado, vale preguntar cuánto vale una casa: eso dato va a permitir saber si hay más gente queriendo entrar o más gente queriendo salir. Y esas intenciones se dan por algún motivo. Los precios bajos hablan de nosotros y de nuestra confianza y reputación.
Si usted entiende, como entiendo yo, que los precios son un idioma, y si alguna vez navegó por el mundo financiero, sabrá muy bien lo que significa tener un alto riesgo país o un dólar que solo se controla con altas tasas o con control de cambios. Las tasas altas no son una política de Estado: es el costo que se tiene que pagar por la desconfianza que inspira una moneda o un emisor. El riesgo país y el valor de nuestra moneda hablan de nuestra reputación, no de si se gana o se pierde dinero.
No quiero detenerme en hacer una catarsis. Lo invito, en cambio, a que razonemos juntos. Si usted cree que las empresas no valen nada, entonces cualquier precio es una oportunidad de venta. Si usted cree, como creo yo, que no hay sociedad sin bancos, sin empresas que se dediquen a la construcción, sin firmas que sean proveedoras de esas constructoras, o sin vendedores de energía o vendedores de comida, entonces se abre un abanico de oportunidades a precios no muchas veces visto. Las empresas hoy pueden valer menos, pero si se mira la historia se verá que están más cerca de su piso que de su techo.
Si usted cree que la Argentina es inviable, no lo dude: no ahorre aquí. Si usted cree, como yo, que vale arriesgar una porción de su capital, a precios como los actuales, en un país sin altos riesgos climáticos, sin conflictos étnicos ni religiosos, sin Brexit, sin guerras con países vecinos, puede empezar a preparase para un vuelo turbulento pero quizás muy redituable.
Decisiones en cascada
Por último y para fundamentar mi posición, me permito referirme a un viejo cuento que demuestra que las decisiones se toman en cascada: si todos venden, te dan ganas de vender y si todos compran, te dan ganas de comprar. Va el cuento:
En una calle hay dos bares vacíos de similares características y llega un potencial cliente que se decide por uno de ellos sin ninguna razón especial, simplemente porque no puede entrar en los dos a la vez. Al llegar un segundo cliente, ve que en uno de los bares hay una persona y que el otro está vacío, por lo que entra en el que ya hay una persona pensando que habrá elegido ese bar por algo, incluso para no estar solo. El tercer cliente sigue el mismo razonamiento y piensa que los dos primeros habrán tomado su decisión por alguna razón sólida y se fía de su criterio. Al cabo de un rato, uno de los bares está lleno y el otro sigue vacío, ya que para los sucesivos clientes cada vez está más claro que no puede ser casualidad que todos los clientes estén en uno de los locales y que en el otro no haya nadie.
La elección del primer cliente, que fue totalmente al azar, determinó las posteriores decisiones de todos los demás, que no se pararon a comparar los precios, los servicios o los productos de cada uno de los bares, simplemente porque pensaron que otros ya lo habían hecho antes por ellos.
Este es un ejemplo de algo que, en la economía real, puede arruinar a unos y enriquecer a otros. En el mercado financiero hemos visto muchas veces este tipo de casos. Nunca hay que olvidar que los mercados no son justos: valúan con el estómago y no con la cabeza.
Para concluir: como suelo decir, el miedo mata al fundamento, mientras que el fundamento justifica la codicia y la codicia vence al miedo. Y así se genera el crónico ciclo de los mercados.
Que tenga una buena semana.
Copiado de El miedo mata a la razón y eso explica lo que pasa estos días.
No hay default sin deuda. No hay deuda sin déficit. No hay déficit sin exceso de gasto público. Y no hay exceso de gasto sin una población que en promedio adora al Estado y le pide que haga de todo.
¿Culpables? Mirarse al espejo.
— Iván Carrino
“Los pocos años en que se siguieron sus principios políticos, sociales y económicos, el país se transformó en una potencia relevante en el mundo. Pese a ello, son notorios los continuados esfuerzos, de todos los gobiernos y de todas las mayorías de los últimos 90 años, para borrar su impronta en el pensamiento nacional.
Alberdi suele ser considerado el padre intelectual de la patria. Sin embargo, la patria se parece deliberadamente cada vez menos a su sueño y su prédica. Y, tristemente, la sociedad se parece cada vez más a la que el prohombre quiso mejorar.”
Copiado de Alberdi, liberalote fundacional.
“¿Quién le hizo creer a los argentinos que el Estado somos todos y que el Mercado son 5 tipos de traje, y no al revés?“
— Pedro Luis Goldstein, @waldealgo
“El asistencialismo sin los medios que lo respalden, es el camino más corto a la pobreza estructural.”
— Omar López Mato.Más allá de una victoria electoral, más allá de los votos, de quien gane o sea derrotado en las urnas, hay algo que cada día me resulta más claro: estamos perdiendo la batalla en la contienda cultural.
Dependientes de la economía, corriendo tras los mangos, movilizado por lo urgente y no lo importante, se ha relegado la pelea de fondo, la madre de todas las batallas, la que da sentido a la vida de las naciones: la cultura.
Cultura no sólo son los libros, los cuadros, y las películas, sino la explicación de lo que significa ser argentino, lo que maman los chicos en el colegio, en la casa, en la construcción de una idiosincrasia. En lo que ven y escuchan.
La economía sin apoyo político y una concepción cultural que la respalde, estará siempre condenada al fracaso. Mientras la mayoría piense que abrir los mercados al mundo, mata a la industria nacional, que las inversiones extranjeras nos explotan, que somos títeres de nuestros acreedores, que el capitalismo es explotación y el liberalismo miseria, no saldremos de este ciclo. Mientras los jóvenes no entiendan cómo funciona el sistema financiero, y la necesidad del crédito sano y una moneda fuerte, serán las víctimas propiciatorias del populismo de izquierda.
SOBERBIOS
Hasta hace poco éramos conocidos en el mundo por nuestra soberbia. ƒramos los morochos que triunfamos en París, los que teníamos las mejores carnes, exquisitos futbolistas y las minas más lindas. Y de pronto, en pocos años, la sensibilidad de un Borges se convirtió en el grotesco maradoniano que de una u otra forma se agazapaba en nuestros genes: el astro arrasado por la vanidad que brota de la ignorancia. Como decía Benedetto Croce, la única palabra que se puede escribir con las mismas letras de argentino, es ignorante.
Como Argentina, el astro del fútbol mostró la imposibilidad de manejar sus riquezas sin caer en la ostentación ni en la vulgaridad, ni el derroche, la mejor metáfora de un país que sin guerras ni desastres naturales cayó en la mendicidad.
Como hijos pródigos culposos fuimos derrochando nuestra fortuna, pero en lugar de reconocer nuestros pecados proyectamos las culpas. Los responsables de nuestra decadencia siempre están afuera, son ajenos a nosotros. es el Fondo (que no aprende nunca y nos sigue prestando plata), o Estados Unidos, o los neoliberales, los capitalistas, o China, o Brasil o el Mercado Común Europeo.
Todos juntos o separados quieren someternos, aplastarnos, relegarnos. Cualquier cosa es buena para victimizarnos. ¿Nunca un mea culpa? Para muchos argentinos nunca hicimos nada malo. ¿Defaulteadores seriales? ¿Corrupción mayúscula? ¿Negocios turbios? No, nada, solo pecadillos.
LA CULPA AJENA
Lo peor del caso es que creemos tan firmemente en nuestra inocencia que le inculcaron a nuestros jóvenes el principio de la culpa ajena y los derechos propios, sin muchos deberes, ni preocuparse de dónde saldrán los fondos que banquen nuestros derechos.
La democracia, sin cultura, ni verdad, ni preparación, la democracia con odios, se convierte en la tiranía de las mayorías (o como decía Borges, "la dictadura de las estadísticas") tiene el peligro de caer en un populismo, donde todo se reduce a gratificar con instantaneidad el deseo de las mayorías (aunque dañe el futuro de las instituciones). La justificación para jerarquizar ese deseo necesita de una razón histórica y una guerra cultural o de clases, que instaura la dicotomía hegleliana de tesis y antítesis, aunque no sea necesaria una síntesis inmediata, porque en la discusión muchos dirigentes encuentran el camino para prolongar su poder.
El orden establecido es un mito burgués y el policía de la esquina es un represor. Los pilotos de Malvinas que asisten al Nacional Buenos Aires quieren adoctrinar, porque todo aquel que se aleje de su pensamiento hegemónico es un enemigo. Una entrevista se convierte en un interrogatorio. El periodista que no sea servil, es un gorila. Creen en la patria nac & pop, pero no tienen idea de cómo juntar un peso sino a través del método de Robín Hood. El exceso de democracia populista destruye la República.
Estos grupos progres proclaman la defensa de los derechos humanos, pero se olvidan el de la propiedad y la libertad, que también es un derecho inalienable, consagrado por nuestra Constitución y la República.
Creen en el asistencialismo y el distribucionismo, pero nadie les enseña a producir. Las vacas se crían solas y los yuyos crecen naturalmente, el acero y el cobre de sus computadoras brota como el agua de las canillas. Ahora prometen remedios gratis a los jubilados. ¿Cómo se pagarán? ¿De dónde saldrán la plata? ¡Ah! Los derechos son inalienables, responden impertérritos. El asistencialismo sin los medios que lo respalden, es el camino más corto a la pobreza estructural.El Che y Fidel son héroes sin importar a quién mataron. Contemplan el éxito de Cuba y Venezuela, pero no se ruborizan ante la represión y los muertos del régimen. ¿Hay quienes asesinan con dignidad?
Se pensó que arreglando la economía se resolvería la guerra cultural en Argentina, y se relegó la discusión histórica en la que, evidentemente, el Presidente se siente incómodo, y aunque tiene gente capacitada para dar lucha, prefirió no confrontar.Al derrumbarse la economía, la batalla cultural también se deterioró. La gente tiende a poner todo en una bolsa. Si les va mal con los números también aceptará con más facilidad el relato del opositor.
Es incómodo cuando se vive de mitos toparse con la verdad. Es necesario reconocer que 12 años de mentiras han sembrado cizaña en el campo de la cultura, donde las pulsiones brotan salvajes. Bien saben desde los tiempos de Lenin y Bakunin, que es más fácil diseminar el odio que la moderación, el extremismo falaz a la racionalidad. Y este estado de cosas condena al país, más allá de las elecciones de este año.
Copiado de La batalla cultural.
Miles de investigadores exigen a la UE que elimine los obstáculos a la edición genética para crear frutas y verduras más nutritivas y resistentes al cambio climático.
Las verduras del futuro crecen en un invernadero de Valencia. Hay tomates que no producen sustancias alérgicas y otros cuyos genes se han modificado para que el tomate vuelva a saber a tomate. En breve puede sumarse otra variedad capaz de aguantar olas de calor que en condiciones normales pueden arruinar cosechas enteras en el sur de España. El creador de este huerto experimental es el científico Antonio Granell. Como muchos otros investigadores europeos en su campo, este químico afronta con preocupación una realidad que no llega a digerir: es probable que ninguna de estas plantas se desarrollen en España, ni en cualquier otro país de Europa, pues la ley lo hace imposible en la práctica.
“No se puede impedir la llegada al mercado de estas nuevas variedades de plantas, como mucho lo que sucederá es que en Europa acabaremos importando estos productos desde fuera”, asegura Granell, que trabaja en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas. “En nuestros estudios con tomate hemos podido averiguar que el buen sabor depende de unos 100 genes y que sobre todo está relacionado con la producción de unos 20 compuestos volátiles. Cambiando la expresión de unos cinco genes podemos modular el tono del sabor del tomate y potenciarlo”, resalta.
Para lograrlo Granell utiliza la técnica de edición genética CRISPR, que desde su descubrimiento en 2012 ha cambiado para siempre la forma de hacer ciencia en la mayoría de laboratorios de biología de todo el mundo. La técnica permite editar el genoma de cualquier ser vivo con una precisión y facilidad sin precedentes. Gracias a ella se pueden identificar los genes responsables de producir los principales alérgenos que hacen que haya personas que no pueden probar el tomate, las fresas o los melocotones y eliminarlos. También es posible crear variedades de plantas que no dependen de las abejas y otros polinizadores para producir fruto, una ventaja debido al declive global de estos insectos. Estas técnicas también evitarían la pérdida de cosechas de trigo, maíz y otros cultivos en países en desarrollo ocasionadas por las sequías y las pestes gracias a cambios puntuales en su genoma realizados con CRISPR.
Hace unas semanas, científicos de 127 institutos de investigación de toda Europa que agrupan a unos 25.000 científicos exigieron a las autoridades de la UE un cambio urgente de la legislación sobre organismos modificados genéticamente (OMG), los transgénicos. En una carta abierta dirigida al Parlamento Europeo, la Comisión Europea y el Consejo, los científicos alertan de que la actual regulación deja a Europa fuera de juego ante la posibilidad de diseñar nuevas variedades vegetales usando CRISPR para crear “una agricultura sostenible” en el contexto del cambio climático con variedades resistentes a la sequía y que necesitan menos agua y pesticidas. “La capacidad de usar la edición genética es crucial para el bienestar y la seguridad alimentaria de los ciudadanos europeos”, clamaba el texto.
El año pasado, el Tribunal Europeo de Justicia equiparó las plantas modificadas con CRISPR con los transgénicos convencionales (OMG), una decisión no recurrible. Los transgénicos incluyen variedades vegetales desarrolladas hace más de dos décadas con técnicas más rudimentarias para incluir en su genoma ADN de otra especie. Por ejemplo, el maíz transgénico MON 810, el único autorizado para su cultivo en Europa, lleva un gen de la bacteria B. thuringiensis que le permite sintetizar una proteína tóxica para el taladro, una plaga. La sentencia del tribunal de la UE obliga a que las plantas modificadas con CRISPR, incluso las que no lleven ADN de otra especie, estén sometidas a las mismas reglas que los transgénicos. Esta normativa requiere un proceso de prueba que puede llevar hasta seis años y costar hasta 15 millones de euros, lo que en parte explica que en Europa solo se haya aprobado un cultivo de este tipo.
Los científicos denuncian que la sentencia del tribunal no se basa en argumentos científicos. La legislación de transgénicos, que data de 2001, “ya no refleja correctamente el estado actual del conocimiento científico”, alerta la carta enviada a la UE. Las plantas modificadas con CRISPR que no contienen genes de otras especies son igual o más seguras que las plantas obtenidas por las técnicas de mejora convencionales, argumentan. Una de estas técnicas consiste en aplicar productos químicos o radiación a las semillas para generar numerosas mutaciones en su ADN y quedarse con las que desarrollan mejor sabor, color u otra característica de interés. Estas plantas no son consideradas transgénicas, aunque potencialmente llevan muchas más mutaciones que las plantas modificadas con CRISPR, según reconoce un documento elaborado por el servicio de asesores científicos del Gobierno de la UE, que ha recomendado cambiar la ley del 2001.
“CRISPR es rápido [permite hacer en dos años lo que antes llevaba unos 12], barato y fácil de usar, por lo que puede democratizar la mejora de plantas. Si lo sometes a la misma legislación que los transgénicos, en la práctica vetas el acceso a esta tecnología, que solo será asequible para las grandes multinacionales”, resalta José Luis Riechmann, director del CRAG.
Esta situación está ocasionando absurdos como el que afronta Damiano Martignago. Este investigador participa en el proyecto Idrica, financiado con dos millones de euros por el Consejo Europeo de Investigación, la élite de la ciencia financiada con fondos públicos de la UE. Su objetivo es desarrollar sorgo resistente a la sequía. “Esta ley no nos permite experimentar con esta nueva variante en el campo, porque el coste de hacerlo se sale de nuestras posibilidades incluso contando con la financiación del ERC”, reconoce Martignago.
El sorgo se usa en muchos países como pienso animal y esto lleva a otro de los absurdos ocasionados por la reciente sentencia judicial. Muchos países producen cereales transgénicos que se venden como pienso animal en la UE, con lo que probablemente cualquier europeo que haya comido carne ya ha comido transgénicos. Esto no supone ningún riesgo, pues tras 30 años de uso no se ha detectado ni un solo problema de salud asociado a estos productos.
La propia UE ha reconocido que en la práctica será imposible cumplir la ley de transgénicos, que obliga a identificar como tal a estos productos, pues en la práctica es imposible diferenciar, por ejemplo, un tomate convencional de otro editado con CRISPR.
Mientras, EE UU, China, Brasil, Argentina, Australia y otros países han decidido no considerar las plantas modificadas con CRISPR como transgénicos, lo que les da una ventaja. “Está claro que esta situación va a suponer un retroceso científico y comercial para Europa”, explica Francisco Barro, investigador del Instituto de Agricultura Sostenible (CSIC). Barro ha usado CRISPR para crear un trigo sin gluten. “Por ahora hemos conseguido reducir la toxicidad para celiacos en un 85% y esperamos conseguir llegar al 100% en un año”, explica Barro, que asegura que ya hay varias empresas de EE UU interesadas en las patentes de este cultivo.
Los firmantes de la carta confían en que la situación se pueda revertir. Dirk Inze, director científico del Centro de Biología de Sistemas de la Universidad de Gante y principal promotor de la iniciativa, dice que ya recibieron señales positivas del anterior equipo de la Comisión Europea y espera que el entrante pueda elaborar pronto legislación para que se apruebe en el Parlamento. “Estamos muy frustrados de tener una herramienta tan potente y no poder usarla”, reconoce.
En un discurso poco antes del final de su mandato, Vytenis Andriukaitis, comisario europeo Salud y Seguridad Alimentaria y ex cirujano cardiaco, dijo el 21 de junio: “Si seguimos así [Europa] se convertirá en el museo de la agricultura primitiva”.
Aún no ha llegado ningún vegetal modificado con CRISPR al mercado, pero los primeros podrían llegar en solo unos años, explica Esteban Alcalde, jefe de asuntos regulatorios de Syngenta, una de las mayores empresas de la industria agrícola que recientemente adquirida por una compañía China. “Todo el trabajo de investigación en edición genética que hacemos ya se hace fuera de la UE, en China y en EE UU”, reconoce. Asaja, la mayor organización de agricultores de España, también está a favor de estas prácticas “siempre y cuando lleven el aval de la Agencia Europea de los Alimentos”, explica Pedro Gallardo, vicepresidente de la organización. La normativa está restando competitividad a los productores europeos frente a países como Brasil o China, que está haciendo una gran apuesta por esta tecnología. “Este año en España se ha perdido el 38% del cultivo de cereal por la sequía y este problema va a ir a más con el cambio climático, necesitamos cultivos adaptados”, resalta. La única oposición a estas variantes viene de organizaciones minoritarias, como la Confédération Paysanne de Francia, que originó el litigio que ocasionó la sentencia del TJUE, a la que apoyan organizaciones ecologistas como Amigos de la Tierra o Greenpeace.
Copiado de Los científicos se rebelan contra la ley europea de transgénicos.
El ex canciller de Brasil Rubens Ricupero, figura venerada en Itamaraty, en su libro A diplomacia na construção do Brasil. 1750-2016, explicó que la esclavitud fue abolida recién en 1888 (a las 13 del 13 de marzo) no por voluntad de la elite nacional sino por presión de Inglaterra, que en 1834 la había abolido en todas sus colonias y exigía lo mismo al imperio portugués, con el que ya había negociado territorio en India y China, porque para mediados del siglo XIX ya la Revolución Industrial había modificado la participación del trabajo en la producción. Además, la población negra en Brasil era mayoría a diferencia de los Estados Unidos, donde era minoría.
Quizá lo mismo termine pasando en este siglo XXI con las elites del Mercosur, incluyendo a Argentina ahora: que tengan que modernizarse no por voluntad sino por imposición desde el exterior, por acuerdos como el firmado con la Unión Europea. También al revés, lo mismo puede suceder en Europa con determinados sectores como el agrícola, e indirectamente de eso se trata la última novela –titulada Serotonina– del escritor francés contemporáneo más famoso, Michel Houellebecq –como Borges, frustrado candidato al Nobel–, a quien recientemente Macron otorgó la Legión de Honor.
“Usted es visceralmente antieuropeo, yo soy el más europeo de los presidentes franceses. Lo acusan de ser reaccionario, misógino, islamófobo, mientras que yo lucho por el progresismo, los derechos de las mujeres y el rechazo de las discriminaciones”, le dijo Macron durante la ceremonia. Y el libro Serotonina refleja el pesimismo existencial de Houellebecq: la trama está ambientada en una Francia del siglo XXI avanzado, destruida y decadente porque acuerdos como el del Mercosur con la Unión Europea hicieron quebrar a todos los agricultores franceses.
El personaje de la novela de Houellebeqc es un ingeniero agrónomo que decide renunciar a su trabajo de 15 años en el Ministerio de Agricultura de Francia, luego de intentar proponer medidas de protección a los productores de su país y aceptar un puesto de consejero agrónomo en la embajada argentina en París. “Las exportaciones agrícolas argentinas se multiplicaban literalmente desde hacía algunos años en todos los sectores –comenta el personaje para sus adentros–, y eso no era todo, los expertos estimaban que Argentina, con una población de cuarenta y cuatro millones de habitantes, podría eventualmente alimentar a seiscientos millones de personas, y el nuevo gobierno, con su política de devaluación del peso, lo había entendido muy bien, esos cabrones iban a inundar literalmente Europa con sus productos, además no tenían ninguna legislación restrictiva sobre los transgénicos”.
Una protesta armada de la Confederación Campesina y de la Coordinación Rural no logra detener la inundación de alimentos argentinos. Y socavado el futuro de la agronomía francesa, junto con otros problemas personales, el ingeniero agrónomo entra en una profunda depresión que trata con un antidepresivo de última generación que segrega serotonina sin tener los efectos secundarios de los actuales antidepresivos, pero le produce otros relacionados con la inhibición de la libido que no precisan ser spoileados para esta columna, cuyo fin es geopolítico.
Houellebecq, quien trabajó en el Ministerio de Agricultura en su juventud y esos conocimientos le sirvieron para imaginar las condiciones de posibilidad del mundo por venir de su novela, se hizo famoso también anticipando el futuro, primero con su libro Plataforma, sobre un megaatentado islamista, publicado un mes antes del 11 de septiembre de 2001, y años después con su libro Sumisión, en el que narra una Francia gobernada por un islamista, impreso pocos días antes del ataque terrorista contra el semanario satírico Charlie Hebdo en enero de 2015.
En este caso, los parecidos con la realidad son los huevazos que Macron recibió al concurrir a la mayor exposición rural de Francia por su política de reducir los subsidios agrícolas y lo anticipatorio, por el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, dado que Serotonina fue escrito el año pasado.
Otras paradojas del destino donde es difícil distinguir quién imita a quién entre la realidad y la ficción las produce el Brexit, porque a los habitantes de las islas Malvinas podría llegar a convenirles pedir la soberanía argentina ya que el 94% de sus exportaciones va a la Unión Europea y, en un cruce simultáneo de la fortuna, Inglaterra saldría de ella y Argentina ingresaría con un tratado.
En cualquier caso, resulta interesante reflexionar en un fin de semana electoral como el actual sobre geopolítica y cuánto del futuro de los países no es decidido por los políticos que se eligen para gobernarlos en cada momento de la historia.
Copiado de El libro que anticipa un futuro argentino.