sábado, enero 06, 2007

Nieve, de Orhan Pamuk

Aprovechando el descanso que nos dió la lluvia del caluroso verano de Tucumán, terminé de leer la novela NIEVE de Orhan Pamuk. Reconozco que empecé a leerla con prejuicios, a pesar y por los premios que ganó su autor. No me parecía atractivo leer sobre hechos situados en Turquía, en una sociedad con un fuerte componente musulmán y, además, en una ciudad convulsionada por la violencia política y los suicidios por motivos religiosos. A medida que avanzaba en la lectura, y que me despojaba de los prejuicios, llegue a pensar que me gustaría escribir así.

La historia fluye con una facilidad asombrosa para lo intrincado de lo planteado por Pamuk en NIEVE. La novela se desarrolla en Kars, una ciudad de la frontera de Turquía. Allí llega un poeta/periodista a cubrir las noticias de los suicidios de estudiantes musulmanas y de las próximas elecciones municipales. En las elecciones se prevee el triunfo del Partido de la Prosperidad, de orientación Islámica y contrario al Gobierno Nacional Laico. La acción transcurre durante tres días en los que casi siempre nieva. La nieve bloquea los accesos a la ciudad, situación que es aprovechada por algunos sectores militares y el Servicio Secreto (laicos ambos) para tomar el poder de la ciudad. La nevada recién se detiene en el último día permitiendo el ingreso de tropas leales al gobierno central las que reestablecen el orden.

Pero eso es sólo el contexto de otras muchas situaciones que Pamuk desenvuelve con maestría a lo largo de la novela.

El libro está narrado por dos voces: una es la del protagonista (Ka), la voz principal en la novela, que relata la mayor parte de los sucesos de los tres días que vive en la ciudad. Nos cuenta, además, la relación que tiene con las personas con las que interactúa durante su investigación periodística y hechos relacionadas a ella. La otra voz es la de un amigo de Ka que cuatro años más tarde trata de recuperar los poemas que Ka había escrito en su breve estancia en Kars.

Por un momento creí que el objetivo de Pamuk era transmitirle a los lectores, especialmente a los lectores occidentales, algunas cosas sobre la cultura turca, y la religión en particular. Para ello, pensé, Pamuk empieza simplificando el nombre del protagonista, Kerim Alakusoglu (la 's' con una colita, y la 'g' con un acento media luna hacia arriba) y nos dice que "testarudamente" firmaba con sus iniciales desde edad escolar y que se hacia llamar Ka. La forma abreviada Ka me sacó el contexto oriental que creo sentiría con mucha más fuerza si usara el nombre real. Luego decidí, después de todo esta es mi interpretación, que también lo hace para simplificar la escritura y la lectura ya que el nombre de Ka, Kerim Alakusoglu, se repite numerosas veces en el texto.

Otra de las "enseñanzas" que interpreto nos deja Pamuk a los lectores es la contradicción del Islam sobre el suicidio. La ola de suicidios de estudiantes musulmanas se debería a que en las escuelas laicas se quiere obligarlas a asistir con el pelo descubierto. Prescindir del velo es para muchas de ellas una ofensa a sus creencias. Pero el Islam explícitamente prohibe a las mujeres el suicidio, entonces el Estado empieza una campaña usando la frase "EL SER HUMANO ES LA OBRA MAESTRA DE DIOS Y EL SUICIDIO ES UNA BLASFEMIA".

Debido a su investigación periodística, Ka se mueve de sus contactos con extremistas islamistas a los laicos representantes del gobierno, ya sean funcionarios o miembros del servicio secreto. Esto lo lleva a representar un nexo, un puente entre las dos posturas, que podría interpretar como lazos entre dos polos opuestos como son, en otra escala, occidente y oriente. Esto se manifiesta en Nieve en las negociaciones de las que Ka forma parte para tratar de evitar males o al menos tratar de minimizarlos en algunas de las situaciones planteadas. Y parece que Pamuk es pesismista en conseguir algún acercamiento, ya que al final de la novela pone en boca de un personaje lo siguiente:
Si me pone en una novela que ocurra en Kars, me gustaría decirles a los lectores que no creyeran nada de lo que usted pueda decir sobre mí, sobre nosotros. Nadie nos puede entender de lejos.
Ka era un poeta con "mínima y misteriosa fama en Turquía y entre los turcos en Alemania", donde vivía exiliado desde hace doce años. Y no había escrito poesía por años. Sin embargo, durante su estancia en Kars escribe 19 poemas en tres días. Pamuk vincula la creación artística a esos tres días que vive Ka en Kars; a la presencia del amor, que crece y evoluciona durante la novela, de Ka hacia Ipek, una antigua compañera de la universidad, a la nostalgia y la perfección de la nieve. Es llamativo que no haya un sólo poema en el libro y que sean poemas perdidos que un amigo quiere recobrar cuatro años después. La felicidad del poeta ante la creación es constante:
¿Qué quiere decir todo esto?', pensó sorprendido por la belleza de lo que el mismo había escrito. Encontraba hermoso el poema porque podía leerlo como si lo hubiera escrito otro. Y como lo encontraba hermoso le parecía sorprendente su material, su propia vida.
También me gustó el relato dentro del relato y la relación que Pamuk usa entre el Teatro y la realidad. Incluso el uso de los medios de comunicación (las dos obras teatrales son transmitidas por TV abierta) y su poder sobre la audiencia. Y por supuesto la relación entre el poder y la prensa. Esto llega al colmo del delirio cuando un periodista le hace leer a Ka la edición del periódico del día siguiente. Allí estaba anunciado que Ka recitaría un poema llamado NIEVE, de su autoría. Cuando Ka le dice que el no había escrito ningún poema y que no pensaba recitar nada, el periodista le contesta
No esté tan seguro. Muchos que nos menosprecian por que escribimos las noticias antes de que ocurran los acontecimientos y que piensan que lo que hacemos no es periodismo sino profecías, luego son incapaces de ocultar su asombro cuando los hechos se desarrollan tal y como los habíamos escrito. Gran parte de los sucesos se convierten en realidad sólo porque nosotros hemos preparado la noticia de antemano. Eso es el periodismo moderno.
En el libro, el amigo, la segunda voz narrativa, resulta llamarse Orhan, como Pamuk. Finalmente Pamuk revela su identidad como narrador cuando hace un comentario sobre el edificio de una estación que él había descripto en EL LIBRO NEGRO, otra de sus novelas.

NIEVE es un libro excelente, narrado con maestría. Tal vez la traducción se podría mejorar en detalles: se usa confuso en vez de confundido; optimísticamente por con optimismo; aunque quizás sólo sean tonterías mías de corrector frustado o, peor aún, de escritor frustado ;-).

Orhan Pamuk ganó el Premio Nobel de Literatura en 2006.

Nieve,
Orhan Pamuk,
504 p. Editado por Alfaguara.
Primera Edición Argentina, Nov. de 2006.

1 comentario:

LuisC-H dijo...

¡Hola!
Me gustó tu reseña y la cito en la que he hecho yo:

http://luischerrera.blogspot.com/2008/08/kars.html

Eres de Tucumán verdad? vaya, imagino por algunas otras entradas de tu blog. Un saludo desde México y hasta pronto
Luis