domingo, agosto 06, 2017

Un nuevo ciclo 2

El programa del gobierno del presidente Macri atacó los principales problemas. Salimos del cepo cambiario y comenzamos a restablecer los precios relativos. Duplicamos las reservas en el Banco Central. Salimos del default, volvimos a los mercados de crédito y la tasa de interés que pagamos por nuestra deuda es la más baja en décadas. Esta confianza que nos ha vuelto a dar el mundo se basa en que además de restablecer nuestras estadísticas, lanzamos un programa gradual de baja del déficit fiscal. En 2016, a pesar de que la economía, como resultado de los desequilibrios existentes se contrajo 2.2%, el déficit primario de la Nación bajó a 4.3%. Este año, el déficit fiscal continuará bajando, y en 2019 será de 2.2%.
Siguiendo este camino, restableceremos el equilibrio fiscal y la solvencia del Estado. Además, gracias a una nueva Ley de Responsabilidad Fiscal que estamos negociando con las provincias, también se recuperará el equilibrio fiscal en pocos años. Gradual, pero decididamente, estamos eliminando el déficit fiscal. Y lo hacemos bajando, y no subiendo la carga tributaria. Para ello es fundamental ir reduciendo el peso del gasto público en relación al PBI: este año, dicho coeficiente bajará desde 43% a 41%. Esta baja en el peso del gasto en relación al PBI no se verificaba desde hacía 15 años. A su vez, la combinación de una economía creciendo con inflación en baja, con reducción en el déficit, sin aumento de impuestos y con baja en el gasto en relación al PBI -que es la que tenemos en 2017- no se observa desde el año 1915.
Sabemos que los resultados económicos del año pasado no fueron buenos. Pero también sabemos que el año 2015 marcó el fin del proceso de decadencia que vivió el país durante décadas. La aceleración de la inflación y la contracción de la economía que sufrimos durante el primer semestre de 2016 fueron la consecuencia del ciclo kirchnerista de deterioro y despilfarro. Pero en 2016 cambiamos: nos recuperamos rápido y sobre bases sólidas. De hecho, la recesión comenzó en el último trimestre de 2015, pero terminó en el segundo trimestre de 2016. Ya en el tercer trimestre de 2016, muy tenuemente, la actividad se expandió. Y en el cuarto trimestre la economía ya creció 0.7%, lo cual representa una tasa anualizada de 2.4%.

Comienza un nuevo ciclo en la Argentina, por Nicolás Dujovne.

Un nuevo ciclo 1

Durante un siglo la Argentina retrocedió. A comienzos del siglo XX, nuestro ingreso por habitante equivalía al 65% del ingreso per cápita de Estados Unidos. Ello se mantuvo hasta la crisis del 30, para luego iniciar un declive persistente hasta llegar en la actualidad a un nivel equivalente a menos del 40% del ingreso de los norteamericanos.

Durante las administraciones del matrimonio Kirchner nos consumimos la infraestructura y nuestros recursos energéticos acumulados en años anteriores. Y desde 2011, la economía, deteriorada por donde se la mire, estaba estancada y retrocedía no ya en términos relativos sino incluso en forma absoluta en términos per cápita.
No hubo aún una década ganada en Argentina. Estamos convencidos de que esa década es la que se inicia este año. Y esperamos que no sea una, sino al menos dos décadas ganadas, que nos permitan volver a formar parte del grupo de países desarrollados.
Durante este largo período no sólo perdimos el tren del crecimiento, sino también el del desarrollo. La pobreza aumentó sustancialmente. Cuando asumimos, el país tenía una tasa de pobreza de 30%, aunque el relato K nos decía que era más baja que en Alemania. Retrocedimos en materia distributiva y en calidad educativa. Recibimos un Banco Central sin reservas, el tesoro nacional con un déficit primario bien medido de 5.2% del PBI, una de las inflaciones más altas del mundo, cepo cambiario y todos los precios relativos fuertemente distorsionados.
No sólo el déficit fiscal era altísimo, sino que el nivel de gasto público en relación al producto bruto interno era insostenible a pesar de que la presión tributaria era récord. Cobrábamos los impuestos más distorsivos, que nos impedían crecer al afectar nuestras exportaciones, así también como el impuesto inflacionario, que sólo es pagado por los más pobres. Además, estábamos de nuevo en default y sin acceso a los mercados de crédito.

Comienza un nuevo ciclo en la Argentina, por Nicolás Dujovne.

martes, agosto 01, 2017

Los próceres y el dinero

“Hay próceres que apostaron al mercado inmobiliario. Otros a la bolsa de valores. Hay próceres que sufrieron la bancarrota. Y sobrevivieron a la hiperinflación. Algunos venían de familias de alta alcurnia y lo perdieron todo. Otros, venían de un origen humilde, y fueron los hombres más poderosos de la patria. Sus vidas, a los ojos de lo que sucede hoy en día, son el reflejo también de muchas decisiones que tomamos en la actualidad, a la luz de un mundo cada vez más incierto”, detalla el especialista en finanzas personales Mariano Otálora que acaba de publicar su nuevo libro ‘Los próceres y el dinero’.

Copiado de En qué invertían sus ahorros los próceres argentinos, y qué podemos aprender de ellos.

¿El peronismo qué cosa más es que una gran revaluación del peso?"

"Si miramos la historia de la democracia, los dos grandes éxitos políticos: el menemismo y kirchnerismo estuvieron ligados a un aumento significativo del consumo y al retraso cambiario. ¿El peronismo qué cosa más es que una gran revaluación del peso?"

Carlos Pagni en Odisea Argentina.

La grieta

40 países hasta ahora no reconocen elecciones en Venezuela

Visto en La lista de los 40 países democráticos que hasta el momento desconocieron la Asamblea Constituyente de Venezuela

Ni un banquito...

La semana próxima, a instancias de Schiaretti, se reunirán catorce gobernadores peronistas sin los dos K. Quieren discutir el reparto del presupuesto, que lleva años distorsionado. En esa discusión, de poder real, Cristina no tiene ni un banquito. Cada gobernador, a su vez, tiene para negociar varias Cristinas en el Senado.

Copiado de La verdadera discusión es el poder, y no el resultado electoral, de Lanata.

Rodilla caprichosa

A ojo de buen cubero (de cubero conservador, debo agregar), en los últimos 15 años he obligado a correr a mi rodilla derecha unos 27.000 kilómetros. A la izquierda también, pero ésta no se queja ni se lamenta. La derecha, en cambio, quedó sensible desde que a los 18 me rompí los ligamentos jugando al fútbol. Nunca volvió a ser la misma. Una caprichosa.

Sin embargo, una vez que me dediqué al running había dejado de ser la prima donna de mis achaques. Durante década y media acompañó entrenamientos y carreras con hidalguía. Silente. Honra y loor para ella.
Sin embargo, unos meses atrás, se empacó. De buenas a primeras dijo basta. El traumatólogo, un señor especialista en rodillas machucadas, tras algunos test y exámenes, dictaminó: “Rotura del cuerno derecho del menisco”. Y recetó: gimnasio y más gimnasio, a generar músculo para rodear la zona y hacerla trabajar menos. Aclaró: “No vamos a operar salvo que quieras sufrir artrosis en cinco años”.
Allí fui entonces. Al gimnasio. Cuádriceps, isquiotibiales, gemelos, aductores y hasta glúteos. Aburrimiento mortal. Pero ella seguía mal. No sólo ya no me dejaba correr, también me pinchaba de dolor los días de frío y humedad… Nuestra relación se volvió lejana. Harto, volví al traumatólogo. Sentenció: la solución es una inyección de ácido hialurónico. Algo asustado, quedé en volver. Justo ese día vi un aviso en el diario que vendía productos de belleza. Juraba que el ácido hialurónico hacía desaparecer toda clase de arrugas. Me asusté tanto que aún no volví al médico. Temo que, inyectada con tan maravilloso producto, mi rodilla rejuvenezca. Y me deje para siempre.

Text de Pablo Vaca, Caprichos de una rodilla en rebeldía.