domingo, febrero 07, 2016

El día en que empezó la decadencia

Peronissmo explícito. Gasparre habla de los aciertos del Peronissmo, pero también de los desastres que hizo el Peronissmo. El presente de nuestro País es el resultado de lo que se hizo bien o mal en el pasado.
"El ejército y el industrialismo incipiente amaban el modelo mussoliniano de industria, que imbricaba a las empresas con el estado y le garantizaba a unos protección,  créditos fáciles, permisos, divisas sustraídas al campo mediante el IAPI, y al estado un enorme poder y muchos futuros empleos, imprescindibles para las masas poblacionales crecientes.

Sobre ese modelo se construye la industria nacional. Perón acierta varias veces en explorar caminos de innovación, pero no en el formato empresario. Adopta el esquema de Sociedad Mixta, (vg: SOMISA) que combina lo peor del estado y lo peor de la ambición privada. La semilla de la corrupción estaba sembrada."

Lo que hay en las librerías de tu país

"Cuando en tu país hay en sus librerías los viejos (casi cien años) libros de socialistas, que son principalmente famosos por el hecho de guerras civiles, el genocidio cometido, o la construcción de un estado totalitario, entonces tu país será malo para vivir. Si entre estos libros socialistas hay diez libros sobre los nazis, y no sobre la filosofía y la sociología actuales, tu país será malo para vivir. Tu país será malo para vivir por dos razones. En primer lugar, los nazis y los comunistas eran enfermos mentales, puesto que cometieron un gran genocidio y la guerra más grande de la historia de la humanidad. Se centra en experiencia de los enfermos mentales esto no es una decisión buena para sociedad. En segundo lugar, a consecuencia de la época de los nazis, los comunistas y sus guerras mundiales, la filosofía mundial y las ciencias humanas debían atravesar por una serie de transformaciones globales."
(...)
Si en las librerías de tu país no hay filosofía moderna, economía o sociología contemporáneas, esto significa sólo una cosa: el paradigma cultural está enfocado en el pasado.
(...)
El Estado tiene el monopolio de la educación. Educa a los niños y jóvenes en las ideas retrasadas de colectivismo y con miedo a lo nuevo. Crea una sociedad cerrada y una cultura cerrada, bajo el falso pretexto de la “seguridad de la información de los ciudadanos”.
Esta cultura cerrada y el miedo a lo nuevo crean este estilo retrasado de desarrollo intelectual, lo que dificulta la ciencia y degrada la educación y los medios de comunicación, y finalmente conduce al país directamente al aislacionismo, el infierno, la pobreza y el militarismo barato, necesario principalmente para el uso interno, ya que no existirá ningún ataque exterior.

lunes, febrero 01, 2016

Armando Ribas sobre la Revolución gloriosa de 1688

Capitalismo en serio

Texto completo de un Editorial de La Nación:

Capitalismo en serio:
El populismo desplegó una extensa gama de alquimias para sustituir, mediante la acción del Estado, la falta de capitales provocada por sus propios desaguisados

La Argentina nunca logró desarrollar un capitalismo en serio, con moneda estable que constituya reserva de valor e instituciones adecuadas para que el ahorro nacional se transforme en inversiones dentro del país y no fuera de él.
Ni tampoco una clase empresaria que pudiera desarrollar proyectos por sus propios medios, sin recurrir al Estado para fondearlos con recursos públicos y hacerlos rentables con proteccionismo digitado.
Ni comprendió el rol del capital para lograr la prosperidad de las naciones. Mediante el lenguaje tácito de sus políticas, confirmó que a la "gran masa del pueblo" no le disgusta "combatir el capital".
Es notable que la incombustible marcha de 1948 haya ignorado la aguda observación de Marx y Engels un siglo antes: el capital es una "potencia social" que transformó la vida del hombre en la Tierra.
Dice el Manifiesto Comunista (1848): "En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas". Y se pregunta: "¿Quién en los pasados siglos pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?".
Marx y Engels erraron al creer que era posible atrapar ese genio en una botella para sufragar la sociedad sin clases. Que las energías liberadas por el capitalismo mantendrían su vigor en la utopía socialista. Después de crueles dictaduras y terrorismos sangrientos para lograr un hombre nuevo y un orden más justo, el genio se marchitó y murió de asfixia en la botella.
La Argentina nunca fue comunista y optó por el modelo populista, más afín a los fascismos del siglo XX y al llamado "ser nacional". Privilegió el corto plazo sobre el largo, el consumo sobre la inversión, los votos sobre la educación. Nunca hubo lugar para la formación de capital interno porque el populismo es incompatible con la seguridad jurídica, esa expresión que tanto repugna a Axel Kicillof.
Pero sin capital, el trabajo humano se malversa y la dignidad humana se degrada. En los países donde no hay inversiones, los trabajadores son explotados con salarios de subsistencia. A la inversa, cuando hay inversiones, la mano de obra se encarece y el trabajo se dignifica. Hay explotación cuando se combate el capital y no a la inversa.
En la Argentina nos hemos habituado a los desequilibrios fiscales, a la alta inflación, la discrecionalidad administrativa y la arbitrariedad judicial. Es decir, a vivir sin un marco adecuado para la inversión y sufriendo un constante drenaje del ahorro hacia el exterior. Y a justificar emergencias para imponer devaluaciones, corralitos, pesificaciones, canjes y ahorros forzosos, congelamientos, licuaciones, desagios y defaults. Hemos sido muy exitosos en la cruzada por combatir el capital, sin decirlo.
El capital buscó entonces refugio en el exterior, aposentando en cuentas cifradas inversiones inmobiliarias, fondos mutuos, sociedades offshore, fideicomisos exóticos, departamentos en Miami, casas en Uruguay, barcos en Panamá, aviones en Paraguay o impresionistas en el salón.
Desaparecieron así la libreta de ahorro, los seguros de vida, los depósitos en pesos, las compañías de capitalización, los fondos de pensiones, el crédito hipotecario, los departamentos en cuotas, las emisiones de títulos y la financiación de proyectos. En suma, desapareció el ahorro y el mercado de capitales.
Paradójicamente, hemos invitado a los extranjeros a invertir donde los propios residentes desconfían. Para, luego de las crisis, recomprar con moneda despreciada lo que aquellos pagaron con moneda dura.
El populismo desplegó una extensa gama de alquimias para sustituir, mediante la acción del Estado, la falta de capitales provocada por sus propios desaguisados.
Se crearon bancos de desarrollo que acumularon cifras siderales de préstamos impagos; se dieron avales del Tesoro que desfondaron las arcas públicas; se despilfarraron impuestos inflando el costo de obras y equipos; se inventaron redescuentos para negocios financieros, y se crearon rentabilidades inmorales a costa del bolsillo de la población.
Sin capital para sostener los derechos sociales, éstos son cartón pintado. Sin capital a riesgo tampoco sirven las promociones regionales, los parques industriales, ni los avances del Estado en ciencia y tecnología.
En el mundo actual, globalizado y volátil, la principal ventaja comparativa de un país son sus instituciones. Éstas reflejan, en definitiva, el grado de compromiso de un grupo humano con su futuro, con sus hijos, con los más débiles. Son fruto de su educación, de sus creencias colectivas, de sus valores compartidos.
Cuando existe una base democrática que sostiene una estructura de normas estables, justicia independiente y equilibrio fiscal, fluyen capital e inversiones. Cuando existe seguridad jurídica basada en sólidos consensos colectivos, habrá empleo y educación para la inclusión sustentable.
En la Argentina, luego de un larguísimo proceso de maduración política, ha comenzado un cambio expresado en las urnas. El país ha levantado la mirada más allá del balcón y la plaza optando por valores de largo plazo.
El consenso mayoritario alcanzado requiere demostrar su solidez. Deberá luego ser convalidado mediante la alternancia democrática, para que el cambio sea creíble y genere confianza. Que no termine en otro precipicio argentino.
Esto implicará un profundo cambio cultural, pues el Estado dejará de seleccionar amigos y clientes, lo que constituyó hasta ahora el llamado -desde estas columnas- "capitalismo de amigos". Las compañías y los emprendedores romperán su dependencia con la política, para focalizarse en la competitividad a nivel mundial. Quedarán atrás los Jorge Brito, José Luis Manzano, Lázaro Báez, Cristóbal López, Sebastián Eskenazi y tantos otros más.
Desaparecerá así la principal restricción para que las grandes empresas trasladen a la Argentina su capacidad tecnológica y de creación de empleos de calidad. Y para que emerja una clase empresaria nacional genuina y competitiva como lo hemos visto en la agroindustria, la biotecnología o en las llamadas .com.
En la Argentina existen talentos de primer orden para liderar esta transformación y colocar a nuestro país entre los exitosos a nivel mundial.
Nunca antes hemos vivido en contexto semejante, pues el modelo autárquico adoptado por los militares a partir de 1943 fue reciclado y continuado por todos los gobiernos posteriores. Ese retrato no fue bajado de la pared por el kirchnerismo, que adhirió a sus premisas con entusiasmo.
Sólo mediante un capitalismo serio, con el genio fuera de la botella, podrán cristalizarse los sueños colectivos que, durante tantos años, soñaron tantos argentinos en la plaza, frente al balcón.
Estamos transitando un cambio único en la historia nacional cuando toda la región atraviesa una profunda crisis y nuestro país puede convertir esa crisis en una oportunidad, liderando una transformación en América latina a partir de la fuerza creadora de sus instituciones.

Un poco más de gassss


"Este chiste, de un diario chileno, evoca el momento en el que Argentina decidió dejar de exportar gas a Chile en el gobierno del genial Nestor Kirchner y de su mayestático ministro de planificación Julio De Vido. Dos flores de hijos de un carguero lleno de contenedores de putas, como dirían en EOC.
Hoy el heredero de la década ganada anuncia que importaremos gas del país al que solíamos exportarle.
Década ganada."
Copiado de BlogBis.

Para ahorrar enegía eléctrica

Algunos trucos para ahorrar energía: lo que sigue lo copie de diferentes sitios de internet. Ahorren energía, que nos hará bien a todos.

A la heladera, el electrodoméstico que más consume (30,6%), es importante descongelarla en cuanto la capa de hielo supere los 5 milímetros, alejarla de cualquier fuente de calor, colocar los alimentos correctamente (los que necesiten más refrigeración abajo) y regular la temperatura de modo que se sitúe entre los 6°C y 8°C. También debemos asegurarnos de que la puerta cierre herméticamente y no deje escapar el frío, y evitar meter alimentos calientes, ya que todos éstos son hábitos que aumentan el consumo energético de este electrodoméstico. En relación a la lavadora, utilizar programas cortos, lavar en frío cuando sea posible, poner cargas completas y evitar el standby si lo tuviera.

Existen aparatos que se convierten en verdaderos ladrones de electricidad cuando se encuentran en modo standby. Evitar dejar estos aparatos en modo de espera, significa eliminar el "consumo fantasma" en el hogar, que representa un 5% del consumo promedio. 

Cambiar los focos incandescentes y halógenos por LED es una buena idea. Ahorrarás entre el 80 y el 90% del consumo eléctrico en iluminación. Además, la vida útil de los LED es muy superior (30 veces más que las primeras y 15 veces más que las segundas), el encendido es inmediato y suelen estar garantizados. Y si no llegas a los LED, usá focos de bajo consumo.

miércoles, enero 27, 2016

La década en que aprendimos casi todo

Un texto de Alejandro Borensztein: La década en que aprendimos casi todo

"La verdad es que estos doce años se me pasaron volando. Entre las amenazas telefónicas, las apretadas desde los más altos mandos y los agravios contra mí y toda mi familia perpetrados por la banda neofascista de propaganda facturada por Gvirtz, Spolzki y otros honorables, no tuve tiempo de aburrirme.
Es más, debo reconocer que así y todo, la pasé fenómeno.

Yo diría que la cosa se me puso un poquito más pesada sobre el final. Digamos, los últimos siete u ocho años.
En los primeros cuatro añitos de la era kirchnerista, nadie me molestó. Fueron cuatro años felices, en los que disfruté de ese simpático autoritarismo incipiente sin padecer ningún problema. Supongo que fue así porque durante esa etapa no se me dio por escribir boludeces.
Sin embargo, a la hora del balance no quisiera ser ingrato. Yo le debo muchísimo al kirchnerismo.
En principio, le debo el éxito de la página dominical y sus derivados. O sea, los honorarios que cobré por escribirla, y los dólares que pude ahorrar gracias a que este gobierno progresista me los vendió baratos, subsidiados por el Estado, los obreros y los jubilados.
También le debo la publicación de cinco libros (uno por salir). Si tuviera la suerte de que el kirchnerismo continuara haciendo de las suyas, en poco tiempo más habría publicado más libros de los que leí.
Le debo las felicitaciones domingueras de mi madre y de muchos de mis amigos, y el privilegio de saber que podré veranear en Córdoba sin peligro por el resto de mi vida. Por suerte, a El Calafate y al glaciar Perito Moreno ya fui, antes de que se deschavara que la familia Kirchner se dedicaba a la hotelería para la liberación.
Pero por sobre todas las cosas, le debo al kirchnerismo el afecto que recibo a cada paso en las calles de mi ciudad.
No se olvide amigo lector que yo vivo en la Capital Federal, donde el kirchnerismo duro, el del escrache, la resistencia, la falange de propaganda, los pibes de La Cámpora y los viejitos de Carta Abierta, no sacan más del 20% con mucha suerte y viento a favor. Por eso cuando voy a un cine o a un restaurante, siempre pienso que el 80% de los tipos que están sentados ahí, me adoran.
El kirchnerismo nos enseñó que hay una Iglesia mala y otra buena: la de Bergoglio y la de Francisco. También que para bajar la pobreza solo hay que echar a patadas al que la mide, y que progresismo es apoyar cualquier cosa que se le ocurra a una Presidenta.
Les debo el descubrimiento del Club de los Malos. Una organización perfecta que sincroniza con precisión suiza cada una de nuestras calamidades. Desde la llegada de Boudou al Gobierno hasta la elección del presidente de la AFA, pasando por las Cadenas Nacionales, la fatal decisión de llevar a Aníbal como candidato o las cajas no habilitadas en los supermercados.
Descubrimos que Strassera, Fernández Meijide, Magdalena, Morandini, Stolbizer y Lanata entre otros, son la derecha. Y que Alperovich, Jaime, De Vido, Shocklender y Barone, entre otros, son la izquierda.
Aprendimos que la guita no se cuenta sino que se pesa, y que para levantarla en pala y sin esfuerzo, sólo hay que armar un buen negocio con un alto funcionario y disfrazarlo de causa nacional y popular. Ya sea en el rubro subsidio con retorno, obra pública o pauta publicitaria oficial. La revolución se hace con guita. Si es de otro, mejor. Como dijo el Compañero Napoleón: “Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Hay guerras más baratas, pero se suelen perder”.
Por supuesto, aprendimos cómo se hace para lavarla. Es facilísimo: un gomía de confianza, un buen hotel, su ruta. Lo de “su ruta” es por el dicho o por la ruta del dinero o porque justamente la joda arranca con la obra de una ruta. Hay múltiples interpretaciones posibles.
Es verdad que estas cosas, en menor medida, pasaron siempre. Pero nunca tuvimos un gobierno tan didáctico.
Nos enseñaron que el mundo ha vivido equivocado, por eso en Berlín, Los Angeles, Londres o Montevideo se vive como el orto y en Bernal la pasan fenómeno.
Y si todavía no vivimos tan bien como nos merecemos es porque en Washington, desde que se despiertan hasta que se van a dormir, no hacen otra cosa más que ocuparse de jodernos, como nos enseñó el Negro Fontanarrosa. Por suerte nuestra Presidenta los deschavó desde el primer día. Desde la operación de la CIA con la valija que traía Antonini Wilson hasta cuando desenmascaró el montaje hollywoodense del ISIS.
Aprendimos Nisman. Todo Nisman.
Aprendimos que ningún argentino necesita más ir a Mar del Plata para jugar al casino. Viva donde viva, puede hacerlo en la esquina de su casa.
Aprendimos lo que es un impostor político: un tipo que se vanagloria de haber estatizado aquello que, cuando arrancó la democracia ya era del Estado, y que luego él mismo privatizó antes de volver a estatizarlo. Sin jamás pedir perdón.
Aprendimos una vez más en la Argentina, y por si quedaba alguna duda, que el fin justifica los medios y que el Estado es el gobierno.
Aprendimos que la entrega del poder se realiza de una u otra manera, dependiendo que de quien gane. No es lo mismo entregar el poder a un presidente que va a defender los intereses nacionales, que entregárselo a un presidente como Macri que viene para hacer negocios y firmar contratos secretos con Chevron.
Aprendimos que un presidente saliente puede ser capaz de decir que no entrega personalmente el poder a un presidente entrante porque tiene que llegar a tiempo a la fiesta de su cuñada. Posta. Crease o no.
Descubrimos que aquel Víctor Hugo que admiramos durante años terminó siendo este desmesurado delirante que el martes 8 de diciembre de 2015 a las 9.25 AM pasó a la inmortalidad con una frase inolvidable: “Ya está, ya ganaron, ya dieron el golpe blando con el argumento de la democracia”. ¿Qué tal? Ni Donald Trump se hubiera animado a tanto.
No hay mucho más para decir. Hace rato que Ella se fue. Pidió 100 hombres armados como custodia permanente. Parece mucho, no? O está preocupada por la sensación de inseguridad o tiene pensado invadir Polonia.
En fin, fueron años difíciles. Innecesariamente difíciles.
En muchas oportunidades recordé una historia de mi viejo, cuando a finales de los 70 trabajaba en el Maipo porque la tele era un territorio prohibido para él.
Estaba esperando detrás del telón para el saludo final y mientras retumbaban los aplausos, Juan Verdaguer se le acercó y le dijo: “Algún día recordaremos esta época como aquellos viejos tiempos”.
Así será."

jueves, noviembre 26, 2015

Inflación: la culpa es de la Presidente Fernández

http://www.tubechop.com/watch/7376000

Martin Lousteau en Animales Sueltos en algún día de Noviembre del 2015:
"La devaluación es culpa del que se va. La devaluación es culpa del que te deja sin reservas."