jueves, enero 04, 2018

Ginóbili: la vigencia de un grande

(...) Manu, usualmente, se levanta y come proteínas y consume grasas ¿Cómo que come grasas? En realidad las que consume son las buenas, las del huevo, las de la palta. Y también suma proteínas, por ejemplo, del jamón. De un buen jamón crudo, de bellota, no el de un animal alimentado a cereal. También come lomo, pero de animal alimentado con bellota. "Yo se lo acercaba desde Madrid, pero ahora consiguió quien se lo lleve en los Estados Unidos" -cuenta Maccari-; también consume dátiles, algunas nueces, algunas almendras, avellanas. Muchas frutas, muchas. Normalmente toma un café y después, el huevo revuelto, pero huevo de granja. Le compramos a una señora que tiene un puesto cerca de su casa. Endulza con miel, porque no toma azúcar. El azúcar es un veneno. Hay que tratar de no endulzar tanto. En la infusión nocturna no usa ni la miel. Después va a entrenarse y consume frutas, bebidas... Lo ideal sería que se entrenara en ayunas, pero no he logrado que eso suceda. Y lo entiendo, porque se entrena cerca de las 10 de la mañana y él se levanta a las 7 para llevar a los chicos a la escuela. Por eso lo dejo que desayune antes de entrenarse. Le sugiero que no coma en horarios cercanos a las prácticas". También el club aporta en la alimentación: "Hacen jugos, que cada uno elige. Por ejemplo, de frutas y jengibre. Cuando termina la práctica lo toma. Después, al mediodía, cocino yo -si estoy- o Marianela (su esposa). Por lo general comemos pescado y verduras. No comemos papas, porque tienen saponinas, que son antinutrientes y eso hace que se congestione el intestino".

La dieta es controlada por una nutricionista española, Yolanda Santiuste, una bióloga que vive en Madrid. Se ponen en contacto por mail y por lo general los intercambios de mensajes son con Many (la esposa de Manu). En una cena, por lo general, pueden comer, si almorzaron pescado, una lasaña de verduras, o zucchini rellenos. Siempre tratan de usar verduras en las comidas. Suelen prepararle también comidas sin gluten, algunos platos los elaboran con harina de almendras o coco. "El aceite de coco lo usamos mucho porque es antinflamatorio. Manu no usa antinflamatorios", detalla el kinesiólogo.

Para cada etapa hay diferentes estrategias. Si están en playoffs, van planificando comer más hidratos, pero no los de la pasta, sino de la verdura, de un pescado. No carne o una verdura cruda, que es más difícil de digerir. "Si sé que a las 17 o 19 tiene que poner en marcha el cuerpo, se preparan verduras cocidas, al vapor o a la plancha, para que pueda digerirlas más rápido. Las pastillas de Omega 3 las tiene en la mesa, como los viejos. Siempre toma el agua con sus pastillas -zinc, probióticos u Omega 3-, como una religión".

(...)

Los días en que Manu juega se quedan hasta pasada la medianoche estirando los músculos. Trabajan con tranquilidad, porque primero toma un té y después escucha programas que graba de la radio o podcasts.

"Tras los partidos no estiramos, sino que hacemos un trabajo de relajación, él sabe que no se tiene que colocar hielo, que no se tiene que poner a elongar ni antes ni después de un partido. Hacemos movimientos de las cadenas fisiológicas. Afloja todo. Como si se tratase de un animal que va a correr a una presa. Ellos estiran una pata, la otra, el cuerpo, es como que se desperezan. Después se sacuden todos, salen de caza y pegan el zarpazo. El animal no se pone a elongar. No fuerza sus músculos. Y tampoco después de una carrera se pone a estirar. Se queda tranquilo. Y cuando termina, cuando el cuerpo se enfría, lo único que hace es moverse con ese sacudirse tan particular. El estiramiento es un invento de no sé quién", relata Maccari.

Las muestras de por qué Manu Ginóbili compite a los 40 años y por qué los rivales y los compañeros lo consideran una fuente de inspiración, siempre estuvo en cómo se preparó para ser una estrella.

Copiado de Los cambios que aceptó Manu Ginóbili para ser el dueño de todos los flashes en San Antonio Spurs.

El éxito


martes, enero 02, 2018

Sólo en Argentina

El camino del Gobierno está lleno de trampas y minas explosivas

-A mí me hace acordar mucho a Alfonsín cuando los mismos sectores que se oponen -la izquierda desatada, el peronismo y había una especie de paroxismo incluso en el periodismo, lo digo con autocrítica- lo fueron acorralando y la respuesta de él fue fabricar billetes para tratar de no cortar cosas, y eso mismo se lo llevó puesto.
-Exactamente. Era una coyuntura muy complicada, incluso a nivel internacional. Estamos hablando de la década perdida, de una fuerte valorización financiera de los capitales, con un endeudamiento de países como la Argentina, con pocas posibilidades de obtener inversiones. La coyuntura actual es distinta, las cosas son bastante más simpáticas para la Argentina a nivel internacional que aquellas de los años 80. Lo que hay que evitar es que esta especie de tensión del proceso económico que se abre a partir de 2011 se corrija a través de un ajuste brutal como en 1989 o en 2001, porque eso supondría subir cinco o seis puntos los índices de pobreza estructural. Cada vez que salimos por esa vía terminamos mucho peor, más irreversiblemente pobres. Hay que ser muy cuidadosos, sobre todo en un país como este, con una cultura política no demasiado proclive a los pactos ni a la generosidad ni al patriotismo, tanto en términos políticos como en términos corporativos.

Jorge Ossana entrevistado por La Nación.

Un vuelto...

"Históricamente, Apple ha evitado repatriar efectivo a los Estados Unidos para no pagar altos impuestos", señalaron Suva y Merchant en el informe. Con el impuesto de repatriación del 10% dispuesto en la reforma fiscal, dispondrá de US$ 220.000 millones y la compra de Netflix "apenas" demandaría un tercio de ese monto (alrededor de US$ 73.000 millones).

Copiado de La Nación.

lunes, enero 01, 2018

El socialismo no es verde

Para empezar, todas las formas de producción resultan en algo de daño ambiental. La producción agrícola elimina bosques, desplaza la vida salvaje y destruye la biósfera. La producción industrial emite gases perjudiciales hacia la atmósfera y libera contaminantes en los ríos. Incluso el sector de servicios contamina, dada su dependencia en la electricidad y sus inherentes emisiones de CO2. Así que la verdadera pregunta no es cuál sistema económico es el perfecto guardián del medio ambiente, sino cuál sistema económico es un mejor guardián.

Al responder a esa pregunta, los siguientes conceptos deberían tenerse en cuenta: la eficiencia económica, la tragedia de los comunes y la curva ambiental de Kuznets.

Las economías socialistas fueron muy ineficientes (ese todavía es el caso en aquellas que sobreviven en Cuba, Venezuela y Corea del Norte). Para compensar por la ineficiencia de la planificación central, derivada de la ausencia de un mecanismo de precios de mercado, las economías socialistas generalmente ignoraron el daño ambiental y otras externalidades negativas. Para maximizar la producción (para poder seguir avanzando a la velocidad de las economías capitalistas), los países socialistas tenían estándares de emisiones laxos o inexistentes. Las regulaciones sanitarias y de seguridad eran ignoradas o inexistentes. Las economías socialistas también prohibieron los sindicatos independientes y, con frecuencia, recurrían al trabajo de esclavos.

El descuido de los socialistas del medio ambiente era exacerbado por su desprecio de los derechos de propiedad privada. En las economías capitalistas, las haciendas y fábricas son propiedad de personas individuales o corporaciones. Si causan daño al medio ambiente o a la fuerza laboral, pueden ser llamadas a rendir cuentas en una corte donde se aplica la ley. En las economías socialistas, la tierra y el aire (y, en los casos más extremos, la gente) eran propiedad del estado y sufrían de “la tragedia de los comunes”.

A una fábrica estatal encargada por los planificadores centrales de producir determinada cantidad de barras de hierro, por ejemplo, no solo se le permitía, sino que era activamente alentada a cumplir con su cuota de producción sin importar el daño que le cause al medio ambiente y a la población. En las economías capitalistas, al estado se le encarga hacer cumplir los estándares ambientales y la protección de los trabajadores. En las economías socialistas, el estado es tanto el que hace cumplir las cuotas de producción, como el supuesto protector del medio ambiente y de los trabajadores. Cuando tocaba elegir entre los dos objetivos, los socialistas casi siempre elegían lo primero: ahorraban en los segundos objetivos para compensar por la ineficiencia de la planificación central.

Ese problema es claramente ilustrado al comparar la cantidad de emisiones de CO2 por dólar de producción en los países socialistas y en los capitalistas. Nótese que, a través del tiempo, las emisiones cayeron en EE.UU. desde niveles que ya eran bajos. Una tendencia similar puede observarse en Rusia luego del colapso de la Unión Soviética en 1991 (desafortunadamente, no tengo datos para la Unión Soviética antes de 1991).

Tal vez el mejor ejemplo de la desconsideración del medio ambiente puede ser visto en los datos para China. Las emisiones durante el Gran Salto Hacia Adelante de Mao Zedong (1958-1962) fueron, comparadas a las de EE.UU., estratosféricas. Cayeron después de este periodo, pero permanecieron muy altas hasta fines de la década de 1970, cuando China abandonó el socialismo. Desde que China empezó a liberalizar su economía (introduciendo el mecanismo de precios y los derechos de propiedad privada), sus emisiones han caído de manera dramática.

Finalmente, aunque no menos importante, los países socialistas eran, en gran medida como resultado de la planificación central, mucho más pobres que sus contrapartes capitalistas. Esto es importante debido a un fenómeno conocido como la curva ambiental de Kuznets. Como regla general, mientras más rica es la gente, más probable es que paguen por “bienes de lujo”, como un aire y ríos limpios, así como también por estándares sanitarios y de seguridad en el lugar de trabajo. Podría sonar extraño para personas modernas, pero el ambiente limpio y una fuerza laboral feliz son, en un sentido muy real, “lujos” que no estuvieron disponibles para nuestros ancestros mucho más pobres.

Las personas realmente pobres, como aquellas en grandes regiones de África y Asia, están principalmente enfocados en sobrevivir. Todas las demás consideraciones son secundarias. ¿No me cree? Luego del colapso de la economía de Zimbabue, la gente empezó a matar a la vida salvaje que antes era protegida para poder alimentar a sus familias. Luego del colapso de la economía venezolana, los animales del zoológico en la capital de la nación se encontraron en el menú. Durante el Holodomor en Ucrania, las personas se comían entre ellas. No pretendo denigrar las preocupaciones ambientales, sino que quiero destacar los verdaderos costos de oportunidad a los que se enfrenta la gente a diario en economías socialistas disfuncionales.

El socialismo, entonces, no es la respuesta. Teniendo en cuenta la historia, el daño ambiental derivado de la producción socialista fue considerablemente mayor que el daño ambiental derivado de la producción capitalista. Todos —y repito, todos— los estudios académicos realizados luego del colapso del imperio de la Unión Soviética encontraron que la calidad del medio ambiente en los países anteriormente socialistas era inferior a aquella de los países capitalistas.

La mejor forma de proteger el medio ambiente es enriquecerse. De esta forma, hay suficiente dinero no solo para satisfacer as necesidades de la gente, sino también para pagar por plantas eléctricas más limpias y mejores plantas de tratamiento de agua. Dado que el capitalismo es la mejor forma de generar riqueza, la humanidad debería mantenerlo.

Copiado de El Cato: en El socialismo no es verde, Marian L. Tupy dice que el comunismo en la práctica resulta en un mayor perjuicio al medio ambiente que el capitalismo.

Progreso

Al revés de lo que parece, hay menos violencia, y los avances en la salud han sido muy notables. Hoy solo el 14% de la población adulta no sabe leer ni escribir, cuando en 1820 sólo el 12% sabía. Este progreso, además, al ser más acentuado en los países pobres, ha sido una de las razones por las cuales la desigualdad en el mundo es cada vez menor. La esperanza de vida también ha aumentado generalizadamente: “Incluso un país como Haití, que es uno de los muy pocos países que es hoy más pobre de lo que era en la década de 1950, ha reducido su tasa de mortalidad infantil en casi dos tercios. Tiene ahora una mortalidad infantil más baja que la que tenían los países más ricos del mundo en 1900”.

Si excluimos algunos tópicos antiespañoles y anticatólicos, que no lo afean más que a muchos otros volúmenes similares, ese libro es ejemplar en su incorrección política, y en su afán de probar con estadísticas que los clamores contra el hambre están totalmente infundados: nunca ha habido menos hambre en la tierra, porque, como dice Amartya Sen, el gran creador de hambre no es la falta de comida sino la falta de libertad: por eso la mayor parte de los muertos de hambre en el último siglo la padecieron bajo el comunismo.

Los liberales siempre subrayaron la posibilidad de mejora de la situación de los pobres en un marco de paz, justicia y libertad. Los socialistas, en cambio, negaron siempre esa posibilidad desde Marx, que aseguró que el capitalismo sólo enriquecería a los ricos, empobreciendo a los pobres. Gunnar Myrdal anunció en los años 1960 que los países del Este asiático no podrían dejar atrás la pobreza (y le dieron el Nobel junto a Hayek…). Como apunta Norberg, no es necesario ayudar a la gente, basta con no dañarla, o dañarla menos. Casi nueve de cada diez chinos vivían en la pobreza extrema en 1981. Solo uno de cada diez vive así hoy. Y, por primera vez en la historia, en 2012 el PIB de los países en desarrollo superó la mitad del PIB mundial. Se estaba produciendo la mayor reducción de la pobreza nunca vista, y “la desigualdad global ha caído por primera vez en la historia económica”.

En el artículo Norberg y el mundo mejor, Carlos Rodríguez Braun reseña el libro Progreso (Deusto e Instituto Juan de Mariana, 2017), que desarrolla razones para ser optimista acerca del futuro del mundo.

Thomas Sowell de nuevo

"Over the years, slowly but surely, we have painted ourselves into a corner on a whole range of issues, where we can no longer say or do what makes the most sense to us, but only what is considered to be politically correct."

"A lo largo de los años, de forma lenta pero segura, nos hemos arrinconado en una amplia gama de cuestiones, donde ya no podemos decir ni hacer lo que tiene más sentido para nosotros, sino solo lo que se considera políticamente correcto".

Thomas Sowell