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domingo, septiembre 07, 2014

El montonero que nos pidió perdón

Héctor Leis nos pidió perdón. Por haberse levantado en armas desde la organización Montoneros entre 1973 y 1976 durante un período constitucional. Por haber sido parte de la espiral de violencia política que condujo a los innumerables crímenes cometidos en la guerra sucia de la Argentina. Por haber sido parte de un conflicto que dura cuarenta años.
Su pedido de perdón vino a través de dos libros, una docena de columnas de opinión publicadas en LA NACION, entrevistas periodísticas y su participación en el documental El Diálogo, que lo reunió con Graciela Fernández Meijide en su casa en Florianopolis, Brasil, donde acaba de fallecer, víctima de esclerosis lateral amiotrófica.
Sin embargo, Leis hizo mucho más que pedirnos perdón. Se propuso escuchar y entender a sus antiguos enemigos y a sus antiguos compañeros de lucha. Como nos dijo en Brasil: se propuso "pensar todo de nuevo". Lo hizo como lo hacen los grandes intelectuales: en contra de las modas y de la corrección política, en contra del clima de la época y a favor de la verdad, de toda la verdad.
Leis quería un monumento único que recordara a todos nuestros muertos de los '70. A los civiles y a los militares. A los que estaban en un bando, en el otro o en ninguno de los dos. Quería que estuviéramos siempre alertas, que recordáramos que el demonio de la violencia política no había sido eliminado del presente y que aun hay vestigios, restos de aquel naufragio, que esperan por ser reconstruidos en nombre de cualquier causa que parezca redentora.
Durante las últimas semanas, mientras su salud se deterioraba de manera ya irreversible, Leis corrigió meticulosamente las transcripciones de sus más de veinticuatro horas de conversaciones con Fernández Meijide con la finalidad de publicarlas en un nuevo trabajo. "Estoy emocionado", me escribió. "Creo que estamos produciendo un libro especialmente valioso para los jóvenes".
Héctor Leis nos pidió perdón. Fue uno de los primeros en hacerlo. Aun falta mucho. Nos faltan perdones, arrepentimientos, verdades y justicia para todos. ¿Podremos llegar a perdonarnos, los argentinos, por el daño que nos hemos hecho unos a otros? Ojalá que podamos encontrar el modo de hacerlo. Los textos y la vida de Héctor Leis son un ejemplo de que es posible. Y necesario.
Héctor Leis, el hombre que nos pidió perdón, Artículo de Pablo Avelluto.

domingo, agosto 31, 2014

Cultura del trabajo

No hay una solución mágica: si mañana un nuevo gobierno lograra que lleguen inversiones gigantescas y gracias a Vaca Muerta nos convirtiéramos en una potencia petrolera, sin tener un mínimo respeto por el complejo proceso de generación de valor –que sólo la educación y el conocimiento pueden dar–, correríamos el riesgo de volver a empobrecernos. Ya mostramos que podemos “fumarnos” en una década lo cobrado por la privatización de nuestras principales empresas públicas, o en otra década el boom de la soja. Mañana podría ser el shale gas, o lo que fuera. El poder está en nuestras mentes, lo que simplificadamente se podría llamar: cultura del trabajo.
Copiado de Por qué volvemos a chocar en todas las décadas, Jorge Fontevecchia.

Una mirada progresista de la vida

La Presidenta sale por cadena nacional, como hace unos días atrás, arengando a la población al grito de “¡Gasten! ¡Consuman! ¡No compren dólares! ¡No guarden la plata en el colchón!!” ¿Y qué hacen los hijos de puta? Van y compran más dólares! “Che, hoy vale 13. Dame. Che hoy vale 13,50. Dame igual. Che hoy vale 14! Dameeee!!!!!” Acá vale una observación. En todos los cursos acelerados de progresismo lo primero que te enseñan es a cuestionar la sociedad de consumo. Una mirada progresista de la vida dice que, si a usted le sobra un sope a fin de mes, lo ideal es que lo ahorre en lugar de gastarlo en cambiar el celular o comprar una juguera. Lo importante es la capacidad de ahorro puesta en los bancos para que a su vez estos otorguen muchos créditos para que todo el mundo se haga su casita o agrande el boliche, etc, etc. Pero con el 35% de inflación, encima negada por el Gobierno, sólo cabe la juguera. En fin, si es verdad que a la izquierda de esto sólo hay una pared, entonces al arquitecto del kirchnerismo hay que sacarle la matrícula.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.

En guerra contra todo

¿Qué diferencia hay entre un buitre, un Noruego y un Majul? Ninguna. Para el gobierno son todos enemigos en potencia. La mejor prueba se esconde tras la frase que la Compañera Jefa dijo hace unos días: “a mi izquierda sólo está la pared” . Ahá.
(...) 
Siguiendo el razonamiento, como todo el mundo sabe, la mayoría de los males vienen desde la derecha (aunque a veces también desde la izquierda). Y como al pobre Gobierno le ha quedado todo a su derecha, se ve obligado a estar en guerra contra todo. Es por eso que se ha embarcado en cuanta batalla ande suelta por ahí. Desde el Campo hasta Moyano, desde Binner hasta TN, desde Lanata hasta el Poder Judicial, desde el PJ hasta Techint, desde el Cardenal Bergoglio hasta Uruguay, desde Darín hasta Campagnoli, desde Fibertel hasta las consultoras que miden la inflación, desde Scioli hasta el predio de La Rural… etc, etc. Lo curioso del asunto es que… las perdió todas! ¿Y qué pasa cuando las perdés todas? Bueno, preguntale a Bianchi.
Copiado de Ojo que se nos vienen los noruegos, de Alejandro Borensztein.

El mentiroso y el ladrón

Crecen las suspensiones, los despidos, el trabajo en negro, cae el salario real y el 54% del impuesto a las ganancias lo aporta la cuarta categoría. ¿Cómo pretenden que no haya paros? ¿Cómo quieren rotular eso de progresismo? Y Capitanich, convertido a esta altura en un espantapájaros, dice que los buitres financian a medios, opositores y gremialistas para desestabilizar a Cristina y fogonear el dólar cocaína. ¿El mentiroso y el ladrón creen que todos son de su condición?
Copiado de Lo que no puede CFK.

Amateurismo stalinista que combate todo lo que sea producción

Las inmobiliarias y la construcción se han quedado afónicos pidiendo auxilio. No quieren subsidios ni prebendas. Reclaman reglas del juego claras, racionalidad, sentido común. Ya han dicho que los Cedin no les despiertan confianza ni a los narcos. Hay una burocracia improductiva por su amateurismo stalinista que combate todo lo que sea producción. Aunque digan lo contrario.
Copiado de Lo que no puede CFK.

jueves, mayo 22, 2014

Diagnostico errado

“La gente de izquierda hace un diagnostico errado de los Kirchners. Dicen que los K hicieron una casita de rastis maravillosa y despues la destruyeron. Fernandez Diaz apoyo esa vision diciendo que los K tenian superavit gemelos, tenian las cuentas en orden, el pais crecia, sacaron a la corte, y trajeron los DDHH. Este es el cuento de los que quieren justificar su pasado. Los kirchners son responsabilidad de Duhalde en primer lugar, y en segundo de los que tienen las explicaciones tipo Fernandez Diaz. Los que dicen que maravilla que voltearon la corte y que se subieron en el verso del señor Verbitsky. El analisis de lo que hicieron con la corte es auto-justificatorio y es muy grave porque si no se asume que fue un error seguimos embarcados en la auto-justificacion. Decir que el kirchnerismo en algun momento represento una hermosa casita de rastis es una enorme mentira. El nazismo del kirchnerismo empezo cuando Fernandez Diaz estaba contento no ahora que ve las consecuencias. Digo Fernandez Diaz porque representa a un monton de gente que fue parte de la explicacion de este gobierno. Esta fiesta tenia este final ¿cuantos se lo dijimos? Y a los que se los dijimos nos siguen dicendo que somos unos obtusos anti-K que en realidad estamos llenos de odio. Esta gente es parte esencial del problema, los que actuan y explican las cosas asi.” 
José Benegas
Copiado de facebook. El texto fue tomado de este video, aunque no es textual. Si quieren precisión vean el video. 

lunes, marzo 31, 2014

Leer lejos de las comidas

Alguien tiene que cargar con la ingrata tarea de decir lo que la gente no quiere escuchar. Y, si se trata de una sociedad adolescente y malcriada a fuerza de gobiernos populistas que durante décadas le endulzaron el oído con falacias, tanto peor. Los políticos en la Argentina saben muy poco; de hecho vienen cada vez más iletrados pero aterrizan en la lucha por el poder con un experto en marketing político bajo el brazo que les susurra cómo ganar elecciones.

Eso lo copiaron del primer mundo. Como suele ocurrir, toman la receta incompleta. La preparación personal previa y los equipos de consulta que se necesitan para el después, quedan en el tintero. Así, como Dios los trajo al mundo en materia de proyecto, encaran gestiones para una sociedad que viene escuchando desde hace setenta años del peronismo y sucedáneos “Vos no tenés la culpa de nada. El país se hizo pelota solo. El responsable de la decadencia es otro”.

Contenta y satisfecha la ciudadanía, exultante cada domingo de votación creyendo que la magia de la urna resuelve por sí misma los problemas, se volvió experta en silbar cuando aquellos a los que elige resultan torpes, indecentes, ladrones, corruptos y/o incapaces. No conformes con su propia performance en materia electiva, cuando los mismos que fracasaron y/o los defraudaron cambian de partido, los siguen para volverlos a votar en la hipócrita creencia de que el envase modifica el contenido.

En este sentido, hay casos emblemáticos que ilustran la conducta esquizoide del votante medio. Allá por 2008, miles de personas marcharon indignadas por la avenida del Libertador de la capital para manifestar su rechazo a la famosa “Resolución 125”, entendida como un avance desmedido del estado sobre el sector agropecuario. En 2013, quien fuera el inspirador de aquella salvajada, el entonces ministro de Economía Martín Lousteau, fue masivamente votado por millones de porteños para representarlos en el Congreso Nacional.

No es el único caso. Para hacer honor a la verdad, los inventores del salto en garrocha en términos políticos fueron los peronistas. Allá por los ´90 hizo punta Patricia Bullrich. Si bien obtuvo una ininterrumpida beca dentro de la estructura del estado, su trascendencia política ha sido siempre escasa; por suerte. La catarata vino después. Pero el punto digno de reflexión no son los caraduras que buscan sobrevivir en el mar de chantas en que se ha transformado la política toda, sino la reacción del público.

Es asombroso constatar los halagos que arrancan una sarta de individuos que hemos visto recorrer el espinel del peronismo en todas sus variedades, con lo que eso implica: menemistas con Menem, duhaldistas con Duhalde, sciolistas con Scioli y kirchneristas con los Kirchner; son figuras que han desfilado por los permeables medios de comunicación locales explicando cómo se sale de las crisis que ellos mismos provocan.

La izquierda argentina, cuya representación crece por falta de opciones válidas más que por una legítima coincidencia ideológica del electorado, ha sido históricamente estatista y autoritaria y, por ende, simpatizante de las dictaduras de izquierda. No engañan a nadie hoy cuando se identifican con Maduro porque lo hicieron aún antes de las elecciones. Ni cabe tampoco indignarse con su apoyo a cualquier estatización. Son izquierdas con banderas de izquierda. No usan careta para promover políticas aberrantes y perimidas.

Para una mente razonablemente crítica, tampoco es opinable el papel demoledor que ha jugado el peronismo desde que alumbró en la escena nacional. Porque es una fuerza que sabe y mucho de persecución política y de arbitrariedad, de desprecio por la ley y de corrupción y ni siquiera se ha tomado la molestia de disimular. La ostentación del delito es un tic netamente peronista.

Entonces, aplaudir a quien critica a Aníbal Fernández es tan útil como vibrar de emoción con los juicios anti kirchneristas de Julio Bárbaro o de Jorge Yoma. O de Marcos Aguinis, que con una mano empuña la pluma con la que fustiga al sistema por inmoral y con la otra cobra una jubilación de privilegio, precisamente una de las baratijas más vergonzosas de ese sistema y reflejo de la connivencia transversal de la clase dirigente argentina.

Pero cuando Federico Pinedo dice que Guillermo Moreno “se hace el malo pero es un tipo simpático”, se abstiene de denunciar el empujón a la justicia que promovía el ministro Alak por ser “su amigo personal” o colabora con el oficialismo en el intento de destrozar el Código Penal vigente ¿en qué se diferencia de Luis D´Elía destilando veneno contra la “puta oligarquía”? ¿No espera el pueblo que esa oposición que se vende como distinta sea un dique de contención frente al “puto populismo”?

¿Sirve de algo que Sanz y Stolbizer compitan a ver quién dice más calificativos agraviantes contra los K en público y luego voten la “profundización del modelo” acompañando los adefesios kirchneristas en el Congreso? ¿Suma el civilista-penalista Ricardo Gil Lavedra hablando mal del gobierno frente a las cámaras y trenzando con sus esbirros en las comisiones demoledoras de nuestros códigos?

¿Vale un cospel que cualquiera de ellos acompañe a la ciudadanía en las marchas de protesta callejeras cuando son brazos incondicionales de esa corporación política que apila privilegios? En el fondo ¿no se siente uno un poco tonto defendiéndolos?

No me mate, amable lector. No mate al mensajero por el mensaje. Yo no los inventé. Ni siquiera colaboré en sentarlos en las bancas que ocupan. Como mucho puede acusarme de mal gusto por describirlos.

viernes, marzo 14, 2014

Lenguaje político

El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdades y el asesinato respetable.
George Orwell

domingo, marzo 09, 2014

Federalismo y Sumisión

Lo que sigue es la Editorial de hoy de La Nación. 
Federalismo y Sumisión

El actual modelo, basado en el unitarismo fiscal, exige a las provincias convertirse en súbditas del Poder Ejecutivo Nacional para recibir recursos.

    
El sistema federal adoptado por la Constitución Nacional se basa en el respeto de las preexistentes autonomías provinciales y en evitar la concentración de poder en un mismo centro geográfico, de manera que los gobernadores controlen la ciudad portuaria. Pero en la actualidad es al revés: se habla de federalismo para sostener el relato, aunque se ha impuesto un verdadero régimen unitario.
El esfuerzo de integración nacional a partir de 1862 impulsado por un presidente porteño y tres provincianos- no solamente consolidó un exitoso "modelo agroexportador" que levantó el nivel de vida de toda la población, sino que también fue un "modelo integrador" que creó capital social y físico en todo el territorio de la Nación. Un federalismo en serio.
Ello se realizó mediante el flujo inmigratorio, el formidable despliegue educativo, la homogeneización institucional con la sanción de códigos, la creación de la Corte Suprema de Justicia y la unificación monetaria. Se dejaron atrás las postas y carretas con el tendido de la red ferroviaria, los correos y telégrafos, los puertos y caminos, y los dragados, faros y balizas.
En época del Centenario, la Argentina se comparaba con Estados Unidos y se preveía un futuro aún más promisorio. Había incorporado 5,5 millones de inmigrantes y alfabetizado a gran parte de su población, al tiempo que registraba más de 30.000 industrias. Entre 1919 y 1929, creció a una tasa promedio del 3,6% anual, más que el resto de los países desarrollados. En ese modelo de integración nacional, mediante la educación pública y el desarrollo de infraestructura, estaban sentadas las bases para realizar el sueño federal, con un crecimiento armónico de las provincias a partir de sus fortalezas relativas. En retrospectiva, era el momento de decidir si deseábamos ser como Australia o Canadá, o como en definitiva somos.
Tras la crisis de 1929, se expandió el rol del gobierno central, afectando la actividad privada y desplazando potestades provinciales; aparecieron el impuesto a los réditos y la recaudación centralizada con coparticipación. Comenzó el uso populista de la economía y como el genio de la botella, nunca más se pudo volver a meter en el frasco.
El gobierno militar de 1943 convocó un Consejo Nacional de Posguerra, para planear el futuro de la Argentina después de terminada la Segunda Guerra Mundial. En una errónea predicción sobre la evolución del mundo a partir de la paz, el Consejo aconsejó un modelo nacionalista, autárquico y defensivo. Fue el plan de los coroneles en 1944, quienes nunca hubieran imaginado su capacidad de influir durante los 70 años posteriores.
El primer gobierno peronista aplicó el plan, en versión demagógica y totalitaria. Se expandió el gasto, se nacionalizaron los servicios públicos y se utilizó el Banco Central y su seudópodo, el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), para financiar la sustitución de importaciones con emisión monetaria y la renta del campo. Gracias a la acumulación de reservas y a los buenos precios agrícolas, se vivieron tres años de prosperidad hasta que el ciclo se revirtió en 1949. Fueron los "años de oro" del imaginario colectivo que sustentan en forma indestructible las ideas y creencias de los argentinos.
Se quitó competitividad a la producción de la pampa húmeda y también a las economías regionales con mano de obra intensiva. También se potenció la migración poblacional hacia la ciudad de Buenos Aires -que ya había comenzado en la década anterior-, pues los salarios privados y públicos, más la infraestructura de servicios, eran notablemente mejores que en el interior. Así, se fue desarrollando el conurbano bonaerense sobre bases artificiales, una patología que es la negación misma del federalismo.
El perfil industrial "mercadointernista", si bien permitió expandir el empleo urbano, tuvo baja productividad por tratarse de un modelo frágil y no sustentable en el tiempo. Las industrias sin escala para el comercio internacional no generan divisas para importar sus insumos, dependiendo de los precios agrícolas, de las sequías o de las lluvias. Son las llamadas crisis recurrentes de la balanza de pagos, como si se tratase de un fenómeno de la naturaleza o una maldición gitana y no el resultado del modelo de 1944. Los precios relativos en contra del interior quedaron definitivamente alterados en la Argentina a través de las "retenciones" a las exportaciones del campo, los elevados aranceles de importación y los tipos de cambio diferenciales.
Pero eso no fue todo. El uso del Banco Central para financiar los déficits del Tesoro nacional con emisión monetaria provocó un nuevo fenómeno que aún afecta a las provincias: la inflación y la muerte del ahorro. En ausencia de ahorro, no hubo crédito de largo plazo ni mercado de capitales. El Estado nacional pergeñó manipulaciones fiscales (como la promoción industrial o los avales oficiales) y organismos (como el Banco de Crédito Industrial o los créditos del Bicentenario) para reemplazar por vía de la acción pública lo que debería lograrse con emisiones de bonos y acciones. En síntesis, más discrecionalidad, más lobby en la Capital Federal, más corrupción, menos federalismo y menos crecimiento genuino.
Las provincias, pese a no haber desarrollado su potencial competitivo, sumaron a sus presupuestos cada vez más responsabilidades de gastos sin tener fondos para atenderlos. Esta carga se originó en la transferencia de escuelas y hospitales nacionales, aunque también en el aumento de personal, como sustituto de un seguro de desempleo a partir de la crisis de 2001. Se pusieron la soga al cuello y el control sobre la soga quedó en Balcarce 50.
Ocurre que los recursos del Estado nacional no dejan de aumentar, en detrimento de las provincias. Desde 1890, en cada crisis económica se han creado impuestos de emergencia, que no son coparticipables, ampliando el poder de quienes tienen la soga para elegir las provincias que recibirán aire y las que serán asfixiadas. La AFIP recauda casi el 80% de los ingresos totales y las provincias alrededor del 20%. Como ejecutan casi el 50% del gasto público consolidado, dependen de la coparticipación y de refuerzos discrecionales para sobrevivir.
Los distintos "enjuagues" políticos se enmiendan, de tanto en tanto, con otros "enjuagues" compensatorios, llamados de "reparación histórica" para Catamarca, La Rioja, San Juan y San Luis (1973) o para el conurbano bonaerense (1992) o los diversos Programas de Desendeudamiento. Más recientemente, el Fondo Solidario para coparticipar el 30% de las retenciones sobre las exportaciones de soja o el 15% del impuesto al cheque. ¿Cómo se hará ahora para coparticipar el impuesto inflacionario?
Es inexplicable que siendo el nuestro uno de los países más ricos de la Tierra, con los suelos más fértiles, los climas más benignos, los cursos de agua más abundantes, reservas minerales y de hidrocarburos, se requiera dedicar una parte sustancial del gasto público a planes sociales para paliar la pobreza y la desnutrición.
¿Por qué las provincias con mayor potencial no han impulsado una coalición modernizadora, archivando el plan aislacionista e impulsando su desarrollo en una economía abierta y competitiva? Tal vez porque no hay interés, a nivel político, por una transformación semejante. Los gobiernos provinciales sólo encararían una modificación tan profunda si tuvieran la necesidad de financiar sus presupuestos con fondos recaudados por sí mismos. Pero eso no ocurre.
Por el contrario, desde que el Estado nacional recauda para sí y también para las provincias, se ha desalineado la antigua y sabia regla que exige, a quien gasta, que le cueste lo que paga. A las provincias les ha resultado cómodo entrar en el juego perverso de asumir funciones que importan gastos, sin recuperar potestades fiscales, que retiene la Nación. Como adolescentes, prefieren portarse bien para recibir de sus papás la "mensualidad", en lugar de salir a trabajar.
En su conjunto, el 60% del gasto provincial está financiado con fondos transferidos por la Nación y más de dos tercios de las provincias necesitan un monto mayor. Para un gobernador es más redituable lograr más fondos de la Nación que cobrarles a sus propios conciudadanos. Si aplaudiendo los discursos presidenciales obtiene los fondos necesarios, ¿para qué asumir el costo de la recaudación sobre sus hombros?
Las potestades políticas de las provincias se malversan casi exclusivamente en conseguir recursos por parte del Poder Ejecutivo Nacional. Para tener éxito, el "modelo" les exige convertirse en sus súbditas, incluidos los votos del Senado. Se ha subvertido el sentido original del federalismo y esos gobernadores son comisionados del poder central en un régimen unitario.
Si el plan de los coroneles de 1944 no hubiese reemplazado el programa integrador de 1862, las provincias hubiesen prosperado en forma autónoma y solidaria. El puerto sería solamente una ciudad burocrática. Habría grandes ciudades en todo el país, enlazadas por autopistas y ferrocarriles, sustentadas en una economía abierta y una población educada y emprendedora. Con créditos y mercado de capitales para financiar sus proyectos. Sin politización partidista para hacer negocios, sin contactos para promociones, ni créditos del Bicentenario.
Copiado de Federalismo y Sumisión, Editorial de La Nación.

martes, febrero 18, 2014

Marmota

La Argentina atrasa...
En la conocida película de Harold Ramis Hechizo del tiempo , un meteorólogo de televisión llamado Phil Connors, interpretado por Bill Murray, es enviado a una pequeña ciudad de EE.UU. a filmar el comportamiento de una marmota que, según la tradición aún vigente, puede predecir el fin del invierno cada 2 de febrero. Obligado a permanecer en el pueblo por una tormenta, Phil advierte al despertar que vuelven a suceder todos los episodios ocurridos en la jornada anterior, el día de la marmota. Sorprendido primero, desesperado luego, Phil intenta cada día hacer cosas nuevas para tratar de salir de ese encierro en el tiempo, pero todo es inútil: cada mañana vuelve a despertarse en el mismo 2 de febrero y se reiteran los mismos sucesos.
(...)
Parecería que los argentinos, como el protagonista de esa película, tampoco podemos superar nuestro día de la marmota y volvemos a repetir situaciones críticas. Devaluación, estampida del dólar, caída de reservas, tasas de inflación fuera de control con el consiguiente desmadre de los precios, acusaciones gubernamentales de especulación, conspiración y antipatriotismo por parte de sectores económicos o políticos, son todos acontecimientos que hemos vivido varias veces en las últimas décadas, y con distintas conducciones políticas. Sabemos también que estos hechos van erosionando la legitimidad de los gobiernos de manera exponencial, hasta un momento en que no importa cuál medida se adopte ninguna es eficaz, porque quien la toma carece ya de toda credibilidad.
El día de la marmota a la argentina, de Ricardo Gil Lavedra.

Phil Connors, el meteorólogo de la película, recién pudo "salir" del día de la marmota cuando decidió hacer cambios sustanciales en su forma de ser.

lunes, diciembre 30, 2013

Pagni y Odisea Argentina



Carlos Pagni tiene un programa de TV, Odisea Argentina. Y yo recién me entero. ¡Ja! Va por Metro los Lunes a las 11. O iba. Supongo que estarán de vacaciones... El video que comparto es del Canal de Youtube que tiene Odisea Argentina. Este programa en particular, emitido el 9 del 12, tiene una interesante entrevista a Lopez Murphy (ver desde los 16:50).

viernes, diciembre 06, 2013

Moralmente simple

El cristinismo parece recuperarse cuando resuelve sus contradicciones por arriba. Pero se le dispara previsiblemente la catástrofe por abajo. Sobre todo cuando salen mediáticamente a la luz las escenas obscenas de la corrupción. La ecuación entonces es moralmente simple: si desde el poder se muestra la carga y descarga de valijas colmadas de dinero, ¿por qué el excluido no puede cargarse un plasma o una botella?

viernes, noviembre 29, 2013

Estado de Derecho


El Estado de Derecho es aquel en donde sus autoridades se rigen, permanecen y están sometidas a un derecho vigente en lo que se conoce como un estado de derecho formal. El oficialismo quiere romper eso, el mismo día que aprueba una ley donde reconoce la responsabilidad del Estado durante la Dictadura y dá pensiones graciables a los damnificados. Una absoluta incoherencia resaltada por Elisa Carrió en el Congreso. Carrió enuncia, además, otras objeciones al proyecto de reforma del código civil.

La opción de Fernández

La opción frente a Cristina es sencilla: puede terminar su gestión en medio de una batalla épica, luchando con valentía contra las huestes neoliberales como corresponde a la protagonista de un relato glorioso que tendrá un sitio en la historia universal, o puede batirse en retirada antes de que sea demasiado tarde, atribuyendo la maniobra a que las circunstancias se hayan modificado. Como Kiciloff podría recordarle, en una ocasión Lord Keynes demolió a un crítico que lo acusaba de incoherencia diciéndole: “Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor?”. Pues bien, parecería que a Cristina le gusta más la primera alternativa, la de huir hacia delante “profundizando el modelo” por suponer que una derrota honrosa que dejara arruinados a millones de personas sería mejor que un repliegue humillante. Asimismo, sabe que una buena crisis podría servir para que la gestión de su eventual sucesor sea un fracaso rotundo.
En La guerra de las imágenes, de James Nielson.

viernes, octubre 18, 2013

Mala estrategia para el País

Vamos a tener que tenerle aguante al próximo Gobierno. Mucho más que a este. ¿No?
Se trata de una estrategia muy propia del peronismo: gastar todo lo que se pueda mientras se es gobierno y, eventualmente, entregarle el Banco Central al futuro gobierno con la misma cantidad de dólares de reservas que recibió Néstor Kirchner en 2003 -alrededor de 12 mil millones-, con el argumento de que el excedente que tuvieron las reservas en esta década (llegaron a superar los 52 mil millones de dólares y hoy se sitúan en algo más de 34 mil millones) es del gobierno y no del país. La fiesta la pagará el que venga después.
Del artículo de Fernando Laborda, Jugando en el bosque cuando el Lobo no está.

viernes, septiembre 27, 2013

Ha llegado la hora

¿Ha llegado la hora? Espero que si...
Ha llegado el momento de que la gente razonable tome la iniciativa y proponga una alternativa política. Ya se ha cumplido una etapa: la reelección presidencial fue detenida y quienes hasta ayer rodeaban a la Presidenta hoy renuevan el packaging y preparan para 2015 una nueva versión, más prolija y cordial. Algunos pueden conformarse con eso. Pero 2015 ofrece también la posibilidad de salir de la huella en la que estamos desde hace más de dos décadas y ensayar otra cosa. Para eso se necesita que la gente razonable rompa con viejas formas de pensar la política, de unir y de dividir, y elabore una propuesta conjunta para reconstruir la república, el Estado y la sociedad, tan maltrechos hoy.
Del artículo La hora de la gente razonable, de Luis Alberto Romero.

domingo, septiembre 01, 2013

El otro desánimo: la realidad

“¡Qué flor de hijos de puta!”, fue la frase con que Amado Boudou se refirió a los ex secretarios de Energía en los días en los que gozaba de visibilidad política. Fue el 31 de mayo de 2011, a la salida de un programa televisivo de la rama de las Madres de Plaza de Mayo que encabeza Hebe de Bonafini. Se refería así a los diagnósticos acerca del estado crítico del sector energético hecho por esos ex funcionarios. Durante la así llamada “década ganada”, el kirchnerismo se empeñó en negar sistemáticamente la existencia del creciente déficit en la producción de energía que hoy impacta brutalmente en las cuentas fiscales. Para este año, la Argentina deberá gastar entre 12 mil a 15 mil millones de dólares para importar la energía que necesita y que no produce. “La crisis energética es seria”, reconoció esta semana el presidente de YPF, Miguel Galuccio. ¿Lo descalificará el vicepresidente con el mismo epíteto que les dedicó a los ex secretarios antes mencionados? “Si no tuviéramos que importar energía, las reservas estarían en los 52 mil millones de dólares”, dijo la Presidenta hace unos días. Tenía razón; lo que omitió decir es que los principales responsables de tamaño déficit fueron su gobierno y el de su difunto esposo.
Del artículo El otro desánimo, de Nelson Castro en Perfil.