El error de la Revolución Francesa fue intentar algo tanto imposible como inmoral: procurar hacer iguales a las personas mediante la ley.
La Revolución Estadounidense se limitó a consagrar la igualdad ante la ley.
— @GabrielGasave
El error de la Revolución Francesa fue intentar algo tanto imposible como inmoral: procurar hacer iguales a las personas mediante la ley.
La Revolución Estadounidense se limitó a consagrar la igualdad ante la ley.
— @GabrielGasave
Estados Unidos impuso ayer una multa a Facebook por un valor de 5.000 millones de dólares por su gestión de la privacidad de los usuarios.
La medida fue votada en la Comisión Federal del Comercio (FTC, por su sigla en inglés) por tres votos a favor -los representantes del Partido Republicano- y dos en contra -del Partido Demócrata-, informaron The Wall Street Journal y The Washington Post, citando fuentes anónimas.
La multa sería la mayor que la FTC ha impuesto a una empresa de tecnología. Pero no hará mucho daño a la empresa que dirige Mark Zuckerberg, que tuvo $ 56.000 millones en ingresos el año pasado.
De confirmarse oficialmente el monto de la sanción, correspondería con el cálculo que ya había hecho Facebook, que en abril pasado, al presentar sus resultados financieros, alertó de que estaba preparada para recibir una multa de “entre 3.000 y 5.000 millones” .
La sanción se da tras la investigación que se encaró luego de que en 2018 se supiera que la consultora británica Cambridge Analytica había usado una aplicación para recopilar datos de 87 millones de usuarios de la plataforma, sin su consentimiento, con fines políticos.
La consultora elaboró perfiles psicológicos de votantes, que supuestamente vendieron a la campaña del ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante las elecciones de 2016.
Copiado de Millonaria multa de EEUU a Facebook.
Vaca Muerta ya está en niveles de desarrollo similares a los de Estados Unidos, en donde las formaciones Permian y Eagle Ford cambiaron radicalmente la geopolítica mundial. El país del norte pasó de ser importador a exportador neto de crudo; en las próximas décadas, será difícil ver a Estados Unidos emprendiendo misiones por el mundo en busca de ese combustible vital.
Argentina se va acercando en cuanto a tecnología, productividad y costos. El ciclo total de un pozo puede llevar unos 7 meses. La baja de costos y tiempos es fundamental; terminar este ciclo 15 o 20 días antes es una ganancia de productividad, mientras que los costos ya son sensiblemente menores a los de 2017.
Mientras que en Permian el costo de desarrollo de un pozo es de unos u$s 7 por barril de petróleo equivalente (BOE), en Vaca Muerta todavía está en u$s 10, lo que deja espacio para una mejora. Trasladar una tonelada de arena cuesta cerca de u$s 210, cuando en Estados Unidos ronda los u$s 80.
"Al menos la mitad de los costos son logísticos", explica este experto. La infraestructura, una mayor competencia entre las empresas de servicios y el desarrollo de proveedores locales son las claves que señala para el futuro. Un nuevo salto espera.
Copiado de Argentina se acerca a los costos petroleros de Estados Unidos
¿Cuál sería su primera medida como presidente?
"Un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos", respondió Espert.
José Luis Espert, entrevistado por La Nación.
Los derechos humanos fueron redactados por primera vez durante la Revolución estadounidense, en la Declaración de Derechos de Virginia, luego proclamados por la Convención de Virginia y finalmente contemplados en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Estos textos influyeron en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa de 1789.
La versión norteamericana enumera como derechos humanos: a la vida, la libertad, la propiedad, la felicidad y la seguridad. Por su parte, la Francesa agrega a los anteriores la igualdad ante la ley y la resistencia a la opresión.
Copiado de Aranguren tiene razón.
Can we try capitalism? Real capitalism. Give it a chance.
Not the increasingly bastardized version we have been practicing the last two decades.
And then let’s just see whether a capitalist economic system is the most effective way to bring about broad-based prosperity and the flourishing of human dignity.
For eight years I watched the Obama administration disparage the efficacy and fairness of capitalism.
The influence of government increased in every aspect of our lives.
The cost of regulation doubled. Corporate America was attacked in the name of social equality.And our healthcare system, hard to believe, was made even more inefficient.
Now, I did not support Donald Trump. But, after he was elected, I was at least hopeful that it would represent an inflection point in the trend away from capitalism.
But . . . we missed the golden opportunity to offset some revenue loss and address generational equity when Congress passed tax reform.
Instead, government debt, which has doubled over the last decade, is set to increase to levels only reached during World War II over the next decade.
So we will have sacrificed our future during a relatively peaceful economic period . . . simply because politicians can’t say no.
Finally, let me address a distortion that is one of the greatest threats to a properly functioning capitalist system.
For years now a mix of financial repression and central bank intervention has made long-term interest rates largely determined by government fiat.
Bond-buying by central bankers, commonly referred to as Quantitative Easing (QE), has become so ingrained in current thinking that it is now in the Fed’s conventional toolkit– a tool once reserved for a depression or financial crisis is now to be used at the first inkling of the next recession.
For those of us old enough to have seen the dangers of price controls, they led to shortages, wasted resources, and disincentives to invest in what consumers want.
They inevitably led to an allocation of resources by political actors in another great afront to capitalism.
Copiado de Billionaire Druckenmiller: "Can We Try Capitalism? Real Capitalism. Give It A Chance"
Si por la Argentina fuera, la guerra de comercio debería abortarse ya. Se está a tiempo, antes que pase a mayores y abandone la escala piloto. Los perjuicios son muchos. Algunos visibles, como la caída vertical del precio de la soja, en los mínimos de nueve años, un rehén de Beijing en represalia por el aumento unilateral de aranceles que dispuso Washington (aunque detrás de la merma también operan factores de oferta). Otros, no menos dañinos, son invisibles. La inversión basada en las ventajas del comercio se retrae en todo el mundo, y juega en contra de los deseos, siquiera, de una garúa de capitales. Y la factura crece con la mera preservación de la incertidumbre.
Copiado de Las consecuencias para Argentina de la guerra comercial entre China y EE.UU.
Wall Street puede esperar; para la Argentina la demora es gravosa. Ya instaló el acuerdo con el FMI y una tregua en el mercado de cambios, y necesitaría cimentar la estabilización financiera con la rúbrica de una recuperación más firme de bonos y acciones que la aleje de lo que todavía es el borde de un abismo.
Nada más contraindicado para su suerte que la aversión al riesgo en los mercados internacionales. La silueta de la guerra del comercio le tapa el sol. Una indefinición que le quita recorrido pero no la libra de su otro karma. Con la inflación en ascenso en EE.UU., y la guerra en veremos, la Fed será tenaz en su empeño de volver a izar las tasas de interés.
Copiado de Las consecuencias para Argentina de la guerra comercial entre China y EE.UU.
¿Se llegará a un extremo? Se pensaba que no, pero Trump cumple su palabra. Entiéndase que cuando eleva aranceles se propina un tiro en los pies. El acero y el aluminio son insumos, y en EE.UU. hay más empleo en las industrias que los utilizan como tales que en las que los fabrican. ¿Tiene sentido aumentar los costos, perjudicar la competitividad, castigar a los consumidores? ¿Qué se gana? La acción de la emblemática US Steel vale hoy 20% menos que en marzo, en la antesala de las hostilidades. ¿Convendrá escalar la disputa? En rigor, ¿vamos a la guerra o a una mesa de negociación “a la Trump”? Steve Bannon, ex estratega presidencial, dice que dentro de cien años nadie recordará otra cosa que si se logró frenar el ascenso de China a la supremacía. Wall Street, que ya convivió pacíficamente con la saga de Corea del Norte, intenta imaginar cómo será el trato. Hay quien trae a colación la guerra de las galaxias que en los ochenta impulsó Ronald Reagan hasta hacer implosionar a la Unión Soviética (para,así, consagrar un mundo unipolar). A decir verdad, los lazos económicos entre China y EE.UU. son tan estrechos que una implosión sería una mutua calamidad. Al final del día, Trump busca lo de siempre: cerrar un buen negocio; no arruinar el comercio, pero sí llevarse una tajada mayor de la torta; y si es posible, una foto con epígrafe antes de votar en noviembre. Claro que juega con fuego, y con dudosa pericia. Y abre tantos frentes que, a ratos, Wall Street se asusta. Pasó en abril —cruzó el umbral de una corrección del 10% a la baja— y esta semana cuando Trump redobló la apuesta.
Copiado de Las consecuencias para Argentina de la guerra comercial entre China y EE.UU.
¿cómo insertarse en el mundo si el comercio se repliega o encierra en compartimentos estancos? En el corto plazo, sin acceso a los mercados de capitales, y con la urgencia por achicar el déficit de cuenta corriente, nada más inoportuno que una refriega que detenga la locomotora del comercio. Si estuviera en manos de la Argentina, evitarlo sería prioridad. No lo está, aunque presida el G20 y pueda ver la trifulca desde una muy buena ubicación. De la misma manera, pese a sus mejores esfuerzos, la Undécima Ministerial de la OMC pasó por Buenos Aires sin progreso, pena ni gloria.
Trump versus China La confrontación comercial es un hecho. En marzo, una investigación del representante comercial de los EE.UU., Robert Lighthizer, confirmó prácticas comerciales desleales en materia de transferencia de tecnología, propiedad intelectual e innovación (en violación de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974), y fijó un calendario para su remediación o la aplicación de sanciones. No hubo arreglo. Y el viernes 6, Trump avanzó sobre un paquete de 34.000 millones de dólares de importaciones provenientes de China a las que les adosó un derecho de 25%. Beijing replicó en acto espejo. Ojo por ojo. Fue el comienzo formal de la meneada guerra del comercio, todavía una escaramuza de acotado alcance económico pero alta intensidad mediática. Próximamente, otros 16.000 millones de dólares en mercaderías serán gravados de igual modo, y es de presumir la reciprocidad. Pero Trump no se detuvo. En un par de meses, 200.000 millones de dólares de importaciones adicionales serán alcanzados por un gravamen del 10%. Ahí China no podrá seguirle el tren. En 2017 mientras le vendió 505.000 millones de dólares a los Estados Unidos, sólo importó por 130.000 millones (o 170.000, según las estadísticas chinas). “Las guerras de comercio son buenas y se ganan rápido”, tuiteó Trump cuando fue por el acero y el aluminio. No tan rápido. El líder chino Xi Jinping avisó: “En Occidente existe la noción de recibir un golpe y poner la otra mejilla. Nosotros, en cambio, lo devolvemos”. Beijing acompañó el calor de la disputa con una paulatina depreciación del renminbi, que podría acentuarse y neutralizar el efecto de los aranceles en alza. Las compañías estadounidenses operan con subsidiarias en China cuyas ventas internas superan los 300.000 millones de dólares, y podrían servir de blanco. Y así un amplio espectro, desde trabas paraarancelarias hasta el botón nuclear de la liquidación de sus tenencias de bonos estadounidenses ( 1, 7 billones de dólares aproximadamente), cuya mera sugerencia podría provocar un temblor financiero (y forzar a la Fed, hoy embarcada en recortar su hoja de balance, a oficiar de comprador de última instancia). Entretanto, la OMC mira impotente.
Copiado de Las consecuencias para Argentina de la guerra comercial entre China y EE.UU.
Ryan Bourne explica porqué vale la pena divulgar que el progreso humano de los últimos 200 años fue gracias al Capitalismo, que permitió un nivel de prosperidad sin precedentes.
Algunas veces, no hay nada más controversial que una verdad auto-evidente, especialmente en Twitter.
¿Quiere provocar a una tropa de “Corbynistas” furiosos? Mencione cómo el capitalismo ha reducido de manera significativa la miseria material durante los últimos 200 años. “Si usted realmente cree eso, de hecho siento pena por usted”, dijo uno. Otros dijeron que el capitalismo era responsable de la esclavitud, de la guerra, de la pobreza, el hambre, y de la desigualdad. Todo lo cual sería una novedad para cualquiera que ha estudiado la historia anterior al siglo diecinueve.
Ya sea mediante la ignorancia o el pensamiento utópico, muchas personas se olvidan que vivimos una prosperidad sin precedente. La pobreza no es producto del capitalismo, pero ha acompañado a la humanidad desde siempre. Los hechos hablan por sí solos. Antes de la Revolución Industrial, muchas personas vivían con menos de 2,20 libras esterlinas al día, u 800 libras al año en dinero actual, según la historiadora económica Deirdre McCloskey. En 2015, las ganancias promedio para un empleado a tiempo completo en el Reino Unido fueron de 27.600 libras.
Pero no es solo el ingreso. El capitalismo nos ha librado del agotador trabajo agrícola y doméstico, reduciendo las horas promedio de trabajo de manera considerable. Los rendimientos de los cultivos han aumentado. La desnutrición ha colapsado. El acceso a la electricidad ha aumentado dramáticamente. La expectativa de vida promedio aumentó de 52,5 años en 1960 a 71,6 años en 2015.
Si hay costos implicados en el desarrollo, incluyendo aquellos para el medio ambiente (aunque estos días los países más ricos son mucho más amigables con el medio ambiente que los países pobres). Pero la idea de que el capitalismo en sí nos hace menos saludables, más explotados y más pobres es un sinsentido histórico. Los Corbynistas admiten de manera implícita esto cuando ellos cambian de argumento para indicar cuán ricos somos y lo utilizan como una justificación para disparar el gasto público.
Como el estadounidense conservador Jonah Goldberg explica en su nuevo libro, El suicidio de Occidente, los últimos más de 200 años han sido un “milagro” en el verdadero sentido de la palabra. El despegue del florecimiento humano es en gran medida inexplicable mediante la economía convencional, porque muchos de los componentes que aceptamos como explicaciones parciales —el comercio, los derechos de propiedad, y los avances tecnológicos— se encontraban en sociedades anteriores, sin que se hayan dado estos resultados dramáticos. Tanto Goldberg como McCloskey concluyen que una combinación de libertad e innovación fue un factor crítico que parió a la gallina de los huevos de oro.
El principal problema es que el capitalismo es anti-natural. La naturaleza humana es instintivamente tribal, incluso socialista. Nos hemos enriquecido no porque ahora somos libres de actuar siguiendo a nuestros instintos, sino porque hemos desarrollado un sistema que los controla. Pero nuestros deseos innatos, románticos y tribales sobreviven. En una era en que la sociedad civil está débil, demandamos más de la política para llenar el vacío que ha dejado, mientras que culpamos a las extrañas instituciones capitalistas de todos nuestros males. El resultado está dándose a lo largo de los países desarrollados. En la izquierda, mediante la política que cada vez se basa más en la identidad y el resurgimiento del socialismo; en la derecha, el surgimiento del sentimiento anti-inmigración y el nacionalismo; en ambos, un partidismo rabioso y la política como si fuese un “deporte de equipos”.
En el mejor de los casos los críticos del capitalismo están complacientes respecto de que el crecimiento y la prosperidad continuaran para siempre, sin importar cuánto las instituciones y las normas se corrompan. En el peor de los casos, no les importa. Pero cuando el vocero en materias económicas de la oposición, John McDonnell, expresa su deseo de “desterrar al capitalismo” o de sustancialmente erosionar los derechos de propiedad, o cuando Donald Trump critica a determinadas empresas u ordena a empresas comprar energía de proveedores que están sufriendo, deberíamos preocuparnos acerca de las consecuencias a largo plazo. Así de fácil como nos convencimos de las ideas que nos llevaron al milagro, la lógica sugiere que nos podríamos convencer de ideas contrarias hasta que lo abandonemos.
Eso no es para decir que toda la política pone en riesgo nuestro legado económico. Ha habido y siempre habrá un debate legítimo acerca de cómo ayudar a los pobres, desde el liberalismo clásico hasta una social democracia que redistribuye de manera agresiva. El primero eleva la libertad del control gubernamental como un fin, y el segundo las llamadas libertades “positivas” que provienen de la seguridad estatal. De manera importante, no obstante, ambos elevan como bandera el concepto de la libertad, solo que en distintas manifestaciones.
Ahora este arreglo y estas ideas están bajo ataque, y los conservadores no están logrando defender instituciones que de hecho merecen ser conservadas. En EE.UU., muchos antiguos conservadores practican la política de grupos de interés nacionalistas diciendo elevar al “pueblo” en contra de las élites. El otrora asesor de Donald Trump, Steve Bannon, incluso cree que hay una “fuerza política dominante que llegará a la política estadounidense” con “elementos de Bernie Sanders combinados con el movimiento de Trump”. Esto es lógico. La política tribal basada en “la nación” inevitablemente conducirá al socialismo, porque la única institución que puede decir actuar en nombre de toda la nación es el gobierno nacional.
Aquí, Priti Patel tenía la razón cuando dijo hace algunas semanas que el Partido Conservador es perezoso cuando se trata de dar la batalla de las ideas. Con la notable excepción de Liz Truss, pocos conservadores defienden las libertades económicas que forman la base de nuestra prosperidad. Incluso menos de ellos expresan un respaldo a las familias sólidas, a las instituciones de la sociedad civil y a las caridades. En cambio, enfrentados al socialismo renaciente, los Conservadores suenan a la defensiva cuando hablan de la economía de mercado y cada vez se deshacen de responsabilidades personales y apoyan que el gobierno cure “injusticias lacerantes”.
Abandonando el campo en estos debates es un juego peligroso. No señalar el milagro, por qué sucedió y por qué debe ser defendido le da a los críticos del capitalismo una jugada fácil. Podría ser que ahora, el gusto del público por altos estándares de vida, una memoria cada vez más borrosa del declive de los setenta, y una apreciación de los regímenes que están fracasando alrededor del mundo controla el auge del socialismo británico. Pero si la historia que nos contamos a nosotros mismos es que todo es desastroso, entonces el cambio de las instituciones existentes continuará.
El ex presidente estadounidense Ronald Reagan una vez dijo: “La libertad es una cosa frágil y nunca está más allá de una generación cerca de su extinción”. Puede que haya estado exagerando. Pero la historia sugiere que nuestra prosperidad depende de ciertas ideas. Y en estos momentos, una política que apela a nuestros instintos más bajos arriesga con permitir que las ideas malas lleguen a rendir frutos.
Copiado de Los críticos del capitalismo necesitan escuchar acerca de sus 200 años de éxito.

Why is the American health care system so dysfunctional and costly? How can it be fixed? Overcharged – Why Americans Pay Too Much for Health Care, a new Cato Institute book, drills into these issues with exceptional energy and power and is the culmination of years of research by authors Charles Silver and David Hyman. Overcharged lays bare the root causes of why health care is so expensive, out of control, and operates with no apparent accountability, and then shows how subjecting our health care system to the same competitive forces that apply to the rest of the economy will result in lower costs and improved access for all.
Overcharged – Why Americans Pay Too Much for Health Care
Copiado de Cato.
"Durante demasiado tiempo, el Consejo de Derechos Humanos ha sido un protector de los violadores de los derechos humanos y un agujero negro de prejuicios políticos ", dijo Haley.
La embajadora criticó duramente que dentro del Consejo haya países que "no respetan" los derechos humanos.
"Miren a los miembros del consejo y verán una terrible falta de respeto por los derechos más básicos", dijo Haley, que mencionó a Venezuela, China, Cuba y la República Democrática del Congo.
"La RDC es ampliamente conocida por tener uno de los peores registros de derechos humanos en el mundo. Incluso cuando fue elegida para ser miembro, se descubrieron fosas comunes", afirmó Haley.
"Ni siquiera celebró una reunión sobre las condiciones de Venezuela. ¿Por qué? Porque Venezuela es miembro del Consejo de Derechos Humanos, como lo es Cuba, como lo es China", agregó la embajadora.
"Tomamos esta decisión porque nuestro compromiso no nos permite ser parte de una organización hipócrita e interesada que se burla de los derechos humanos", aseveró.
"Los países se han coludido para socavar el método de seleccionar miembros", dijo por su parte Pompeo.
"Y el sesgo continuo y bien documentado del consejo contra Israel es desmesurado. Desde su creación, el consejo adoptó más resoluciones condenando a Israel que al resto del mundo en su conjunto", dijo Pompeo.
Por su parte, Haley recordó que el Consejo aprobó este año cinco resoluciones contra Israel, "más que el número aprobado contra Corea del Norte, Irán y Siria juntos".
"Este enfoque desproporcionado y la hostilidad sin fin hacia Israel es una prueba clara de que el Consejo está motivado por prejuicios políticos, no por los derechos humanos", afirmó.
La crítica estadounidense se debe al hecho de que Israel es el único país que tiene un tema específico en la agenda de las reuniones del consejo, defendido en particular por el bloque árabe de países.
El llamado "Ítem 7" implica que el tratamiento que Israel da a los palestinos es objeto de escrutinio en cada una de las tres sesiones anuales del Consejo.
Según dijo Haley, en el Consejo existen varios países que "están avergonzados por el maltrato obsesivo" hacia Israel, pese a que no lo declaran públicamente.
Reforma imposible
La embajadora había amenazado desde hace un año que Estados Unidos saldría del consejo a menos que se hicieran los cambios promovidos por los estadounidenses.
"Lamentablemente, ahora está claro que nuestra solicitud para una reforma no fue escuchada", aseveró Haley.
Haley, criticó a Rusia, China, Cuba y Egipto por frustrar los esfuerzos de su país para reformar el consejo. Además, cargó contra naciones que dijo que comparten valores con Estados Unidos pero siguen "sin voluntad de cambiar el status quo".
Aun así, dio indicios de que la decisión no tiene que ser permanente y agregó que si el consejo adopta las reformas, entonces "estaríamos encantados de reintegrarnos". Haley dijo que pese al retiro, Estados Unidos continuará defendiendo los derechos humanos en las Naciones Unidas.
Copiado de Los tres motivos por los que Estados Unidos decidió retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
El énfasis de la Ilustración en las instituciones parte de la idea de que, dejados a su naturaleza, los humanos acabarán haciéndolo mal, agrediéndose, luchando por el poder… Frente a esto, no procede intentar cambiar la naturaleza humana, como siempre han buscado los totalitarismos, sino utilizar la propia la naturaleza humana para frenarla. Como dijo James Madison [presidente de EE UU de 1809 a 1817], la ambición contrarresta la ambición. De ahí el sistema de contrapoderes. Por supuesto que los líderes pretenden maximizar su poder, pero si los tribunales y los legisladores, aunque no sean ángeles, se les enfrentan, se neutralizan y se previene la dictadura.
Copiado de Steven Pinker: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”.

Hace unos días leí en algunos diarios en Internet que Bill Gates gastó muchísimo dinero - u$s 72 millones, creo- en poner a disposición de todos los estudiantes norteamericanos un libro... gratis. Factfulness es el título del libro.
“Do you know why I’m obsessed with the numbers for the child mortality rate? It’s not only that I care about children. This measure takes the temperature of a whole society. Like a huge thermometer. Because children are very fragile. There are so many things that can kill them. When only 14 children die out of 1,000 in Malaysia, this means that the other 986 survive. Their parents and their society manage to protect them from all the dangers that could have killed them: germs, starvation, violence, and so on. So this number 14 tells us that most families in Malaysia have enough food, their sewage systems don’t leak into their drinking water, they have good access to primary health care, and mothers can read and write. It doesn’t just tell us about the health of children. It measures the quality of the whole society.
“It’s not the numbers that are interesting. It’s what they tell us about the lives behind the numbers,” I continued. “Look how different these numbers are: 14, 35, 55, and 171. Life in these countries must be extremely different.”
“I picked up the pen. “Tell me now how life was in Saudi Arabia 35 years ago? How many children died in 1960? Look in the second column.”
“TWO HUNDRED … and forty two.”
The volume dropped as my students articulated the big number: 242.
“Yes. That’s correct. Saudi Arabian society has made amazing progress, hasn’t it? Child deaths per thousand dropped from 242 to 35 in just 33 years. That’s way faster than Sweden. We took 77 years to achieve the same improvement.”
La idea del autor es brindarnos herramientas para pensar, analizar y entender mejor el mundo. Para ser objetivos, para que basemos nuestro conocimientos en datos y no chismes ni en engaños creados por la forma en que funciona nuestro cerebro.
Gates no se equivocó. Leanlo. Es muy recomendable...
Fragmento de Factfulness: Ten Reasons We're Wrong About the World – and Why Things Are Better Than You Think. El autor es Hans Rosling.